sábado, 1 de septiembre de 2018

2012: No hay magia en el ambiente

Título: no hay magia en el ambiente
Autor: Guillermo Bengoa
Fecha: junio 2012
Evento: columna de opinión en diario La Nación, Buenos Aires, Argentina



El problema que están sufriendo millones de argentinos con la basura tiene muchos niveles de análisis. El más profundo (y posiblemente el que menos queremos ver) es que esta sociedad de consumo, plagada de envases descartables, objetos inútiles y búsqueda obsesiva de lo material no es sostenible por mucho tiempo. Sin llegar a las utopías, simplemente volver a un modo de vida más austero y más rico en otros aspectos sería un buen comienzo, aprovechando al máximo las posibilidades de la tecnología.
En un segundo nivel, un poco más arriba, se encuentra la ausencia de planificación en nuestro país, donde todo se improvisa, se redactan leyes que se sabe nadie cumplirá y se le hecha la culpa sistemáticamente al gobierno anterior, aunque sea del mismo partido en los últimos 25 años. Los problemas ambientales, por su propia esencia, tienen que ver con los tiempos de la naturaleza,  y requieren  pensar a largo plazo, trazar objetivos y metas que trasciendan las administraciones, planificar y buscar el consenso laborioso de todos los actores sociales. Esto incluye desde los cartoneros hasta las familias como unidades productoras de la mayoría de la basura urbana.
En un tercer nivel, la disputa política entre circunscripciones dificulta llegar a acuerdos que, fundamentados técnicamente por los valiosos y poco escuchados profesionales que hay en las administraciones nacionales,  provinciales  y municipales, encuentren la solución al problema de la basura.  Poner a los ciudadanos como rehenes de esa disputa electoral, o a los sectores más débiles, como las cooperativas de recolectores, como los malos de la película es un recurso bajo de la política local.
Y en el nivel más superficial, no sería raro que haya personas, funcionarios venales y empresas que busquen agudizar el conflicto para proponer una solución “mágica”, como ultramodernos y poco testeados  incineradores, que pueden funcionar en sociedades con adecuados mecanismos de control, pero no en Argentina donde nada, desde los ferrocarriles a las telecomunicaciones, tiene correcto seguimiento.  En los problemas ambientales  no existe la magia, las cosas se pagan tarde o temprano, y las soluciones milagrosas ocultan que los que pagarán, frecuentemente con su salud o con su vida, los costos de estas soluciones son los sectores menos protegidos de la sociedad, los que no tienen fácil acceso a los medios de comunicación, a la política, a la atención médica.
El problema no es sencillo, pero hay respuestas posibles en todos los niveles de profundidad señalados, probados en todo el mundo. Basta empezar.

2012: Reflexiones sobre ética y responsabilidad ambiental



Título:Reflexiones sobre ética y responsabilidad ambientalAutor: Guillermo Bengoa.Fecha y lugar: 29 de octubre al 2 de noviembre de 2012, Mar del Plata Evento: Semana de la sustentabilidad urbano ambiental y el cambio climático.Desafíos para la Ciudadla Arquitectura y la Construcción





DESARROLLO

Todo tema genera dudas cuyas respuestas nos van dando un camino de soluciones. La primera pregunta que aparece es si hay una ética distinta en el campo ambiental que la ética general que debe regir todos nuestros actos. A primera vista parecería que no, que son válidos los criterios éticos habituales que se manejan en nuestra sociedad, y que bastaría con cumplirlos para mejorar la condición ambiental del planeta. Al menos eso diría Kant si anduviera por aquí. Sin embargo, en una segunda mirada aparecen algunas consideraciones que podrían indicar que esos principios tradicionales son necesarios pero no suficientes para la magnitud del problema. Veamos hacia donde apunto.

Por un lado, aparece muy distinto con respecto al pasado el nivel de responsabilidad ante los problemas ambientales. Las respuestas que demos desde nuestras distintas profesiones relacionadas con el ambiente ya no afectan a un individuo, ni a un solo grupo, están afectando a enormes cantidades de personas, a veces pueden afectar a todo el planeta.

En ese aspecto, se puede parafrasear a Silvio Funtowicz, un investigador argentino que trabaja en Europa, cuando dice que la magnitud de los problemas ambientales obliga a la construcción de una ciencia distinta a la ciencia tradicional, que él denomina “ciencia posnormal”.  “En la tradición moderna de la Ilustración europea se pensaba que la relación entre la ciencia y la política era simple en teoría, si bien complicada en la práctica: la ciencia informa a la política, produciendo conocimiento objetivo, válido y fiable. Desarrollar una política era entonces una cuestión de ser informado por la ciencia y entonces en un segundo paso, ordenar los valores y preferencias diversas”,[1]  dice Funtowicz. Sin embargo, la toma de decisiones que afectan a millones de personas implica hoy día una complejidad que no está solamente en el campo de la política, sino que hace a la propia constitución del conocimiento científico. Para resolver los desafíos actuales, además de reconocer que los sistemas naturales reales son complejos y dinámicos y que hay que tener en cuenta la incertidumbre, es imprescindible la pluralidad de perspectivas legítimas. Ya no basta con un punto de vista absoluto y que se corresponde con la verdad, sino que “las formas de conocimiento distintas de aquellas que se nutren en la civilización occidental moderna también son relevantes para un diálogo exploratorio tendiente a la resolución de problemas”[2]

Como se observa, nos estamos alejando del modelo clásico en el cual la ciencia es sobre todo deducción formalizada, para llegar a un modelo donde el diálogo interactivo construye el conocimiento, cosa que hasta hace poco hubiera sido considerada una herejía.  La magnitud de los problemas actuales hace que sea indispensable la aparición de un nuevo tipo de ciencia, en la cual la evaluación de los datos científicos para la toma de decisiones requiere una comunidad de pares extendida. “Esta extensión de la legitimación hacia nuevos participantes en los diálogos políticos tiene implicaciones tanto para la sociedad como para la ciencia. Con el respeto mutuo entre las diversas perspectivas y formas de conocimiento, hay posibilidad de desarrollar elementos democráticos genuinos y efectivos en la vida de las ciencias”[3]  

Si la ciencia como conocimiento abstracto y universal es cuestionada desde la problemática ambiental, es obvio que nuestras responsabilidades éticas ya no son simplemente hacer bien las cosas ni responder de manera directa a las reglas tradicionales: Honestidad, Integridad, Compromiso, Lealtad, Ecuanimidad, Dedicación, Respeto, Responsabilidad ciudadana, Excelencia

Creo que ese necesario aumento de las responsabilidades que exige el problema ambiental es todo lo contrario de la fragmentación de responsabilidades que se utiliza cuando se quiere diluir lo terrible de un hecho. Lo que Hanna Arendt llamó “la banalidad del mal” era esa diligencia mostrada por Eichmann para realizar su tarea de la mejor manera posible, lo malo era que su tarea era recolectar los judíos por toda Europa para enviarlos a los campos de concentración.

Si esto puede parecer extremo, piénsese en hechos en los cuales la suma de pequeñas defecciones individuales ocasionó terribles catástrofes, como el incendio en el boliche Cromagnon, en Buenos Aires, donde murieron casi 200 personas y mas de 1500 tuvieron severas consecuencias. Y a nivel ambiental, la suma de errores humanos, estrategias empresariales mezquinas y políticas estatales negligentes que permitieron la tragedia de Bophal, en la India, donde murieron en la primera noche más de 3000 personas y más de 20.000 han fallecido hasta la actualidad.

Sin embargo, en es os dos casos (y en mucho otras que se podrían nombrar, desde la caída de los aviones de LAPA y Austral en Argentina hasta la explosión de Chernobyl) se puede argumentar que lo malo fue la suma de pequeños errores o falencias éticas. Es decir, cosas que se hicieron mal, y que una simple aplicación de los principios éticos señalados alcanzaría para corregirlos. Mi hipótesis es que, análogamente, en nuestras disciplinas y en confluencia con los problemas ambientales, constantemente se da la dilución del problema en decenas de pequeñas acciones “profesionales”, realizadas con la mayor diligencia por personas que en su casa tal voz no matarían una mosca, pero que su acción profesional se suma a la de cientos de acciones aparentemente “intrascendentes” o banales como diría Arendt para generar un enorme mal. «Que un tal alejamiento de la realidad e irreflexión en uno puedan generar más desgracias que todos los impulsos malvados intrínsecos del ser humano juntos, eso era de hecho la lección que se podía aprender en Jerusalén, durante al juicio a Eichmann”, escribe Arendt,
Me interesa seguir un poco con la analogía. El nazismo no empezó de un día para el otro. Hubo a partir de 1930 una serie de medidas antisemitas que precedieron a los crímenes en masa y que fueron consentidas por la población. Como dice Arendt “Los hechos no fueron realizados por gánsteres, monstruos o sádicos furibundos, sino por los miembros más respetables de la honorable sociedad.» Así, a los que colaboraron y siguieron órdenes no debe preguntárseles «¿por qué obedeciste?», sino «¿por qué colaboraste?».
Veamos lo que sucede aquí. Científicos brillantes que desarrollan plaguicidas, funcionarios estatales responsables que los autorizan, eficientes ingenieros agrónomos que los recomiendan día a día, autoridades sanitarias que cumplen de manera estricta su función de contralor, economistas que quieren seguir aumentando las recaudaciones por retenciones a la soja, honestos empresarios que fumigan para aumentar su rentabilidad, empresas multinacionales que cumplen estrictamente la ley al enviar sus remesas al exterior… son todas sectorizaciones que en principio parecen éticamente irreprochables, pero su integración produce intoxicaciones, aumento de los abortos espontáneos, malformaciones en el feto, y a la larga una feroz disminución en la biodiversidad que solamente extrañaremos cuando necesitemos alguna de las múltiples funciones ecológicas que cumplen en nuestras vidas esas regiones, además de consecuencias como el aumento de la cantidad y violencia de las precipitaciones por disminución de los bosques, inundaciones, sequías en otras regiones, etc.

