Título: Mirando hacia
atrás con ojos actuales: la cuestión ambiental en la Alemania socialdemócrata
1919-1933
Autor: Guillermo
Bengoa
Fecha: 2010
Una
primera versión de este artículo fue publicado en: I+A Nº 12, 2010, ISSN
1850-1117. La siguiente versión tiene algunas pequeñas correcciones con
respecto a aquella
Resumen:
El siguiente
artículo intenta explorar los componentes de una temprana “consideración
ambiental” en los proyectos, programas, experiencias y construcciones tanto a
nivel arquitectónico como urbanístico en la Alemania de la primera posguerra.
A sabiendas
de que no se puede valorar con parámetros actuales las experiencias pasadas, lo
que se intenta es rastrear qué aspectos de esa experiencia pasada pueden ser
considerados antecedentes de problemas y soluciones actuales relacionados con
el ambiente, las dificultades de la gestión local, la demanda energética y la
relación sociedad-naturaleza en todos sus aspectos.
Palabras claves:
Ambiente –
historia – socialdemocracia – gestión local
Introducción.
Siempre es
un recurso historiográfico cuestionable mirar con ojos actuales los hechos del
pasado. Sin embargo, explícita o tácitamente, es el único posible. Es más
cuestionable si lo que se utilizan son pautas valorativas –incluso, a veces,
hasta en términos morales- para juzgar las acciones efectuadas por las
sociedades humanas en un pasado distinto, incluso reciente.
No obstante,
es interesante intentar rastrear el origen de aspectos de nuestra vida
cotidiana actual, de nuestro marco ideológico o de nuestra visión del mundo, ya
que nos permite develar ciertas relaciones que a veces se ocultan, entender que
nuestros problemas no son tan originales o incluso ver como se resolvieron en
el pasado problemas similares a los que hoy nos aquejan.
En ese
marco, este artículo forma parte de un proyecto más amplio de revisión desde la
perspectiva ambiental de la historia de la arquitectura moderna, en realización
bajo la dirección de Roberto Fernández en la Facultad de Arquitectura
de Mar del Plata. El segmento que presentamos aquí se refiere al fértil período
de la socialdemocracia alemana de principios del siglo XX y las propuestas
arquitectónicas y urbanísticas que de alguna manera sembraron semillas que
irían madurando a distinto tiempo a todo lo largo del siglo.
Podemos simplificadamente decir que la
“perspectiva ambiental” a la que hacemos mención implica analizar la relación
sociedad-naturaleza como sistema, aplicando conceptos extraídos de diversas
ciencias y disciplinas. Como dice E. Leff “La
perspectiva ambiental abre opciones alternativas al proceso de desarrollo que
subvierten a las políticas económicas, tecnológicas
y educativas prevalecientes, fomentando así la implementación de procesos
productivos orientados hacia el aprovechamiento del potencial productivo
proveniente del manejo integrado de los recursos de cada región, fundado en la
articulación de sus niveles de productividad ecológica, tecnológica y cultural”[1]
Al revisar desde este ángulo ambiental
la experiencia de la socialdemocracia alemana nacida a partir de la derrota en la Guerra del 14/18 y la
inmediatamente posterior constitución de Weimar, aparecen varios puntos de interés.
El primero
de ellos está relacionado con la forma de intervención territorial, ya que se
consolida la escala municipal como un
elemento central de intervención. De a poco, surgen en distintas ciudades
nuevas experiencias de gestión dentro de las burocracias municipales: en Berlín
(Martin Wagner) en Celle (Otto Haessle); en Breslau (Max Berg) en Magdeburgo
(Bruno Taut) distintos arquitectos intentan soluciones novedosas de trabajo. La
cuestión de la escala de actuación –si global o local, para sintetizar en sus
extremos- es muy importante desde el punto de vista ambiental.
Por ejemplo,
la corriente llamada “economía budista”, basada principalmente en los escritos
de F. Schumaker[2]
de la década de 1970 hace hincapié en la necesidad de contar con un tamaño
adecuado de las unidades económicas, y por extensión de sus organizaciones
territoriales, entre ellas, las ciudades. La autonomía municipal es rescatada
como un valor en sí, y de hecho, las experiencias más conocidas de gestión
ambiental en el último tercio del siglo XX tienen como nombre las de un
municipio y no las de un país o una región: el manejo biocibernético de
Frankfurt; el enfoque ambiental de Curitiba,
los city confort de Seattle, el Plan Estratégico de Barcelona, etc.
La investigación desde el lado ambiental del
tamaño adecuado para resolver los problemas es una discusión que viene, en
realidad, desde la República
de Platón, pasando por la precisión cientificista del Falansterio de Fourier, y
que se relaciona sobre todo con la escala para la toma de decisiones
democráticas, idea que se ve enriquecida y discutida con el aporte ambiental
sobre los límites naturales de los problemas y la aparición de conceptos como
el de “cuenca”, o más recientemente, el de “huella ecológica”.
Este manejo
de la escala municipal para la resolución de los problemas que hacen al hábitat
tiene su antecedente directo en el caso de las ciudades alemanas de las décadas
del ´20 y ´30. Motivados por una realidad política (la asunción de autoridades
socialdemócratas en varias ciudades importantes de ese país) empiezan una serie
de experimentos centrados en el problema de la vivienda pero que atañen a la
resolución del problema vivienda-ciudad, y a la relación entre tamaños
administrativos y esquemas productivos, que intentaremos descubrir en los
siguientes párrafos.
La búsqueda
de la escala correcta de intervención para los problemas de la construcción de
viviendas comienza con la propia Constitución alemana de 1919, que atribuye al
Estado la misión de generalizar el “derecho a la casa”. En 1920 se empiezan a
tomar medidas de racionalización administrativa a escala regional, como el plan
para el distrito industrial del Ruhr[3]
y la unificación de municipios de la circunscripción de Berlín[4].
Tenemos entonces un primer paralelismo: el municipio como unidad de gestión
preferencial en Alemania de 1920, la gestión local como respuesta ambiental en
actualidad.
El segundo
de los puntos de contacto que detallaremos entre aquellas experiencias y las
preocupaciones ambientales actuales es la búsqueda de diseños de viviendas y de
agrupaciones de viviendas que propendan a una mejor solución bioclimática del
proyecto. En ese aspecto son conocidos, entre otros, los cálculos de Gropius
que relacionan la altura de los bloques de vivienda con la separación que deben
tener para asegurar la cantidad mínima
de horas de sol, etc. Esta vertiente se relaciona tanto con el afán de la Nueva Objetividad
de hacer evidente la tecnología, a veces de forma ingenua, como con las
experiencias sanitaristas del siglo XIX.
Es importante, para entender el
contexto en que encontramos a este tipo de iniciativas, recordar que la idea de
un “regreso a la naturaleza” posee una larga tradición en la historia de las
ideas germanas, que se vincula tanto con el ideario romántico de los escritores
y pintores desde el siglo XVII como con las prácticas de la juventud alemana de
principios del siglo XX, que incluso habían fundado una serie de asociaciones
juveniles, genéricamente denominados Wandervogel (literalmente “pájaro
errante”, llamados en las traducciones castellanas “excursionistas”), que, entre otras cosas, reivindicaban, contra la gran ciudad, la excursión a través
del país alemán (La Alemania
profunda) buscando la comunión con la naturaleza y el contacto del pueblo (Volk) alemán auténtico; contra la
religión revelada, intentan despertar una religiosidad germánica; contra el
tabaquismo, el alcoholismo y la degeneración física, exalta la fuerza física y
la belleza nórdica (pintada por el dibujante Fidus) practicando la gimnasia y
el nudismo. [5]
Tal vez no sea casual que la noción de
la naturaleza como un todo integrado viene de lejos en la tradición alemana: Goethe
se preciaba de sus dotes de naturalista, y la misma invención del término
"ecología" proviene de un alemán, E. Haekel, quien la utiliza por
primera vez en 1885.
Estos conceptos
se relacionan con el tercero de los puntos de contacto entre el diseño
ecológico actual y parte de los proyectos de la Alemania Weimariana:
existe cierta búsqueda de lo que hoy se llamaría "biónica", es decir
la observación de los métodos y técnicas de la naturaleza para resolver
problemas de la construcción. En general, en los años ´20 y ´30 esta
observación no pasaba de un impulso o el uso de analogías biologistas, con
respecto al edificio y sobre todo con respecto a la ciudad. (ver al respecto las
místicas alusiones de Bruno Taut)
Un cuarto punto de contacto entre las
formas de gestión ambientales actuales y la gestión de ciudades en el período
en estudio es la interdisciplina: entre los últimos emprendimientos como
arquitecto municipal de M. Wagner en Berlin se cuenta la Siedliung Weissstad,
que en 1920 desarrolló un equipo interdisciplinario en el cual se incluía
explícitamente el proyecto paisajístico, algo que según R. Fernández, hasta
entonces no se mencionaba en los proyectos.
El poder municipal.
En prácticamente todas las teorías
ambientalistas a partir de la década del ´60 se reivindica la escala municipal
como un elemento necesario aunque no suficiente para realizar un efectivo
trabajo dentro de los parámetros de sustentabilidad. Aunque originariamente
suscitado por otras razones, de carácter político, ésa es la vertiente tomada
por gran parte de la experiencia alemana del período considerado. Dice M. Tafuri:
Pero queda, dentro de la cultura
arquitectónica alemana, la demanda de una gestión directa de la ciudad: contra
la nebulosidad ideológica del Novembergruppe o de la primera Bauhaus,
arquitectos como O. Haessler en Celle, E. May en Francfurt, M. Berg en Breslau,
M. Wagner en Berlín y F. Schumaker en Hamburgo reconocen como campo específico
del nuevo técnico la gestión y la administración de la producción edificadora y
del suelo urbano [6]
Queda dicho que lo más importante de
esta experiencia es el componente político (la conjunción
sindicatos-municipalidades en los casos de Berlín y Frankfurt, las 11 filiales
de la cooperativa de producción, la
DEWOG, que se convierte en el núcleo de una economía
colectiva en la construcción, dentro de un sistema capitalista, etc.), sin
embargo esta serie de actividades generan consecuencias directas sobre el
ambiente de los suburbios, que pueden ser analizadas bajo nuestra óptica. "Este período de poder de los
arquitectos modernos dentro de los gobiernos municipales y estatales se prolongó sólo desde 1925
aproximadamente hasta uno o dos años después de la quiebra de Wall Street. Al
tomar el poder, los nazis suprimieron las atribuciones de las entidades
locales, mediante la centralización estricta de la maquinaria de la planificación urbanística y de su
aprobación. Para todos los efectos, la revolución de la vivienda en Alemania
fue un milagro de cinco años de duración"[7]
Al principio, algunas de estas
experiencias arrastran el espíritu anarco-libertario de parte del expresionismo
(como la Colonia
”Reform”, de B. Taut, Magdeburgo, 1922) Sin embargo, muy pronto todos los
arquitectos convocados a esta tarea de arquitectos municipales comienzan a
trabajar sobre los mismos principios: “barrios
racionalizados como bloques paralelos e independientes de la red viaria
principal, reducidos a puras expresiones de la búsqueda tipológica, basada en
la individuación de células mínimas perfectamente organizadas”. [8]
La búsqueda
de esta racionalidad constructiva se va dando al mismo tiempo que el debate
sobre el papel de la ciudad y sus suburbios, y sobre todo la relación
ciudad-campo. Distintas teorías compiten en ese aspecto, aunque los resultados
visibles sean similares. Entre 1919 y 1925, E. May realiza en Silesia, con M.