Un problema adicional de la problemática ambiental es que los efectos muchas veces no son visibles de manera inmediata. Esto hace más necesario una visión absolutamente ética, ya que no podemos esperar a reaccionar cuando el problema se haya suscitado. El llamado “principio de precaución” (al cual volveremos más adelante) no alcanza en ese sentido: hay que actuar todo el tiempo con una ética kantiana, aplicando a rajatabla el imperativo categórico, que en este caso se podría reescribir como “cuando hagas una EIA, actúa como si el proyecto que estás evaluando esté al lado de tu casa”

Aunque ese marco teórico que reseñamos anteriormente es imprescindible, es interesante bajarlo a efectos prácticos, ya que es en la acción concreta donde se producen de manera constante dilemas éticos, en los cuales hay que tomar decisiones. Para eso me parece posible dividir nuestra tarea en dos grandes marcos: la del profesional liberal y la del profesional trabajando para el Estado.

La ética del profesional liberal:
En relación a esta forma de trabajo, se me ocurren algunos puntos que no por obvios son menos necesarios.

* No faltar a la verdad en el diagnóstico ambiental: esto es hasta una salvaguarda legal para el profesional, ya que la confección de un correcto y real “estado cero” de la situación sirve, de haber problemas, para poder decir como estaba el ambiente en el momento de emprenderse la obra que estamos evaluando o en la cual participamos.

* Ser exigente y riguroso con la confección de la EIA. Aquí se generan contradicciones que se deben en parte a un problema estructural que existe en la legislación argentina, y en la mayoría de las legislaciones del mundo en realidad: el que hace el proyecto es el mismo que hace la EIA, con lo cual evidentemente se plantea al menos un conflicto de intereses, en donde entra a jugar fuertemente la ética del profesional

* Escribir siempre conclusiones claras, en lenguaje entendible, como lo marca la ley. El uso de un lenguaje oscuro o no entendido por todo el mundo ha sido desde siempre una estrategia del poder. Dice Ginsburg, un historiador  italiano contemporáneo, al comentar la transcripción de un acta de la Inquisición del siglo XVI: “Menocchio empezó denunciando la opresión que ejercían los ricos sobre los pobres mediante el uso, en los tribunales, de una lengua incomprensible como el latín “Yo soy de la opinión que hablar latín es un desacato a los pobres, ya que en los litigios los hombres pobres no entienden lo que se dice y se hallan aplastados, y si quieren decir dos palabras tienen que tener un abogado[4]. Lo mismo sucede en la actualidad cuando una EIA o algún informe técnico no están claramente redactados.[5]

Algunas legislaciones hacen explícita mención a la claridad necesaria en la redacción. Por ejemplo la ley 11723, “Ley General del Ambiente” de la provincia de Buenos Aires, Argentina, dice en su artículo 15:  "La autoridad ambiental de aplicación exigirá que las EVALUACIONES DE IMPACTO AMBIENTAL se presenten expresadas en forma clara y sintética, con identificación de las variables objeto de consideración e inclusión de conclusiones finales redactadas en forma sencilla."

* Estar atento de para quién se trabaja.
No es tarea sencilla, pero uno siempre se puede negar si no está de acuerdo con los objetivos generales del comitente, sea éste público o privado, por más que los objetivos de esa encomienda en particular sean apropiados

* No estar en ambos lados del mostrador.
Hay demasiados casos de profesionales que trabajan para el Estado, aprobando expedientes y procedimientos que tienen que ver con el cuidado del ambiente y tienen también consultoras o socios que trabajan desde el ámbito privado. Es una práctica difícil de detectar e incluso a veces puede no ser cuestionable, si el profesional presenta sus tareas en un ámbito que no sea el suyo como trabajador estatal, pero de todos modos es siempre vidriosa esa relación

* Cobrar correctamente los trabajos: si no se cobra bien no se puede hacer bien, se usan informes sectoriales recorte y pegue, etc.  Desgraciadamente hay mucho bastardeo en ese sentido, en el cual a veces se cae incluso desde una posición voluntarista del profesional de facilitar la acción al comitente. Pero a la larga termina mal.

La ética del profesional del Estado.

* Ser exigente y riguroso con la revisión de las EIAs
Cualquiera que ha trabajado en el tema conoce casos de Estudios de Impacto Ambiental que reciben su Declaración de Impacto Ambiental de una noche a la mañana siguiente. En un expediente que pude una vez espiar, un juez pedía a la que en ese entonces era la Secretaría de Polítca Ambiental una EIA de un tema costero, cuyo principal impacto, denunciado en la acción de amparo, era la erosión costera. La EIA que se hizo  tenía más de 20 páginas y literalmente, no metafóricamente, tenía dos renglones y medio sobre el tema específico de la erosión. Al juez la bastó para decir que la obra siga adelante.

* Responder a los intereses del bien público. Si se autoriza a un emprendimiento inmobiliario sobre las dunas costeras en Villa Gesell, sin cumplir las formalidades administrativas, si se aprueba una iniciativa privada para la Vieja Estación de Ómnibus de Mar del Plata con un paupérrimo estudio de Impacto Ambiental en Mar del Plata, si se autoriza torres sobre la costa que triplican la altura permitida a cambio de una difusa y no aclarada compensación ambiental; si se deja que un famoso club de la ciudad ignore absolutamente todas las leyes de protección ambiental: ¿a qué intereses se está respondiendo?

* No utilizar los fondos o investigaciones del Estado en beneficio propio o traficando información. Muchas oficinas estatales generan muy buena información técnica, que en vez de ser pública, se trafica entre consultores privados.

* Brindar información cierta y abundante a los ciudadanos y ONGs: no transformarse en un tecnoburócrata que cree que solamente él tiene la verdad, por más que muchas veces sea el que efectivamente tiene la postura más lógica. Los organismos públicos están obligados a dar la información ambiental para responder a los requerimientos de la declaración de Rio de Janeiro firmada por Argentina (principio 10), a la ley nacional 25.675 “Ley general del ambiente” (art 16, 20 y 21), a la ley nacional 25.831 “Régimen de acceso a la información pública ambiental” y a la ley provincial 11.723. (art 15). A veces esa información se almacena sin usar o se esconde con la buena intención de que no sea mal utilizada, por ejemplo, por especuladores inmobiliarios

* No ceder a la confección de informes onerosos, pagados por organismos de financiación internacionales. En la última década esto se transformó en un gran negocio para consultoras privadas y sus socios dentro de organismos estatales. Luego la obra ni se hace, lo importante es el carísimo informe que, con préstamos internacionales, terminamos pagando todos.

* Intentar siempre equilibrar las asimetrías.  En algunos estados de EEUU, el gobierno obliga a las empresas que presentan un proyecto de determinada envergadura, no sólo a que realicen una EIA ellos mismos, sino que paguen la realización de una EIA a organizaciones no gubernamentales de la zona. Esta segunda EIA supuestamente no sólo garantiza otra visión, sino que estará redactada con la suficiente claridad como para ser entendida por todos.

La ética política.

Un tercer grado de actuación que es también desde lo público pero excede la simple labor profesional, y por tanto la aplicación de una deontología específica es el caso de las políticas públicas en materia ambiental, que son escritas y realizadas por personas, no por entes abstractos, a los cuales debería aplicarse un código ético mucho más estricto por la repercusión de sus decisiones.

En ellas debería aparecer:

* Una racionalidad de fines, y no meramente instrumental.

* Una visión de largo plazo

* Buscar la creación y uso de mecanismos de participación, como audiencias públicas, etc.

* Buscar la creación y uso de mecanismos de acceso a la información.

* Aceptar la verdad de la realidad: El caso de la ley de bosques, donde algunas provincias exageran sobre la cantidad de bosques naturales que aún tienen para poder talar más, o el más visible y patético caso de la destrucción de estadísticas fidedignas del INDEC, a partir de 2007.

* implementar nuevos herramientas ampliatorios del análisis de la realidad: las EIAS son limitadas en cuanto a la detección de la suma de acciones, es necesario pasar, por ejemplo, a la EAE. El caso de las cabañas en Tandil, que están destruyendo el paisaje serrano a base de pequeñas acciones poco impactantes, es un ejemplo de la limitación de las EIAs

* Respeto a los pueblos originarios: desde lo más obvio de no matarlos o correrlos de sus tierras para aumentar el sembrado de soja como en Salta y Chaco o para explotaciones petroleras como en Neuquén, hasta el respeto a sus costumbres, medicinas y formas de producción.

Conclusiones.

Comencé planteando que la postura ética tradicional era necesaria pero no suficiente para tratar la gravedad de los problemas ambientales. Parecería que a las características tradicionales de la ética individual habría que agregarle algunas –todavía en construcción- que tienen que ver con responsabilidades colectivas. No alcanza con hacer bien solamente nuestro sector del trabajo profesional, y su respuesta a los problemas actuales. Hay que pensar en las implicancias a mediano y largo plazo de nuestras acciones, y en la posibilidad de que la suma de esas acciones de muchos profesionales tengan consecuencias desastrosas.

Si se lo quiere mirar desde el lado positivo, creo a su vez que la suma de las pequeñas acciones que podamos hacer en todos los ámbitos va a ir construyendo una acción colectiva de mutuo aprendizaje para el cambio indispensable que tendrá que hacer nuestra civilización si queremos sobrevivir como especie.




[1] Funtowicz, S. y Strand, R. “De la demostración experta al diálogo participativo”. Publicado en Revista CTS Nº8, abril 2007.
[2] Funtowicz-Ravetz  (1993) ob cit pág 11.
[3] Funtowicz-Ravetz (1993) ob. cit pág 13.
[4] Ginzburg, Carlo: “El queso y los gusanos. El cosmos según un molinero del Siglo XVI”, Muchnik editores, Barcelona, 1999, pág 38.
[5] Este hecho está bien contado muchas películas norteamericanas, entre ellas “Erin Brockovich” (2000) dirigida por Steven Soderbergh  y “Una acción civil” (A civil action, 1998), dirigida por  Jan Schlichtmamn. En ambos casos los damnificados por una acción contaminante de una gran empresa podrían haber accedido antes a la información, pero ésta no se encontraba fácilmente disponible y no era clara en cuanto a la necesidad de tomar medidas de control.

2009: Grandezas y limitaciones de las Evaluaciones de Impacto Ambiental


Título: Grandezas y limitaciones de las
Evaluaciones de Impacto Ambiental.
Autor: Guillermo Bengoa, 
Fecha: 2009

En los últimos tiempos, cada vez que aparece un proyecto de cualquier tipo, y que por sus características posiblemente sea conflictivo para el ambiente, los medios de comunicación, la opinión pública y la gente en general piden que se haga una Evaluación de Impacto Ambiental (que de aquí en adelante llamaremos por sus siglas habituales EIA).

Vemos así que se les solicita una EIA a distintas escalas de proyectos, desde hoteles a fábricas, desde represas a hipermercados, desde apertura de calles a escolleras. Este criterio ha sido reconocido por la legislación, y –a pesar de la carencia en Argentina de una ley nacional de EIA- numerosas leyes sectoriales nacionales y provinciales reconocen esa necesidad. Por poner un solo ejemplo,  la Ley General del Ambiente de la provincia de Buenos Aires, que en su artículo 5 inciso b dice Todo emprendimiento que implique acciones u obras que sean susceptibles de producir efectos negativos sobre el ambiente y/o sus elementos debe contar con una evaluación de impacto ambiental previa.”

La EIA, entonces, parece ser reconocida por la gente, por las autoridades y por los estamentos científicos como una herramienta útil y efectiva para mejorar la faz ambiental de los proyectos. Pero, será tan buena como parece? ¿Alcanzará para hacer nuestra vida un poco mejor? Intentaremos responder a esas preguntas en los próximos párrafos.

Qué es una Evaluación de Impacto Ambiental.

La EIA es un instrumento técnico, que posee además un procedimiento administrativo (es decir, es un instrumento público que debe ser presentado en la ventanilla correcta y aprobado por la autoridad competente).

La EIA, que nace a mediados del siglo XX a raíz de los enormes impactos causados por las enormes represas de posguerra –cuyo caso emblemático fue Asuan, en Egipto-  consiste simplemente en la cruza de la descripción de un proyecto específico con un lugar determinado. Del análisis de las consecuencias de un proyecto concreto implantado en un lugar determinado, se deducen los posibles impactos sobre los distintos factores del medio, tanto físicos (agua, aire, tierra); biológicos (flora, fauna, biodiversidad) y sociales (salud de la población, empleo, economía) El anteúltimo paso de una EIA es  proponer medidas de mitigación. Y el último, un plan de monitoreo y un manual de gestión, si fuera necesario.

En otra nota veremos la importancia de la participación social en cada una de estas etapas, pero por ahora podemos sintetizar una buena EIA en estos pasos: 1) descripción del proyecto (acciones que podrían causar impactos); 2) análisis del medio (factores físicos, biológicos, sociales); 3) construcción de una matriz que detecte los impactos 4) descripción detallada de los impactos y sus consecuentes medidas de mitigación y por último 5) plan de monitoreo y de gestión ambiental

Ventajas de una EIA.

Es cierto que las EIA han significado un enorme avance. Por un lado, como método científico para determinar impactos sobre el ambiente de los proyectos que hace el hombre, profesionales de distintas ramas han perfeccionado las metodologías de prospección y monitoreo de los miles de factores del medio que pueden ser alterados.

Por otro lado, y posiblemente más importante, se han legitimado como una herramienta indispensable, previa a la aprobación de cualquier proyecto. Hoy no hay ente financiero en el mundo que preste dinero a un emprendimiento sin una buena EIA realizada por profesionales idóneos, y prácticamente las legislaciones de todos los niveles contemplan la obligatoriedad de hacerla.

Sin embargo, no son la panacea a todos los males del ambiente. Hay una serie de limitaciones importantes, que será preciso ir superando si queremos construir un ambiente más sano y permanente y mejorar nuestra calidad de vida. Veámosla en el punto siguiente.

Limitaciones de una EIA.

Cada EIA es específica para un tiempo, lugar y proyecto, por lo tanto sus conclusiones difícilmente sean  extrapolables a otras situaciones, aunque éstas a veces nos parezcan similares.

A pesar de lo que frecuentemente plantean los medios de comunicación, una EIA en general no plantea la nulidad del proyecto, solamente identifica y valora los impactos positivos y negativos y las posibles medidas de mitigación. Esto significa que la decisión final de llevar a cabo un proyecto no depende de la EIA, sino de la ponderación de todos los factores políticos, económicos, sociales y ambientales por parte del poder político.

Una EIA no es “ecología profunda”, no va a cambiar conceptos profundos sobre la vida del hombre en el planeta, más bien, legitima el actual sistema de explotación de la Tierra, si bien atenúa algunas de sus consecuencias.

Una EIA, aun cuando incorpore en su desarrollo la participación social, no resuelve conflictos entre partes involucradas. Lo más que puede hacer en ese aspecto es transformarse en un insumo para que, mediante otros instrumentos (como las audiencias públicas) se alcancen consensos.

Una EIA no soluciona problemas de diseño del proyecto, a lo sumo, los detecta tempranamente.

Una EIA no resuelve problemas de calidad de la gestión urbana, solo puede contribuir a proponer medidas parciales y sectoriales de gestión ambiental para un proyecto específico.

Y las dos limitaciones a nuestro parecer más importantes: Una EIA no da soluciones globales, ya que se analiza siempre un proyecto y éste es, por definición, acotado. Los impactos de un proyecto pueden ser mínimos, pero: ¿que pasa cuando luego aparece otro proyecto con impactos mínimos, y al lado, otro proyecto también con impactos mínimos, y así sucesivamente, en una sumatoria de impactos mínimos, ninguno de los cuales es definitorio (a veces, ni siquiera es medible) pero cuya suma (muchas veces sinérgica)  destruye el ambiente?

Y la segunda limitación importante: ¿Qué pasa cuando la EIA propone una serie de medidas de mitigación o planes de monitoreo, a cumplir a lo largo del tiempo, y luego no hay un Estado (municipal, provincial o nacional) que verifique que esas medidas se cumplan?

Para ambos problemas estructurales, hay respuestas posibles, que describiremos en sucesivos artículos. Por ahora, sigamos exigiendo al menos que todo proyecto de regular envergadura tenga una exhaustiva EIA, que es el primer paso hacia un monitoreo permanente de las condiciones ambientales de nuestro entorno


2002-Diseño apropiado. Diez años en cuatro escalas.