Wagner y L. Migge, una serie de comunas agrícolas; pero como dicen Tafuri y Dal
Co, “la superación de la ideología
antiurbana, viva en la teoría howardiana, es palmaria en el proyecto de plan
regulador presentado por él en 1921 para la ciudad de Breslau. En él, May prevé
la creación de núcleos residenciales satélites a 20/30 km del centro, en una organización
metropolitana diferenciada, pero cimentada en un intenso desarrollo de las
redes de tráfico y fundada en la descentralización de los núcleos productivos,
lo cual se recogerá en 1924, por el Landrat del distrito de Breslau y lo
perfeccionará en 1925, el propio May. Centro terciario y unidad urbana
semiautosuficiente se sueldan entre sí a escala territorial; todo el conjunto
de búsquedas sobre edificación popular iniciado desde el siglo XIX desemboca
así en un modelo teórico completo” [9]
En lo que
respecta a la gestión, es importante destacar el papel del Estado Municipal en
estos emprendimientos, así como la política de tierras, un modelo que iba ser
seguido e intentado imitar por cientos de administraciones socialdemócratas
municipales a lo largo y a lo ancho del mundo, en los siguientes 70 años, entre
ellas la de la ciudad de Mar del Plata en los años ´63-66. "La política de formación de un extenso dominio municipal
iniciada a fines del siglo XIX, pone en manos de la Municipalidad de Frankfurt el 43,2 % de la propiedad del
suelo, del cual el 22% es destinado a bosques público al sur del centro. Pero
se hace necesaria una intensa política de expropiaciones en zonas particularmente favorable, como la
del valle del río Nidda, en la cual E. May realiza las colonias modelo de
Praunhein y Römerstadt. (…) La Hauszinsstener, nuevo impuesto del 15 % sobre
rentas inmobiliarias relativas a las viviendas construidas antes, estaba
destinada en un 25 % a la edificación pública." [10]
Bioclimatismo y construcción.
Existen dos
formas posibles de analizar desde el punto de vista ambiental las edificaciones
y proyectos del período considerado.
Una de ellas es estudiar el verdadero
efecto que tuvieron sobre el ambiente, aplicando pautas actuales de análisis.
Esto implica tomar, por ejemplo, las modernas estrategias de proyecto ecológico
y ver las efectivas prestaciones que esos emprendimientos cumplieron. En extremo, podría realizarse una “Evaluación
de Impacto Ambiental expost”, con las salvedades evidentes, a cualquiera de las
obras realizadas.
La otra de forma de análisis es
estudiar los manifiestos y declaraciones de los proyectistas, para ver si
tuvieron en cuenta, aún con otro nombre, el tipo de problemas que hoy
llamaríamos "ambientales".
Se
analizarán a continuación ambas vertientes.
Proyectos y obras.
Para el
primer tipo de análisis y siguiendo a K. Yeang,[11]
podemos dividir en tres las estrategias para un proyecto ecológico:
1.
elecciones de los materiales de construcción y los sistemas constructivos.
2. elección
del sistema de servicios.
3.
planificación espacial de la forma edificada.
Veamos a
través de ejemplos el grado de existencia de cada una de estas tres
estrategias.
1. elecciones de los materiales de
construcción y los sistemas constructivos.
El complejo
Weisenhof Siedlung (Stutgart, 1927) es un muestrario de las ideas de los
arquitectos de la vanguardia europea con respecto a la vivienda. Aunque lo más
detallado en la mayoría de los escritos es el aspecto estético, intentaremos
observar lo referente a factores bioclimáticos y de construcción. La vivienda
presentada por O. Rading, por ejemplo, "tenía
un esqueleto de acero recubierto de Thermosplatten y placas de yeso en el
interior. Su construcción resultaba costosa y era cara en términos de mantenimiento térmico."
La mayoría
de las innovaciones técnicas dentro de las experiencias municipales
weimarianas, en lo que hace a los
sistemas constructivos, consistieron
simplemente en racionalizaciones de los métodos existentes, a veces hasta límites obsesivos, lo que
permitió una gran economía de materiales
y también la resolución de una de las más frecuentes contradicciones en
la construcción de viviendas sociales, a lo largo de la historia, esto es el
uso de mano de obra tradicional con la necesidad de acelerar tiempos de
ejecución y abaratar costos. En ese aspecto, se puede decir que en los estudios
realizados por los arquitectos municipales se empieza a cumplir uno de los
preceptos de las actuales líneas ambientales, como es el concepto de "ciclo
de vida del producto", donde se produce un abordaje más crítico de la
complejidad en que se inserta el concepto de proyecto, desde el momento de su
producción hasta su demolición o reciclaje final.
Como se
dijo, los cambios tecnológicos que
efectuaron en la construcción de esos barrios no fueron tan profundos, y a
pesar de la insistencia propagandística de algunos arquitectos, como E. May, en
los métodos de prefabricación e industrialización, su empleo no fue tan amplio "Al igual que en Berlín, la economía
en los costes se logró por una rigurosa estandarización de los elementos de
construcción convencionales más que por la transformación total de la industria
de la construcción."[12]
La idea de una fuerte industrialización y prefabricación en la construcción
recién llegaría de la mano de la Escuela de Ulm, treinta años después, pero esa
es otra historia.
W. Gropius
intentó realizar una sistematización extrema de la construcción en su complejo
de Törten (Dessau, 1926-1930), desarrollando un ferrocarril de suministros y un
plan de obra cuidadosamente organizado, lo que resultó en ahorro de tiempo,
pero desgraciadamente para la suerte y propaganda del Movimiento Moderno, en
una muy mala calidad de construcción, con aparición de grietas y manchas en el
revoque.
En ningún de
los complejos de viviendas relevados en este estudio se han detectado
preocupaciones sobre agotamiento de los recursos energéticos y materiales,
impactos de los materiales sobre el ecosistema del lugar, productos emitidos al
valerse de esos métodos, etc.
2. Elección del sistema de servicios.
Este es
posiblemente el punto menos trabajado con relación a las preocupaciones
actuales. No existían en la época muchas variantes de provisión de servicios,
por lo tanto las elecciones eran, dentro de lo que se ha podido relevar, las
convencionales para la extensión de la ciudad[13]
Asimismo,
ciertas innovaciones pueden considerarse mejoras ambientales, aunque sean
solamente optimizaciones de lo existente, como por ejemplo el reemplazo de
chimeneas individuales alimentadas a carbón por equipos centralizados de
calefacción, que en conjunto son menos contaminantes. Esto implica, a nivel
teórico, que no se plantea una revisión del modelo de consumo sino simplemente
el camino de "más tecnología para resolver los problemas creados por la
tecnología", aunque a nivel práctico significaba menores niveles de
contaminación ambiental.
Es
interesante, sin embargo, señalar que K. Yeang, en el año 1995, marca como un
ejemplo de estrategia ecológica de proyecto, "reducir los niveles globales de necesidades de los usuarios, de
confort y de consumo"[14].
Aquí se plantea una cuestión delicada: ¿el existensminimum
o necesidades básicas que deben cumplir las viviendas, es una pauta de
mínima para que todos accedan a la vivienda o un programa de máxima, en el cual
se reducen, como pide K. Yeang, los niveles globales de necesidades de los
usuarios?
3. Planificación espacial de la forma
edificada.
Específicamente en viviendas, un
primer acercamiento indica que los aspectos ambientales tampoco eran demasiado
considerados. Así, en las Colonias de
Vivienda (Siedlung) de la época,
caracterizados por la estricta economía de materiales y procedimientos, el
componente bioclimático parece darse sólo en el estudio de las ventanas y, en
ciertos casos, en la disposición con respecto a los puntos cardinales. “La mayoría de los barrios estaban
constituidos por bloques de cierta longitud y una altura de tres a cinco pisos,
dispuestos a lo largo de los caminos de acceso; la estructura era de ladrillos
o mejor aún, de bloque porosos (cinderblocks)
casi siempre revocados; las ventanas eran más bien pequeñas y su tamaño
exacto quedaba determinado conforme a los requisitos mínimos de luz natural”[15]
Un primer paso del
debate de la época es la adopción misma del concepto de Colonia (Siedlung, en alemán) como vivienda en tira, bajo el nombre
tipológico de “construcción en hilera” (Zeilenbau) contra la variante de
tira que se cierra formando manzanas con un patio en el centro (Hof) Esta discusión tiene su componente ambiental: en el primero
de los casos, se da preeminencia a los componentes bioclimáticos. En el
segundo, se pierde buena orientación en parte de las viviendas a cambio de una
reconstrucción más similar a la ciudad tradicional centroeuropea (veremos luego
las exageraciones de esta variante de manzana con un patio central en la
experiencia de la Viena Roja, entre 1923 y 1933) El trabajo tipológico con la tira también
tenía muchas variantes, expresadas a veces en el nombre que se le daba al
proyecto. Así, B. Taut, luego de experimentar con la tira en el Siedlung
Onkels-Toms-Hütte, (Berlín-Zehlendorf, 1926-1930), diseñó un complejo de gran
extensión y densidad que quiso diferenciarlo claramente de los Asentamientos (Siedlungen) calificándolo de Ciudad de Viviendas (Wohnstad). Fue el Wohnstad Carl Liegen (Berlín Este, 1929-1930)
diseñado y construido con una minuciosidad que permitía que, a pesar de la alta
densidad, hubiera buenas prestaciones con respecto a la habitabilidad. Pautas
higienistas -típicas de la tradición socialista, como se ha dicho- guiaron el
diseño de este Complejo: "Dado que no
había espacio para que cada piso contase con un jardín, las viviendas tenían
grandes terrazas, orientadas al sur o al oeste. Taut y sus colegas consideraban
que el remedio a largo plazo para la tuberculosis consistía en procurar a la
gente un lugar donde sentarse al sol con la mayor frecuencia posible, teoría
que confirmaba ampliamente la literatura médica" [16]
Algo similar ocurría
con otros complejos de viviendas menos conocidos, incluso de arquitectos que no
estaban en la vanguardia, como el caso de P. Mebes, quien entre 1924 y 1928
desarrolla el complejo de viviendas en la Rubenstrasse, en Berlín,
con terrazas que podían dejarse abiertas o acristaladas, siempre con el
propósito de brindar las oportunidades
terapéuticas del sol. W. Gropius, conjuntamente con O. Haesler construye
el barrio Dammerstock (Karlsruhe, 1927-28), en el cual, a diferencia del
anterior barrio construido por W. Gropius, Torten, los cuerpos de edificios
están dispuestos rígidamente según el eje heliotérmico en un modelo lineal
teóricamente reproducible al infinito.
E. May, en una de sus primeras realizaciones, el barrio de 643 viviendas
Bruchfeldstrasse (Frankfurt, 1926), proyectó unos retranqueos en zigzag en
planta que tenían el objetivo de proporcionar el máximo sol a las habitaciones
principales.
O. Haesler, uno de
los pioneros de la vivienda en tira, construyó tempranamente el Georgsgarten
(Celle, 1924), un barrio en el cual las casas se disponían en línea, a una
óptima distancia para permitir la ventilación y la penetración de la luz
solar. "Este
módulo, basado en la regla de Heiligentahl, según la cual las hileras deben
guardar entre sí un espacio no inferior a dos veces la altura del bloque, se
convirtió en la fórmula normativa de la Nueva Objetividad", dice Framptom.