Título: Diseño apropiado. Diez años en cuatro escalas.
Autor: Guillermo Bengoa.
Fecha: septiembre 2002
Evento: seminario en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Centro, Olavarría

Introducción: el marco.

El objetivo de este trabajo es revisar los últimos avances de la cuestión ambiental desde el punto de vista de la arquitectura, el urbanismo y el diseño, es decir de la labor proyectual tradicional.

Si bien existen numerosas formas de considerar el pensamiento ambiental surgido en las últimas décadas, en este escrito usaremos simplemente el tradicional marco conceptual que toma lo ambiental como la intersección de la sociedad con la naturaleza, en toda su amplitud. Esto nos permite dejar afuera a los problemas meramente naturales (como inundaciones o terremotos) y también a los estrictamente sociales (como la pobreza) que si bien suelen tener consecuencias ambientales, no son solucionables desde el marco de pensamiento de lo ambiental. Y sí deja adentro del esquema a todo le referente al diseño y producción de los objetos en todas las escalar, en cuanto a su relación con los recursos naturales  y con los desperdicios del sistema.

El recorte de las actividades de diseño a las realizadas por arquitectos y diseñadores industriales se debe a que recientemente se han incorporado al campo de lo proyectual las disciplinas biológicas, a través del manejo genético: aquí también existe una prefiguración del producto (característica del trabajo proyectual en general) y de los mecanismo para producirlo (característica del diseño industrial en particular) pero excedería los límites de este trabajo y sobre todo de este autor referirse a la biotecnología, aunque posiblemente sea el campo del cual se deban esperar mayores cambios, que no nos atrevemos a calificar como avances debido al difícil componente ético que poseen estas investigaciones. Véase al respecto todo el debate sobre los alimentos transgénicos

Se dice que uno de los objetivos fundantes de la Bauhaus, la famosa escuela de diseño alemana que floreció entre las dos guerras, fue diseñar "de la cuchara  a la ciudad". Desde la época de ese experimento pedagógico,  se presupone que es posible proyectar todas las escalas de la intervención humana, desde la microescala, generalmente propia del diseño industrial a la macroescala urbanística. A la idea de "obra de arte total" que encarnaba en su momento la arquitectura, se suma hacia fines del siglo XX la revalorización del paisajismo como ciencia o al menos como técnica que permite minimizar, a través del diseño la intervención del hombre sobre la escala territorial. En todas esas dimensiones, es posible hoy día rever la relación sociedad/naturaleza, a la luz del paradigma ambiental. Veremos en los próximos puntos la incidencia de los conceptos ambientales en esos cuatro tamaños: la escala de los objetos en el Diseño Industrial, la escala de los edificios en la Arquitectura, la escala de la ciudad en el Urbanismo  y la escala territorial en el Paisajismo. En esas cuatro escalas, a su vez, verificaremos cuatro parámetros que tienen que ver con la sustentabilidad: la imitación de los mecanismos de la naturaleza; el Ciclo de vida del producto; el Uso de recursos naturales renovables y las posibilidades de reciclado

1. Diseño Industrial: la forma es el mensaje.

El diseño industrial, a diferencia de la arquitectura,  es una disciplina de reciente creación, si bien pueden rastrearse sus orígenes desde la primitiva división del trabajo en adelante. En su forma moderna podría decirse que empieza con las preocupaciones de William Morris,  en la Inglaterra victoriana, donde se intenta por primera vez lograr un producto que tenga las bondades de un diseño artesanal pero pueda a su vez llegar a una franja de consumidores mucho más amplia, como la constituida por las masas que se incorporaban al mercado durante el siglo XIX. Algunas de las preocupaciones de este grupo precursor podrían ser consideradas a la distancia como "ambientalistas", como las tres reglas que John Ruskin, el principal ideólogo de  los "Arts and Crafts",  proponía:

1. No promover la fabricación de productos innecesarios
2. No exigir nunca un acabado perfecto
3. No alentar la imitación o copia de ninguna clase

Asimismo, William Morris buscaba "devolver la dignidad al fabricante, la integridad al producto, el buen gusto a los consumidores y la cooperación artística al proceso de diseño", objetivos todos coincidentes con los conceptos de ecodiseño impulsado a partir de los últimos años del siglo XX, más de una centuria después de que fueran formulados. Curiosamente, algunos de los más novedosos métodos japoneses de producción personalizada a pedido, que realizan fabricantes de autos, se parecen a la idea de Morris de diseño artesanal, en el cual el usuario disponía de un contacto directo con el creador del producto. La diferencia es que esto se puede hacer ahora en base a los avanzados sistemas de computación, mantenidos por una economía de escala, y no por la pequeñez del trabajo artesanal.

El crecimiento del Diseño Industrial como disciplina se aceleró en el siglo XX y especialmente a partir de la segunda posguerra. Diseñadores como Raymond Loewy en los ´40 se transforman en estrellas que prestigian con su firma los diseños de la industria, pero su actuación consiste básicamente en la estilización del producto: el uso del concepto de styling, surgido en los ´30, que consiste en agregar valor de cambio a un objeto sobre la base de la modernización de las formas exteriores, sin modificar realmente la operatividad del artefacto o su valor de uso. El ambiente o el uso racional de los recursos naturales no aparecen como inquietud de los diseñadores o de las industrias hasta la crisis del petróleo de la década del ´70. Por el contrario, ciertas incipientes actitudes no consumistas (y como tal, tendientes a una disminución de los problemas ambientales) -como la idea original de Henry Ford de hacer un auto masivo, abaratando costos sobre la base de la uniformidad y la repetición del modelo- se ven prontamente olvidadas en aras de la competencia: el surgimiento de Crysler y su oferta de autos de todos los colores obliga a Ford a entrar en el juego del styling y cambiar los aspectos de sus diseños todos los años.[1]

El Diseño Industrial también se impone en el siglo XX como una poderosa arma colonizadora. Los países periféricos registran una invasión de artículos producidos en el primer mundo, reproduciendo  el esquema que ya se había dado prácticamente desde el descubrimiento de América: desde los países pobres se exportan materias primas, que vuelven manufacturadas de los países centrales, en este caso con el valor agregado del diseño. Y las industrias locales son destruidas, por uno u otro método[2]

Esta situación registra un breve cambio en el período llamado de sustitución de importaciones, es decir la Segunda Guerra Mundial, en donde nuestros países no supieron o no pudieron aprovechar una situación externa ventajosa para instrumentar políticas de promoción y fomento del diseño industrial, y en mucho de ellos, ni siquiera de creación de instituciones educativas que lo contemplen. Esta hubiera sido otra oportunidad de buscar un Diseño Industrial más respetuoso del medio ambiente, a través de la investigación sobre la existencia de un diseño subyacente, sobreviviente, muchas veces originado en las necesidades primarias ante que en el consumo y haciendo gala de cierto ingenio popular o rescatando tradiciones constructivas o de uso vernáculas o apropiadas a las condiciones climáticas y geográficas.

Que no un diseño sea nacional no es condición suficiente para que sea ambientalmente respetuoso, pero posiblemente sea  una condición necesaria, ya que la cercanía entre el recurso natural, el diseñador, y el usuario puede ayudar a la definición de objetos con características ambientales. O dicho al revés, es menos probable que un diseño originado a miles de kilómetros del lugar de consumo tenga en cuenta las características propias de ese lugar, o la disposición final del residuo cuando acabe la vida útil.

Pero los intentos de un diseño nacional acabaron violentamente en la década del ´90, no de manera casual, sino  como  consecuencia también del retroceso en términos generales de la producción original de esta región, de la destrucción de la industria nacional en casi todos los países de Latinoamérica Central y del Sur (con variaciones, en el caso de Brasil, de grado y en el caso de México, de tipo de industria, al transformarse en el patio trasero del ALCA) fruto de los procesos denominados genéricamente "globalización"[3] que han tendido, por lo general, a anular la producción independiente de los grandes centros de poder, o a lo sumo a asimilarla en una situación estilística y materialmente mimética de esos centros.[4] La  escasa aunque inteligente colección de experiencias de "diseño del tercer mundo"  -desde una cosechadora de yerba mate a un guante para trabajos rurales hecho mediante el reciclado de un neumático- que recopilaron autores como Gui Bonsieppe en los ´70[5] se vieron, como dijimos antes, abortadas por la crudeza de la realidad política, con tormentas que arrasaron mucho más que una experiencia de diseño, como el golpe de Estado en Chile contra Salvador Allende donde trabajó Bonsieppe (1973) o la dictadura argentina.(1976)[6]

Existen por otro lado  experiencias similares, muy poco difundidas, en los países del sudeste asiático, en la India y China, pero las pocos datos que llegan a nuestro país no pasan de anécdotas (como cámaras para generar biogas u hornos que optimizan su funcionamiento térmico)[7] Nuevamente aquí, falla la comunicación sur-sur, aunque paradójicamente el avance de Internet, a pesar de la arrolladora preponderancia en su seno de propuestas mercantiles,  está facilitando la comunicación también de experiencias marginales y de pequeña escala.

Sin embargo, es desde los mismos centros de poder (y de diseño) donde surgen, en la década del ´90 del siglo XX, el Ecodiseño, con pautas parecidas a las manejadas por el diseño vernáculo. Y aunque a veces se manejan solamente con la idea de un "marketing verde",  es decir transmiten un mensaje ecológico sólo a través de su forma, muchas otras veces se ha empezado a considerar al ambiente en el diseño del objeto.

Este ecodiseño[8] se basa en varias puntas: imitación de los mecanismos de la naturaleza (biónica), conciencia del ciclo de vida del producto, consumo de recursos naturales renovables, uso de materiales reciclables. La mayoría de ellas, en realidad, si las analizamos desde el punto de vista de la economía son simplemente una internalización de los costos ambientales de la producción.[9] Veamos algunas de estas divisiones.

1.1. Imitación de los mecanismos de la naturaleza.

Ya Galileo, en el siglo XVI, había realizado algunas investigaciones sobre las proporciones de los huesos de los distintos animales en relación a su peso y tamaño, llegando además a deducir los límites admisibles para el "diseño" de esos animales. Si trabajamos en la etapa posterior a la Revolución Industrial, desde la década del ´30 del siglo XX, cuando se pone  de moda el streamline o estilo aerodinámico, el diseño industrial empieza a investigar las ventajas y propiedades que la evolución natural había dado a las plantas y animales. La exageración del streamline llevó a que no solo las cosas que se movían (como autos o barcos) tuvieran forma aerodinámica, sino también objetos cuya necesidad de vencer al viento era nula, como planchas o licuadoras, adoptaran formas naturales de delfines o gaviotas.

Un intento ideológicamente más sofisticado (y más perverso) fue comparar la evolución natural, que como sabemos lleva millones de años para cada cambio favorable, con la "evolución" anual que mostraban los modelos que salían año a año de Detroit, la cuna del negocio automotriz en EEUU, que en realidad era un cambio de modelos en busca de la ampliación del mercado por medio de la renovación de modelos que estaban aún en perfecto estado de funcionamiento y uso.

Sin embargo, en los últimos años existen también ejemplos de biónica reales: desde el diseño de las alas del Concorde y su nariz rebatible, inspirado en las gaviotas, hasta un martillo de alpinista hecho a semejanza de un pájaro carpintero: liviano, usa la cola como resorte, aprovecha su centro de gravedad y la configuración de sus huesos para absorber impactos considerables, que al transformarse en martillo adquiere un núcleo interior de titanio, punta de aluminio ajustable, pasando por la observación de la forma de implantarse las patas en los crustáceos para generar un enchufe múltiple o juguetes cuyas articulaciones están copiadas de las de distintos animales, la observación de los mecanismos y estructuras de la naturaleza ha sido una fuente de inspiración para la vanguardia del diseño industrial.

1.2. Ciclo de vida del producto.

Es importante destacar que, por la presión de los consumidores  primero, y luego a través de leyes cada vez más severas[10], el diseño industrial se vio afectado por la necesidad de incluir entre sus pautas el control sobre el ciclo total del producto, esto es atender también a los extremos del ciclo, no sólo a la vida útil o comercial del producto. Al principio del ciclo, durante la fabricación en la búsqueda de procesos con menor gasto energético (el caso paradigmático en lo negativo es la fabricación de células fotoeléctricas, que insume mayor cantidad de energía que la que la célula fabrica durante su vida), y al final del producto, en la disposición del objeto, ya transformado en residuo,  y el aumento de las posibilidades de reciclado.

Con respecto al reciclado, algunos de los esfuerzos requieren simplemente ingenio y no más gastos: por ejemplo, la práctica denominada (ampulosamente) "marcado ecológico", que consiste en imprimir en determinadas piezas del auto visiblemente su composición química, de modo de facilitar el reciclado a la misma empresa productora o a otras que lean el código. O la disminución del packaging. Y entremedio, durante la vida útil, el esfuerzo se centró sobre todo en la disminución del gasto energético. Así, objetos aparentemente neutros hacia el medio ambiente como un walkman se transformaron, en la conciencia ecológica colectiva, en máquinas nefastas de producir desperdicios, ya que consumen ingentes cantidades de pilas, uno de los desperdicios más contaminantes y difíciles de tratar, reciclar o neutralizar.

La consideración del ciclo de vida del producto tiene, si se lo considera para algunos campos, consecuencias dramáticas. Y lo que es peor, muchas veces impensadas. Tal vez el mejor ejemplo venga del frío: Los CFC fueron introducidos por primera vez en el mercado en 1931, por la Frigidaire Corporation. Al ser atóxicos, no inflamables e estables parecían ideales para gases refrigerantes. Su uso como propelente para aerosoles empezó en 1943. En 1974 se sugirió por primera vez que los CFC podían descomponerse en la alta atmósfera y el cloro que entra en su composición, atacar el ozono que nos protege. Casi diez años después, en 1982 un científico japonés señaló una reducción en la capa de ozono sobre la Antártida, pero recién en 1985 los datos tomados de otra base antártica por científicos norteamericanos empezaron a confirmar seriamente la tendencia. Porcentualmente, los gases utilizados en la refrigeración constituyen el 25 % de todos los gases nocivos para el ambiente, con una vida media que puede ir de los 120 a los 380 años.

En el área del frío, existían en 1990 alrededor de 1 millón de toneladas de CFC aprisionados dentro de sistemas de refrigeración,[11] que  si se considera el ciclo de vida del producto, tarde o temprano, cuando la máquina se rompa, se van a liberar a la atmósfera. Algunas empresas alemanas (Münster, Trapp Rohstoffe, etc) ya están haciendo la recuperación de los cfc de los refrigeradores, y también de contenido en las espumas poliuretánicas, pero el costo económico del proceso es muy alto.

1.3. Uso de recursos naturales renovables.

Es sabido que toda actividad humana genera impacto, y que la idea de sustentabilidad "fuerte" -es decir, el uso de un recurso asegurando que las generaciones futuras también lo puedan utilizar -es imposible, pero es más fácil acercarse a un concepto de sustentabilidad "débil" si los recursos que utilizamos son renovables; y mantenemos su uso están dentro de la tasa natural de renovación. Esta idea ha incentivado en los últimos tiempos el diseño con materiales como bambú, maderas de bosques replantados y cestería, lo que ha llevado a una búsqueda en las tradiciones constructivas y artesanales de  pueblos aborígenes de distintos lugares del mundo. Aparecería así una dimensión "ética" de la madera: es preferible diseñar con maderas blandas, de crecimiento rápido y no con las  maderas duras, de crecimiento lento.[12]

El bambú también ha dado en tiempos recientes muestras de sus posibilidades de aplicación. De manera similar a la madera, industrializable en paneles laminados o prensados, el bambú puede utilizarse para realizar aglomerados, prensados y laminados de distinta índole, con dos ventajas adicionales: determinadas prestaciones en lo que hace a su fibra son superiores a las de la madera, y su asombrosa capacidad de crecimiento lo hacen un material barato y renovable.[13]

1.4. Reciclado.

Una de las puntas para el diseño ecológico ha sido el reciclaje en general. Esto tiene varias vertientes: en lo que respecta al uso de materiales reciclables, por ejemplo, Crysler hace años que viene anunciando la creación de un auto prototipo, cuya carrocería está hecha casi íntegramente de plástico de botellas (PET) reciclado, lo que además de tener un menor costo que el acero tradicional de las carrocerías, permite bajar el peso del automóvil en hasta un 40 %, con el consiguiente ahorro de combustible. Según esta empresa, el auto costaría la mitad que un auto tradicional. 

En esta variante de usar productos de desecho, Philips Stark diseño en 1999 el televisor “Jim Nature”, cuya carcaza está hecha de desechos de madera aglutinados por una resina no tóxica y su aspecto general se asocia con un elemento innovador, desmontable y reciclable. En la corriente de agregar buen diseño al reciclado se inscriben cientos de productos y actividades (desde lápices producidos con la combinación de plásticos reciclados y grafito hasta certámenes internacionales o nacionales que premian la utilización de materiales reciclados)[14]

Otra de las vertientes es el reuso de un producto (en general, un contenedor) con distinto uso al que fue específicamente diseñado.  Entre los ejemplos más antiguos, se encuentra el uso de ánforas para llenar muros en la Roma antigua (recordemos que las cúpulas romanas se basaban en un anchísimo muro perimetral para sostenerse) y más recientemente, en la década del ´70, la experiencia de un grupo holandés de arquitectura que propuso diseñar las botellas de cerveza de modo que el cuello de una encastre en el fondo de la otra. Si se rellenan con arena, pueden usarse de ladrillos con un excelente comportamiento térmico.