El otro debate
tipológico de la época era sobre la altura de los edificios. Las dos opciones -de
poca o de gran altura- tenían y tienen sus implicancias ambientales. Mientras
la mayoría de las viviendas alemana de la época consistía en viviendas de dos o
tres pisos, otros arquitectos de la
vanguardia, como Gropius o Le Corbusier, insistían con las ventajas de
concentrar la población en viviendas de alta densidad, dejando entre ellas
terreno que podía (debía, según los parámetros de los CIAM y la Carta de Atenas) ser parques
y paseos públicos, en especial espacios verdes.
Defendiendo la
primera de las posturas, E. May escribía: "La
forma ideal de la construcción de viviendas es la vivienda unifamiliar de poca
altura, por ser la más natural Esta forma asegura a la familia la tranquilidad
e intimidad especialmente necesarias en una época extremadamente colectiva.
Sólo este tipo de vivienda asegura que cada unidad habitable esté estrechamente
unida a una porción de jardín, por reducido que sea, ampliando así el cuarto de
estar y ligándolo a un área de vida
natural" [17]
La relación
con el terreno era destacada por muchos otros arquitectos de la época. El ya
citado O. Haesler, en su complejo Georgsgarten, "añadió unos bloques cortos y orientados al sur a las terrazas,
que discurrían de norte a sur, creando una serie de patios verdes en forma de L
que se extendían hacia los lotes adyacentes. Estos lotes estaban dividido en
parcelas familiares para el cultivo de hortalizas."[18]
Vemos aquí otra característica “ambiental” presentada en los escritos
posteriores como ventajosa desde lo ambiental: el autovalimento, o la "casa
autosuficiente".
En
cambio, otros arquitectos alemanes,
entre ellos W. Gropius, insistían con el edificio en altura. En un concurso
convocado por el gobierno para la construcción del complejo Haselhorst (Berlín,
1929) Gropius obtuvo el primer premio con un proyecto que proponía diversas
soluciones, entre ellas, una serie de edificios de 12 plantas. Gropius había
realizado un detallado estudio económico y llegado a la conclusión de que la
incorporación de ascensores (en un partido de bloque estrecho) se justificaba
recién con 12 pisos. Generalmente, el piso superior tenía un gimnasio y un
solarium, en un modelo que 25 años después repetiría Le Corbusier en la Unidad de Marsella y sus
cinco réplicas repartidas en Alemania y Francia. Existía también una influencia
a favor del bloque en altura de los arquitectos holandeses (por ejemplo,
Brinkman, van der Vlugt y van Tijen), siempre presionados por la escasez de
suelo en los países bajos.
La búsqueda
de la concentración de servicios en un solo bloque no sólo se relaciona hacia
atrás con las propuestas de falansterio de Fourier, sino hacia delante con las
inquietudes ecologistas de ciertos arquitectos high-tech, que en la última
década del siglo XX empezaron a plantear nuevamente la "ciudad vertical",
por ejemplo N. Foster.
Manifiestos y escritos.
Como se
dijo, la segunda de las formas posibles es estudiar los escritos de los
proyectistas de la época. Fue un tiempo prolífico en manifiestos, de modo que
si allí no aparecen preocupaciones "ambientales", es posible que no
existieran en la mente de esos arquitectos.
Leyéndolos, se encuentran dos preocupaciones muy cercanas a la actual
temática ambiental: la obsolescencia de las construcciones y objetos por un
lado, y las prestaciones bioclimáticas por el otro.
Como se
dijo, existía desde hace tiempo una conciencia higienista, que incluso era
considerada soporte ideológico y argumentación para otros temas. En discusiones
en la Werkbund,
H. Muthesius decía en 1911: “La forma es
una importante necesidad intelectual, en
la misma medida en que la higiene corporal es una importante necesidad
corporal. Al hombre verdaderamente cultivado, las vulgaridades de la forma
llegan a producirle un dolor casi físico, siente ante ellas la misma
incomodidad que le producen la suciedad y los malos olores. Pero en tanto la
sensibilidad por la forma de los miembros cultos de nuestra nación no esté tan
desarrollada como su apremiante necesidad de ropa limpia, estaremos aún
lejos de una situación que permita
compararnos con las épocas de gran florecimiento cultural”[19]
Sin embargo,
el debate en la Werkbund
estaba centrado en el binomio estandarización vs espíritu creador, manifiesto
en la polémica Muthesius/Van de Velde y no en la búsqueda de una racionalidad
específica de lo ambiental.[20]
Otra
vertiente que, desde el expresionismo, aportaba a una relación más amplia entre
el hombre y su ambiente era la proveniente del círculo de intelectuales llamado
“La cadena de cristal”. Paul Scheebart, el poeta y novelista oficial de este
círculo, escribió en 1914, bajo el título “el medio ambiente y su influencia
sobre el desarrollo de la cultura”: "Vivimos
generalmente en espacios cerrados. Estos constituyen el medio ambiente en que
se desarrolla nuestra cultura (…) si queremos aumentar nuestro nivel cultural,
nos vemos obligados, nos guste o no, a transformar nuestra arquitectura. Y esto
sólo será posible si eliminamos el carácter de espacio cerrado de las
habitaciones en que vivimos. Pero sólo podemos conseguirlo con la arquitectura
de cristal, que deje entrar en la habitación la luz del sol y de la luna y de las estrellas, no sólo a través de
un par de ventanas sino a través de tantas paredes como sea posible”[21]
Las implicancias de las nuevas tecnologías sobre el ambiente eran
percibidas con mayor justeza por este poeta que por muchos administradores y
arquitectos: “Hace ochenta años apareció
el ferrocarril de vapor y transformó de hecho, como nadie puede negar, toda la
superficie de la Tierra.
Por tanto, de lo dicho hasta ahora se desprende que la
superficie terrestre puede ser transformada – y precisamente gracias a la
arquitectura de cristal. Cuando aparezca, transformará la superficie terrestre.