2. Escala arquitectónica: guardando la energía.

Tal vez sea en la escala arquitectónica donde más haya tardado en hacerse visible la necesidad de buscar una mejor adaptación entre las construcciones y la naturaleza. El triunfo del Estilo Internacional en arquitectura -edificios de oficinas que eran prismas acristalados, implantados en todo el globo, de Houston a Buenos Aires- fue tan abrumador desde 1945 en adelante que no parecía necesario considerar al ambiente.[15]  En algunos casos esta autonomía llegó a predicar la necesidad de fabricar casas como automóviles, es decir independientes totalmente del lugar donde se implantarían[16]

Pero como muchas cosas acabaron con la crisis energética de 1974 y la multiplicación del precio del barril de petróleo, lo que llevó a cuestionarse la construcción de edificios solipsistas, que se creían independientes de su clima y entorno y en realidad sólo eran habitables en base a un abrumador subsidio energético. Una de las primeras resoluciones en EEUU de aquellos años simplemente bajó 2 grados centígrados la temperatura de confort con la que estaban calibrados automáticamente los edificios, logrando un millonario ahorro energético sin pérdida real de comodidad. Sin embargo, todo el sistema estaba cuestionado y de a poco fueron apareciendo diseños que tenían en cuenta, al menos, el clima local.

Otro de los problemas aparecidos a los pocos años del "triunfo" del Estilo Internacional fue el los "edificios enfermos": se empezó a detectar que los empleados que pasaban largas horas dentro de los edificios con aire climatizado -cubos herméticos de acero y vidrio- se enfermaban mucho más que antes. Se descubrió que la mala ventilación era el problema. Ese efecto fue acentuado por la crisis del petróleo ya mencionada que, para ahorrar costos, disminuyó, además de la temperatura, la cantidad de renovaciones diarias de aire. Las alfombras, el polvillo y los contaminantes de las fotocopiadoras y tal vez las radiaciones no ionizantes[17] contribuían también a provocar enfermedades, que obligaron a enérgicas tareas de refacción en algunos casos, luego de catalogar el caso como "un edificio enfermo"

¿Cuáles son los mecanismos utilizados por la arquitectura para considerar los problemas ambientales? Se podrían sintetizar en los cuatro mismos que hemos visto para el diseño industrial, con diferencias en los porcentajes de uso de cada uno. Veamos como se verifican

2.1. Imitación de los mecanismos de la naturaleza:

Las primeras búsquedas de inspiración de los arquitectos en la naturaleza fueron meramente formales. Sin entrar en los antecedentes clásicos -las columnas egipcias, los órdenes griegos, etc- en el siglo XIX John Ruskin, de quien ya hemos hablado más arriba, hizo detallados estudios de las formas de las nubes y las hojas para influir sobre los diseños arts and crafts. y Victor Horta aplicó parte de estos estudios a casos tan refinados como su propia casa.

Pero en lo que excede a lo formal, los intentos más serios de imitación de los mecanismos naturales aparecieron en los últimos años.  Una de las respuestas buscadas por los arquitectos fue la mejora del rendimiento de las casas, a través de lo que se dio en llamar bioclimatismo. Esto implicó buscar no solamente ejemplos en la naturaleza -como los sistemas de refrigeración de las colmenas- sino y sobre todo, en las construcciones de civilizaciones "primitivas" que sin embargo hacían miles de años que venían perfeccionando sus métodos de control climático. Viejos trucos como usar la propia topografía para protegerse del clima,  invernaderos, muros acumuladores de calor, rejillas de ventilación natural, patios interiores, materiales con gran inercia térmica y sobre todo un cuidadoso relevamiento de las situaciones de asoleamiento y la disposición geográfica son rescatados por los arquitectos que hacen del bioclimatismo su emblema.

Se dio aquí un proceso similar al que los ecólogos llaman "adaptación paralela": aparecen mecanismos similares en seres sistemáticamente muy diversos, como consecuencia de una acomodación a un mismo fin. Así como la naturaleza inventó aletas para seres de origen tan diverso como peces y delfines, los arquitectos que trabajan en zonas desérticas terminan desarrollando los mismo mecanismos que habían inventado los más antiguos pobladores del lugar, desde patios sombríos de baja presión (que generan corrientes de aire fresco) a parasoles de alta tecnología que se regulan según la heliofanía de las  estaciones del año (función que en las viviendas primitivas cumplía... una enredadera de hojas caducas) 

Tal vez el artefacto natural que haya tenido mayor cantidad de intentos de imitación haya sido la piel, o las membranas biológicas en general. El concepto de piel para los edificios,  con funciones ambientales múltiples no es nuevo, ya lo había ensayado Le Corbusier (nuevamente el Corbu) en su propuesta de muro neutralizante, ensayado en distintos proyectos desde el Centrosoyus (Moscú, 1928) a la la Ciudad de Refugio (París, 1933) y luego lo llamó "muro de respiración exacta"[18]que fracasa debido a las limitaciones técnicas de la época. J. Nouvel ensayó en los ´80 un curtain wall plagado de células fotoeléctricas que se abrían y cerraban con la luz del sol para su palacio del Mundo Arabe en París, y más recientemente, N. Foster desarrolló una versión de alto rendimiento de este mur neutralizant para el parque científico y Comercial en Duisburg. La idea en general de todos estos proyectos es una piel artificial que cumpla todas las funciones de una piel natural: con la menor  materialidad posible, regular la transmisión de calor,  luz y sonido, evitar la condensación, etc. La evolución de la tecnología del vidrio (vidrios con cámara de vacío en 1940, vidrios coloreados en los ´60, reflectantes en los ´70, de reflexión selectiva en los ´80, vidrios sensibles electromagnéticos en los ´90) y de los pegamentos (siliconas de enorme adherencia) hacen que en la actualidad el concepto de piel activa, inteligente, esté mucho más cerca de su realización, aunque siempre a un altísimo costo inicial. 

2.2. Ciclo de vida del producto:

Hasta la crisis ambiental de los ´70 solamente se había considerado el costo de producción de la vivienda, sin considerar, al igual que en el caso de los productos, ambos extremos del sistema productivo. Esta "insensibilidad" del arquitecto se veía agravada, además, por el hecho que la vivienda, al ser de mucha más larga duración que un auto o una heladera, no hacía tan notoria el problema del gasto de energía invertido en la fabricación de los materiales de construcción, así como los desperdicios ocasionados por la producción de la vivienda.  Sí se había empezado a trabajar desde hacía años en el ahorro del consumo de energía de la vivienda y de los grandes edificios públicos.

Los eventos más recientes en este sector se dan a través de dos puntas posibles de investigación. Por el lado de la ciencia, los arquitectos denominados "high tech"  que durante la década del ´60 habían avanzado en visiones futuristas de la arquitectura, trabajan durante los ´90 en "ecoproyectos", con distinto grado de credibilidad. N. Foster, con sus diversos proyectos de torres, incluida la del Commezbank[19] o su edificio para el Parlamento Alemán (que genera incluso más energía que la que consume), R. Piano con el aeropuerto de Kanzai (cuyo corte tiene un sofisticado sistema de circulación de aire laminar, sin necesidad de forzarlo mediante máquinas)[20] o sus torres verdes; R. Rogers con la corte de Burdeos, responden mediante más tecnología a las problemáticas ambientales de fines del siglo XX. En general, muchos de estos proyectos revelan más una "fachada verde" que un real convencimiento de la necesidad de una arquitectura sustentable.

La otra punta la dan arquitectos como Hassan Fathy y otros profesionales del tercer mundo, que buscando inspiración en la arquitectura tradicional de sus países redescubren algunos de los trucos más antiguos para mantener las viviendas frescas o cálidas, según sea necesario. Obviamente, en estos tiempos con amplio predominio informativo del imperio angloamericano, se conoce poco sobre la actividad de estos investigadores.

Una variante interesante pero poco explorada (o tal vez abortada) fue la de experiencias argentinas como Amancio Williams o mejor, Wladimiro Acosta, quienes buscaron la unión entre modernidad, clima y uso en muchos de sus proyectos.[21]  Algunas de las ideas de Williams (quien excepto la famosa y tristemente abandonada Casa del Puente, en Mar del Plata, no construyó nada) reaparecieron cincuenta años después en obras de Foster, tal vez meramente porque ante mismos problemas, se encontraron mismas respuestas. No es la primera vez que esto sucede en la historia de la tecnología.

2.3. Uso de recursos naturales renovables.

El tipo de materiales utilizables para la construcción genera también polémica. Los edificios, a diferencia de los productos, deben durar mucho tiempo, y eso puede inhibir ciertos materiales. O puede generar un tipo diferente de respuestas. Por ejemplo, ante el deseo de perdurar, una posibilidad es construir pirámides de piedra, como lo hicieron los egipcios. Les dio resultado, ya que hace más de 4000 años que están en pie, record que difícilmente homologuen nuestros más orgullosos edificios. La otra es hacer edificios de madera, cuyas partes se vayan cambiando a medida que se pudran, como los templos sintoistas japoneses, que en un dispositivo casi genético reemplaza las partes viejas por partes nuevas, manteniendo el diseño original  

En la actualidad, dos de las principales acusaciones a la industria de la construcción desde el lado del medio ambiente son el uso de recursos no renovables y el ingente gasto energético utilizado para elaborar los materiales de construcción. Para el primero de los temas, no existe solución: el hierro y el aluminio se acabarán algún día[22]. Pero para el segundo de los temas, sí puede haber elección. Si se usa aluminio, el gasto energético para producir un material de resistencia equivalente es 15 veces superior a si se usara hierro y unas 150 veces superior a si se usara madera[23]. Algo similar sucede con el cemento: para producir una tonelada de cemento se utilizan 900.000 kcal, normalmente logradas quemando combustibles fósiles.[24]

Otra de las objeciones importantes que se le hace a la construcción tradicional es el uso de tierra fértil para hacer ladrillos, lo que sería remediable haciendo ladrillos de desechos industriales (hay, desde hace tiempo en Europa, ladrillos hechos con desperdicios de siderúrgicas, etc) En algunos municipios de la Provincia de Buenos Aires, que poseen los suelos más fértiles del mundo, se han dictado en los últimos años y con el objetivo de proteger ese patrimonio, ordenanzas que prohibirán, en un plazo relativamente breve, la extracción de tierra fértil para fabricar ladrillos.[25] En otras provincias, como en Río Negro, se están haciendo experimentos para utilizar como materia prima para fabricar “ladrillos ecológicos” tierras que han sido contaminadas por la industria petrolera[26]

¿Qué otros materiales se están utilizando en el mundo? El bambú, como ya comentamos en la sección de diseño industrial, tiene grandes ventajas desde el punto de vista del ambiente. En Colombia se vienen desarrollando desde hace años proyectos realizados en guadua (una variedad de bambú) con la cual se elaboran viviendas bellas, económicas y lo que es mejor, adaptadas al clima local y reciclables. Sembrando 80 plántulas de guadua en un área de 1.300 m2 se puede al cabo de 4 o 5 años "obtener de una sola vez" un guadual desarrollado, con el material aproximado correspondiente a 130 tallos o culmos requeridos para construir los muros y estructura de vigas superiores y columnas necesarios para una casa de 60 M2 además que el guadual como cultivo perenne sigue productivo.[27]  Esta productividad es posible en muchas zonas del planeta: de un guadual, del tipo zona cafetera, técnicamente explotado se pueden obtener 1.300 tallos de guadua por hectárea/año; lo cual significa obtener el material básico para construir 10 casas/año. En Costa Rica en el año 1988 no había guadua - habían otras variedades de bambú - y a solo 3 - 4 años de sembrada se construyeron 2.000 viviendas en éste material; el "Proyecto Nacional del Bambú" (PNB) se decidió construir 7.200 casas de bambú a bajo costo.  En Bangladesh hay 15 millones de casas hechas de bambú.

Desde el otro extremo, el hipertecnológico, Nicolas Grinshaw diseñó el Proyecto Edén en la década del ´60. Pero sólo se pudo llevar a la realidad 30 años después. Aquí la idea es recrear un medioambiente totalmente artificial, bajo una cúpula.

El punto más crítico en cuanto al uso de recursos renovables es la energía. La mitad de energía que se consumía en Europa en la década del ´90 se destinaba al mantenimiento de los edificios[28].La nueva generación de edificios se destaca por tener una serie de estratagemas constructivas que llevan a disminuir el gasto energético en calefacción o refrigeración. Vaya como ejemplo el City Hall de Londres, inaugurado en julio de 2002, un edificio de gobierno con una curiosa forma oval (la pelota de rugby, ya lo han bautizado los londinenses) diseñado por N. Foster y su equipo. Dice uno de sus constructores "El edificio fue diseñado de manera que no tenga ni fachada ni parte de atrás en términos convencionales. Esta forma garantiza un máximo de ahorro en energía al minimizar la superficie que está expuesta  a la luz del sol. Hemos analizado la actividad solar a lo largo del año, de modo de inclinar el edifico de la manera más conveniente"[29] El sistema de refrigeración, además, bombea agua fría desde napas subterráneas a 140 metros bajo tierra, y el aire fresco recorre todo el edificio por una serie de discretos agujeros colocados a la altura de los escritorios de cada oficina. Estas y otras técnicas (células fotovoltaicas, ahorro en luz para iluminación, etc) harán que el edificio consuma apenas una cuarta parte de la energía que normalmente necesita una torre de ese volumen, con aire acondicionado.

En general, todas estas técnicas no implican abandonar la tecnología moderna en bloque, sino plantear construcciones mixtas, con lo mejor de ambos mundos: aparece así una curiosa mezcla de materiales, como cañas unidas por tornillos metálicos o edificios de hormigón con aleros de paja

2.4. Reciclado.

También aquí aparece la doble posibilidad: usar productos de construcción reciclados o reciclables; o reciclar los edificios con respecto a su uso, una vez hayan cumplido su primer cometido.

En la primera de la vertientes, existe una tradición del Movimiento Moderno que se remonta a las propuestas de viviendas temporarias realizadas por Le Corbusier después de la segunda Guerra Mundial, y se actualiza recientemente después del terrible terremoto de la ciudad japonesa de Kobe, en el año 1995, donde se implementó un sistema de viviendas en base a tubos de cartón. Shigeru Ban, un arquitecto japonés nacido en 1957, venía investigando las nuevas posibilidades constructivas de materiales no convencionales, como los PTS (paper tube structure), desde la década del ´80. Estas viviendas temporales se apoyan sobre cajas de cerveza rellenas de arena, para evitar el contacto con el suelo húmedo y en conjunto ofrecen un curioso aspecto cruza de prolija villa con campamento, atravesado con cierta tecnología que se evidencia en los tensores metálicos que dan resistencia al conjunto. Fue importante en esta experiencia la eficacia, en términos económicos y de tiempo, para solucionar el problema.

El mismo Ban realizó para el Pabellón Japonés de Hannover 2000 una estructura híbrida de tubos de cartón y madera laminada. El concepto de mínimo impacto permanente sobre el ambiente –una de las variables más realzadas por algunos de los sistematizadores de la arquitectura ecológica, como Ken Yean- se extiende hasta los cimientos, que fueron realizados con tablones de andamiaje rellenos de arena en vez de hormigón.

Se puede homologar el reciclado de productos al reciclado de edificios. Si bien la arquitectura y sobre todo la teoría de la arquitectura había trabajado hace años con este concepto (véase todo el desarrollo de las tipologías y su carácter invariante en Aldo Rossi y sus seguidores) hay en la última década del siglo XX una actualización del tema. Sobre todo en las ciudades europeas, tanto el cambio de usos de vivienda a comercio como la terciarización de la producción[30] y de las funciones urbanas llevaron a un cambio de funciones en los edificios. Viejos galpones industriales convertidos en oficinas (Puerto Madero) o vivienda (docks de Londres), fábricas transformadas en edificios culturales, usinas transformadas en museos (Tate Gallery) fueron tema obligado en los últimos años del siglo XX y obligaron a un reciclaje que, en muy pocos casos llevó aparejado el uso de pautas ambientales en el diseño.

En la ciudad de Viena se ha reciclado en el año 2001 cuatro enormes depósitos cilindricos de gas licuado, construidos en 1896, de 72 m de altura y 64 de diámetro, transformándolo en viviendas, con proyecto de Coop Himmelblau, Jean Nouvel y otros.[31]

3. Ciudad y ambiente: una urbe más sana.

A partir de la crisis del petróleo de la década del ´70, comienza a hacer crisis el modelo de ciudad expandida, cuyo prototipo es Los Angeles. La Carta de Atenas, en la década del ´30, proclamaba el ideal de una ciudad estrictamente zonificada, para evitar las molestias de los usos residenciales e industriales superpuestos. La lógica conclusión de ese tipo de ciudad fue una urbe extendida en el territorio, con un núcleo central de comercios y suburbios cada vez más lejanos de viviendas, que terminaron por conformar las ciudades dormitorio. Esto implica un enorme gasto energético en transporte (un cuarto del gasto de energía total en los ´90 en Europa era exclusivamente para transporte[32]) un uso irracional del suelo, muchas veces fértil, que se desperdicia bajo hectáreas de pavimento, y la necesidad de repensar adonde se dirigen la enorme cantidad de residuos y efluentes creados por la ciudad.