A ello contribuirán, naturalmente, otros factores que no cabe tratar aquí. El
ferrocarril de vapor creó la cultura de la gran ciudad de ladrillo actual, que
todos sufrimos. La arquitectura de cristal sólo se impondrá cuando se disuelva
la gran ciudad”[22]
Desde el
expresionismo también se avanzaba en la relación forma-función observable en la
naturaleza: "queremos examinar cosas
y permitirles descubrir sus propias imágenes, Repugna otorgarles una forma
procedente del exterior... En la naturaleza, la imagen es el resultado de una
coordinación de muchas partes, de tal modo que permita al todo, así como a cada
una de sus partes, vivir con la mayor plenitud y la mayor efectividad... si
tratamos de descubrir la "verdadera" forma orgánica, en vez de
imponer una forma extraña, actuamos de acuerdo con la naturaleza."[23]
La analogía
biologista es otra de las maneras en que se manifiesta en escritos una
preocupación ambiental. Comparaciones metafóricas entre los mecanismos de la
naturaleza y de la arquitectura provienen desde bastante tiempo atrás. (Desde
los órdenes clásicos, en realidad) A principios del siglo XX, adquiere una
dimensión particular, y se incluye en el debate de la época. Le Corbusier, por ejemplo, ya pretendía
lograr para su Concurso del Congreso de los Soviets (Moscú, 1927) el "muro
con respiración exacta". Incluso cuando no se hablaba estrictamente de un
trabajo con la Naturaleza,
los términos derivados de ella eran apreciados: "es decir, que no hablamos de la composición de la fachada como
algo artificial, abstracto y autónomo, sino de algo significativo, y orgánico
que se deriva directamente de la época"[24],
escribía en 1929 O. Rading, un arquitecto que evolucionó desde el Art
Nouveau al Elementarismo.
Esta
analogía biológica era llevada al extremo por algunos de los arquitectos
expresionistas de “la cadena de cristal”. B. Taut, por ejemplo, en su texto “la
disolución de las ciudades (casi una historieta, en verdad, ya que mezcla
dibujos con viñetas) incluye un subtítulo que anticipa la “hipótesis Gaia”
ambientalista de los ´70: “La
Tierra, o una buena vivienda”. En este ensayo, Taut se
propone “imaginar un mundo cooperativo compuesto con unidades de
100 casas y 500-600 personas dispersas en el territorio y organizadas en forma
orgánica – con huertos, talleres artesanales y estanques de patos – donde el
trabajo de autosustentación es alegría. Las cooperativas agrícolas se
entremezclarán con los epicentros imprescindibles de la industria y el tráfico
se piensa como las derivas de la savia vegetal por la geometría natural de las
hojas.”[25]
Recordemos que la experiencia
funcionalista pretendía que la forma era derivada exclusivamente de la función,
con lo cual, llevada esta tesis hasta sus últimas consecuencias, las exigencias
bioclimáticas debían definir gran parte del aspecto de un edificio. “Rehusamos reconocer problemas de forma,
reconocemos sólo problemas de construcción”, decía un manifiesto de la
revista “G” publicado por M. van der Rohe en 1923. Sin embargo, no parece ser
frecuente la búsqueda de mejores prestaciones bioclimáticas. “Los problemas de construcción que Mies se
mostraba dispuesto a reconocer se referían a la estructura, las disciplinas del
planeamiento, la industrialización de los métodos, es decir el tipo de problemas que habían
llamado la atención de Werner Graeff y
otros que consideraban el Bauhaus demasiado artístico”, dice R. Banham[26]
Los aspectos
formales de la naturaleza son tomados en algunos escritos. Moholy-Nagy, por
ejemplo, escribe en un curso para la
Bauhaus: "La
sistematización general de los elementos de la creación artística debe basarse
en las relaciones de 1. formas ya conocidas: matemáticas y geométricas, biotécnicas. 2. formas nuevas: formas
libres." (la negrita es nuestra) Se observa aquí como la naturaleza es
tomada como una de las tres fuentes principales de inspiración: la geometría,
la biología y la forma libre (surrealista?)
Es de
destacar que en alguno de los escritos propagandísticos que constituyen la
columna vertebral de la historiografía del Movimiento Moderno, como en las más
de 800 páginas de "Espacio, Tiempo y Arquitectura" de S. Giedion, no
existe la más mínima mención de preocupaciones de tipo "ambiental",
con respecto a la descripción que hace de la vanguardia alemana. En otros
manifiestos arquitectónicos alemanes de la época, en cambio, se entremezclan
las cuestiones sociales y políticas de una manera que, al implicar las
consecuencias de los proyectos (sobre todo de vivienda) y al propender a una
producción y un consumo "racional", tienen, inevitablemente leído
desde el siglo XXI, aromas ambientalistas: "Puesto
que la tecnología actúa dentro de la estructura industrial y financiera, y puesto que toda reducción de
costes conseguida debe ser explotada ante todo en beneficio de la industria
privada, sólo podrá facilitar viviendas más baratas y más variadas si el
gobierno incrementa el interés de la industria privada por la construcción
de viviendas mediante un aumento en las
medidas de ayuda social. Si la vivienda mínima ha de ser realizada a niveles de
alquiler que la población pueda afrontar, se debe exigir al gobierno: 1) evitar
el despilfarro de fondos públicos en departamentos de tamaño excesivo... para
los cuales debe establecerse un límite superior de tamaño de apartamento.2)
reducir el costo inicial de carreteras y servicios. 3) facilitar los terrenos
de construcción y arrebatarlos de las manos de los especuladores 4) liberalizar
en lo posible las regulaciones de zonas y los códigos de edificación"[27]
decía Gropius en 1929.
Conclusión.
Las conclusiones que se pueden sacar
de la experiencia municipal socialdemócrata son más bien extrapolaciones que
deducciones históricas. Es decir, como expresamos al principio, se encuentran
en estos casi 15 años (1919-1933) hilos conductores de temas que recién se
hacen evidentes con la crisis ambiental de la última parte del siglo XX.
Un paralelismo evidente se da en que,
al igual que los temas ambientales, para responder al problema de la vivienda,
la tesis liberal del mercado es insuficiente. La intervención del Estado
(construyendo directamente, tanto viviendas en la década del 20 como
infraestructura en la de los ´90, en el caso de la IBA Emscher Park)
aparece necesariamente cuando la magnitud de los problemas requiere una
planificación en el tiempo que los necesariamente cortos tiempos del mercado no
puede prever. La misma intervención del Estado que se hace indispensable cuando existe una demanda no
solvente. Asimismo, el concepto de Hauszinsstener
acuñado en la experiencia socialdemócrata es, de alguna manera, similar al
concepto de contaminador-pagador de los años `70: con un impuesto sobre las rentas
de las viviendas especulativas se construía vivienda social, al igual que con
una tasa de vuelco se pretende remediar la contaminación causada por un privado
sobre un bien común.
Es interesante destacar que, como se
marcó más arriba, más de 1/5 de las tierras expropiadas no eran para construir
vivienda, sino para asegurar el contacto con la naturaleza a través de parques
públicos. Esta herencia higienista es un antecedente de los estándares buscados
desde el conocimiento ambiental para la relación habitantes/ m2 verdes.
Con respecto
al bioclimatismo, la búsqueda de un componente científico supuestamente
“neutro” ideológicamente, que garantizara la eficiencia constructiva, objetivo
patente tanto en el célebre ensayo “Construir" de M. Van der Rohe (1923)
como en la reforma pedagógica de la
Bauhaus encarada por H. Meyer (1928) es antecedente directo
de la línea arquitectónica “ecotecnológica” de fines del siglo XX, representada por N. Foster, R. Piano, etc.,
que pretenden solucionar los impactos ambientales generados por el edificio a
través de tecnologías de última generación, conducentes generalmente a un
ahorro energético y frecuentemente más ostentosas que reales, si se toma en
cuenta el ciclo de vida total del objeto.
Por otra
parte, la mayoría de los arquitectos estaban convencidos de que ciertas pautas
mínimas de equipamiento colectivo que brindan relación con la naturaleza eran
indispensables para mejorar la calidad de vida de los habitantes. "Los arquitectos como Taut fueron
siempre conscientes de la importancia de plantar árboles en las calles y patios
y de fomentar por todos los medios que
los inquilinos cultivasen flores en sus terrazas"[28]
En ambos
casos (la intervención desde el Estado Municipal y las experiencias
bioclimáticas) vemos sin embargo, que las limitaciones de un modelo que
pretenda cambiar sólo un aspecto de la sociedad se hacen visible en poco
tiempo: "Así se viene a comprobar
que una reforma del sector, aislada de un complejo de reformas institucionales
coordinadas en una coherente estrategia política, conduce hasta la quiebra del
sector elegido (como el de la edificación y de la propiedad del suelo en este
caso concreto)[29]" dicen,
desde su análisis marxista de los años ´70, Tafuri y Dal Co. El paralelismo con los problemas ambientales
se hace patente: se hace muy difícil, dentro de un sistema consumista, resolver los problemas que genera la
expoliación de la naturaleza o lo que algunos autores llaman “economía de
rapiña”[30],
ya que es contradictorio con los propios intereses del sistema. Como dice R. Fernández “el propio Wagner, en 1931 y ya fuera del partido, se dará cuenta de
las condiciones regresivas de esas tentativas y apuntará a la necesidad de
descentralizar el grado de concentración que refiere territorialmente a la
conformación de las empresas monopólicas industriales y señala que puede haber
mejoras territoriales (…) Entenderá así que la única solución, aunque siempre
paliativa, es la del control global del plan económico a nivel territorial, lo
que teóricos de la economía regional como Christaller desarrollarán desde 1933
como conceptos de indagación de modelos de equilibrio que articulen
expectativas macro económicas con armaduras territoriales”[31]
En otras
palabras, creemos que las limitaciones
principales a una gestión más racional del ambiente provenían, tanto en 1919
como en la actualidad, de las mecánicas del sistema económico, no de problemas
tecnológicos.
Bibliografía utilizada:
Banham, R. “Teoría y diseño arquitectónico en la era de la máquina”, Ediciones
Nueva Visión, Buenos Aires, 1977
Benton,
T.
“El estilo internacional”,
Adir editores, Madrid, 1981. cap.
"la Weisenhof
Siedlung"
Benton, T. y Benton, C. “El estilo internacional 2", Adir editores, Madrid, 1981
Conrads, U. “Programas y manifiestos de la arquitectura contemporánea”,
Ed. Lumen, Barcelona, 1973.
Fernández,
R. “Utopías sociales y cultura técnica.
Estudios de historia de la arquitectura moderna” ed. Concentra, Buenos
Aires, 2005, Pág 262
Framptom, K. "Historia
crítica de la arquitectura moderna", Ed. G. Gili, Barcelona, 1987.
Leff, E. “Las
ciencias sociales y la formación ambiental a nivel universitario”, PNUMA,
México, 1987
Martinez Alier J, “De
la economía ecológica al ecologismo popular”, ed. Icaria, Barcelona, 1992
Muthesius, H. “Objetivos
del Werkbund”, 1911 (extraído de Conrads, U. “Programas y manifiestos de la arquitectura contemporánea”, Ed.
Lumen, Barcelona, 1973.
Schumacher, F. “Small us beautifull”, 1973, ed. consultada “Lo pequeño es hermoso”, H Blume ed. Madrid, 1978
Schumacher, F. “Small us beautifull”, 1973, ed. consultada “Lo pequeño es hermoso”, H Blume ed. Madrid, 1978
Tafuri,
M y Dal Co, F: “Arquitectura Contemporánea 1”, Ed. Viscontea, Buenos Aires, 1982.
Capítulos 9, 10 y 11
Yeang, K.: “Proyectar con la naturaleza. Bases
ecológicas para el proyecto arquitectónico”, ed. G. Gili, Barcelona, 1999.
Capítulo 8
[1] Leff, E. “Las
ciencias sociales y la formación Ambiental a nivel universitario”, PNUMA,
México, 1987
[2] Schumacher, F. “Small us beautifull”, 1973, ed. consultada “Lo pequeño es hermoso”, H blume ed. Madrid, 1978
[3] Curiosamente, 70 años después se empezó a trabajar en el mismo distrito industrial desde el punto de vista del ambiente, debido a la desindustrialización del área en el emprendimiento conocido como “Emscher Park”
[2] Schumacher, F. “Small us beautifull”, 1973, ed. consultada “Lo pequeño es hermoso”, H blume ed. Madrid, 1978
[3] Curiosamente, 70 años después se empezó a trabajar en el mismo distrito industrial desde el punto de vista del ambiente, debido a la desindustrialización del área en el emprendimiento conocido como “Emscher Park”
[4] Aquí también, curiosa y tristemente,
una de las ciudades pioneras en entender que los problemas ambientales exceden
generalmente el marco de las circunscripciones administrativas tradicionales y
que es necesario, a veces, propender al uso de conceptos más “naturales” como
cuenca, fue la ciudad que estuvo durante 25 años dividida por un muro
infranqueable.
[5] Estas juventudes excursionistas, que
llegaron a tener 60.000 miembros en la década del 20, terminaron absorbidas por
las juventudes hitlerianas o eliminadas, las que se oponían a ese ingreso.
[6] Tafuri, M. y Dal Co, F: “Arquitectura Contemporánea 1”, Ed. Viscontea, Buenos
Aires, 1982 pág 156
[7] Benton, T. y Benton, C. : “El estilo internacional " , Adir editores, Madrid, 1981 pág 54
[8] Tafuri, M. y Dal Co, F: ob cit. pág
158
[9] Tafuri, M. y Dal Co, F: ob cit. pág
158
[10] Tafuri, M. y Dal Co, F: ob
cit. pág 170
[11] Yeang, K.: “Proyectar
con la naturaleza. Bases ecológicas para el proyecto arquitectónico”, ed.
G. Gili, Barcelona, 1999.
[12] Benton, T. y Benton, C. : “El estilo internacional 2" , Adir editores, Madrid, 1981 pág 32
[13] De todos modos, éste es un
campo para investigaciones posteriores, ya que no se ha encontrado material
directo que atestigüe de qué manera llegaban los servicios a lugares
semirrurales o alejados del centro de las ciudades respectivas, como la colonia
Weissenhof.
[14]
Yeang. K. op. cit. pág 168
[15] Banham, R. “Teoría y diseño arquitectónico en la era de la máquina”, Ediciones
Nueva Visión, Buenos Aires, 1977, pág 266.
[16] Benton, T. y Benton, C. : “El estilo internacional 2" , Adir editores, Madrid, 1981 pág 21
[17] May, E. artículo en Das Neue
Frankfurt número 2/3, febrero 1930, pág. 36
[18] Framptom, K. "Historia crítica de la arquitectura moderna", Ed. G.
Gili, Barcelona, 1987., pág 138
[19] Muthesius, H. “Objetivos del Werkbund”, 1911 (extraído
de Conrads, U. “Programas y manifiestos
de la arquitectura contemporánea”, Ed. Lumen, Barcelona, 1973.
[20] Lo que demostraría la
contingencia histórica de la problemática sobre el medio ambiente, aunque
también podría haber surgido lo ambiental en la Alemania de esa época,
urgida de recursos naturales que el resto de los países imperialistas
conseguían de sus vastas colonias de
ultramar. En cambio, esa necesidad incentivó dos aspectos distintos: el
agregarle valor de diseño a los objetos para conseguir nuevos mercados y el
reemplazo de elementos naturales por sintéticos (Como la urea para fabricar
fertilizantes, que fue el segundo producto orgánico sintetizado por el hombre,
en 1928, o el caucho sintético, investigado estadounidense Wallace Hume
Carothers y el alemán Hermann Staudinger, en 1930).
[21] Scheebart, P. “Arquitectura
de Cristal”, 1914 (extraído de Conrads, U. “Programas
y manifiestos de la arquitectura contemporánea”, Ed. Lumen, Barcelona,
1973.
[22] Scheebart, P. op. cit.
[23] Haring, O. citado en
Framptom, K. ob cit .pág 124
[24] O. Rading, citado por Benton,
T. en “El estilo internacional "
, Adir editores, Madrid, 1981 pág 54
[25] Taut, Bruno “Escritos Expresionistas, edición al
cuidado de Iñaki Abalos, Editorial El Croquis, Madrid, 1997,
[26]
Banham, R. ob cit. Pág. 265
[27] Gropius, W, "Las bases sociales de la vivienda mínima", Berlín, 1929,
citado en Framptom, K. ob. cit
[28] Benton, T. y Benton, C. en : “El estilo internacional 2" , Adir editores, Madrid, 1981 pág 25
[29] Tafuri, M y
Dal Co, F: ob.cit. pág 162
[30] El concepto “Economía de
rapiña” (Raubwirtschft) fue introducido por el geógrafo alemán Ernst Friedrich.
Decía este autor: “parece extraño que la civilización sea acompañada de una
típica devastación con todas sus graves consecuencias, en tanto que los grupos
primitivos conocen solamente expresiones suaves de devastación”. Citado por
Martinez Alier en “De la economía
ecológica al ecologismo popular”, ed. Icaria, Barcelona, 1992
[31] Fernández, R. “Utopías sociales y cultura técnica. Estudios de historia de la
arquitectura moderna” ed. Concentra, Buenos Aires, 2005, Pág 267
No hay comentarios:
Publicar un comentario