Hubo en esos años de principios del siglo XX otras respuestas alternativas, que no prosperaron, como fue la de la extensión de la ciudad a escala territorial, proclamada por los desurbanistas rusos. Aquí, la idea era dominar una vasta región en base a una ciudad lineal que podía, en principio, medir cientos de kilómetros. Esto hubiera implicado ciertamente una distinta relación sociedad/naturaleza, pero esas ideas no prosperaron y la edificación de ciudades en la esfera soviética sufrió, a pesar de no existir la presión negativa de la especulación inmobiliaria, una similar ignorancia de la realidad natural subyacente.[33]

Independientemente de las utopías del siglo XX (como las megaestructuras de Iona Fridman o incluso los bocetos de Le Corbusier para Rio, Argel o Montevideo) y de las experiencias que no florecieron, la nueva relación sociedad/naturaleza se da actualmente bajo el rótulo de "ciudades sustentables". Una síntesis metafórica de estos intentos se observa en el pabellón holandes para la Feria Hannover 2000  Allí, el estudio de arquitectura MVRDV diseño un edificio que superpone en varios niveles distintos tipos de paisajes artificiales, estratificando en una réplica de ciudad muy densa (lo contrario de lo expresado para Los Angeles), un artefacto que ahorra espacio, energía, tiempo e infraestructura. Pero saliendo de las metáforas pabellonarias ¿Cómo se puede hacer más sustentable una ciudad a través de su diseño? Veamos los cuatro parámetros que ya aplicamos al diseño y a la arquitectura, aplicados a la escala urbana.  

3.1. Imitación de los mecanismos de la naturaleza:

La ciudad tradicional del siglo XX pretendía ignorar en su diseño los ciclos de la naturaleza. Parecía que la tecnología podía suplir toda deficiencia del sustento territorial, y de hecho en la década del ´60 se estaban pensando colonias lunares autosuficientes. Ejemplo de esta tendencia son los proyectos de Plugin City (1969) y Walking City (1964) ambos del grupo inglés Archigram. En el primero de los casos, una omnipresente infraestructura de abastecimiento y de recogida de los desechos permitirìa enchufar (plug) cada unidad habitacional en donde uno lo quisiera. En el segundo de los casos, el cambio era más absoluto: directamente, la ciudad extraía enormes patas de sus entrañas y caminaba (walk) cuando se agotaban las posibilidades de un lugar, o se aburrían sus habitantes. La cúspide de la utopía tecnológica.

En cambio, las nueva tendencias de urbanismo sustentable de la última década del siglo XX  implican el tener en cuenta el ciclo completo del agua: el escurrimiento de la lluvia, la necesaria recarga de los acuíferos, la previsión de menores inundaciones urbanas, etc. Ejemplo de una ciudad diseñada exnovo con este criterio es  Woodlands, en Texas[34]. Es una zona que por razones climáticas, tiene una estación de fuertes lluvias y suelos insuficientemente drenados, que entonces, es propicia a las inundaciones. Sin embargo, para el diseño urbano (no sólo lo visible, sino la infraestructura) se partió de los siguientes objetivos: conseguir la máxima recarga de los acuiferos, frenar la erosión, proteger los suelos permeables y proteger los habitats más salvajes de la zona. Los mecanismos de diseño utilizados fueron sencillos, pero eficientes: Las rutas principales se emplazaron en las partes altas, alejadas de las zonas de drenaje; las calles secundarias se orientaron perpendiculares a la pendiente y se diseñaron como barreras para impedir el flujo sobre terrenos muy permeables; para las áreas pavimentadas se utilizaron pavimentos porosos, se empleó el drenaje natural de riachuelos, cascadas y estanques y se relacionó la red de espacios públicos con el sistema de drenaje y con la vegetación. Para eso se tuvieron en cuenta las llanuras de inundación de las corrientes existentes desde hace 100 años. El factor de ocupación del suelo permitido no fue un número abstracto, sino que se puso por zonas, en función del tipo de suelo y su capacidad de absorber agua de lluvia.

A un nivel de metáfora o analogías, en el campo del urbanismo, la naturaleza también funciona como fuente de inspiración.[35] El Movimiento Moderno, en las primeras décadas del siglo XX, había trabajado bastante con la analogía de la ciudad como un organismo: la ciudad de negocios (la cabeza), las vías de circulación (las venas y arterias), los parque urbanos (los pulmones verdes) etc.

En la etapa posmoderna, en cambio, las nociones de flujos (de transporte, de mercancías, de información, de personas) se ponen de moda como la metáfora más adecuada para organizar la ciudad de fin de milenio.  En ese aspecto se puede hablar del Eurotunel, bajo el canal de la Mancha y sus dos extremos: en Inglaterra, la estación Waterloo, de Grinshaw, que repite un diseño anterior del propio Grinshaw: una estructura transparente y curva que deja ver los movimientos de los flujos de transporte que allí se realiza. En el lado francés, la ciudad de Lille, con su rediseño en base a los flujos de transporte e información realizado por el polémico Rem Koolhas.

3.2. Ciclo de vida del producto:

Así como en el diseño arquitectónico tradicional solamente se consideraba la construcción de la vivienda, en la planificación urbana tradicional se consideraba solamente el proyecto o el problema en sí, en general despreciando o subvalorando las sinergias con otros problemas. Así, el transporte era considerado solamente como un tema de distribución de pasajeros, cuando en realidad tiene implicancias sobre la contaminación sonora, del aire, sobre el uso global de combustible en la ciudad, sobre el congestionamiento de tránsito, etc. La consideración aquí del ciclo del producto implica no sólo tener en cuenta el pasajero desde que sale hasta que llega, sino toda la red o árbol de problemas que genera el transporte y sus implicancias ambientales.

No es casual que una de las herramientas de gestión que actualmente tienen mayor uso, las Eavluaciones de Impacto ambiental (EIA)  incluyen todas las fases: construcción, actuación o vida útil y desactivación. Esta es otra manera de tener en cuenta el ciclo del producto: medir que los impactos de un emprendimiento urbano no sólo se producen durante el funcionamiento, sino también antes, durante la crítica etapa d ela construcción, y después, cuando se desactiva. Tampoco es casual que las EIA se estén usando cada vez más como ayuda para el proyecto, para prever las consecuencias de éste y por consiguiente, intentar evitar ya en la fase del diseño aquellos impactos mayores. Las nuevas generaciones de Estudio de Impacto Ambiental, incluso, van un paso más atrás, ya que pretenden evaluar antes que los proyectos las políticas a llevar a cabo y sus consecuencias sobre el ambiente, en la llamada Planificación Ambiental Estratégica.

La consideración del ciclo de vida del producto, como se dijo, implica pensar la totalidad del proceso, desde su fabricación hasta su disposición final. Pero: ¿Qué pasa cuando este producto es un ser vivo, o mejor dicho, miles de ellos? Los parques y plazas públicas se diseñaban hasta hace poco tiempo con una concepción finalista: el plantado de los árboles se hacía pensando en su tamaño final, de adultos. El ideal era un bosque maduro, o boulevares con grandes árboles, copiados de las mejores avenidas europeas. Esto condenaba a (por lo menos) una generación de ciudadanos a esperar el crecimiento del árbol[36]; y además limitaba su vida útil: los árboles también mueren, y el bosque o parque urbano envejece. La observación y el estudio de los ciclos naturales ha llevado, en cambio  la idea de sucesión gestionada para el arbolado urbano: plantar árboles y arbustos de distintas especies, con distintas velocidades de crecimiento, de modo de asegurar desde un instante casi inicial características de habitabilidad y disfrute al lugar, gestionando su futuro, raleando en los momentos adecuados, etc. Un parque dinámico, copiando mecanismos de la sucesión ecológica natural.

3.3. Uso de recursos naturales renovables.

Ya a principios del siglo XX  el urbanista y filósofo Lewis Munford escribía: "La ciudad constituye un hecho de la naturaleza, lo mismo que una cueva o un hormiguero. Más también es una obra de arte consciente, y continua, que incluye dentro de su armazón comunal, muchas formas de arte más simples y más personales. La mente adquiere forma en la ciudad y a su vez las formas urbanas condicionan la mente. El espacio, lo mismo que el tiempo, se reorganiza artísticamente en las ciudades, en las líneas periféricas y en las siluetas de los edificios" [37]

El principal recurso que consume la ciudad es energía. Hasta ahora, son energías no renovables, básicamente petróleo y gas. ¿Será posible una ciudad cuya energía sea mayoritariamente renovable?  En todo el mundo, a partir de la crisis del petróleo de 1974, se están haciendo experimentos para reducir el consumo global de una ciudad (esto es, no sólo la energía más fácil de medir, la consumida por las viviendas, sino la sumatoria de todos los gastos públicos y privados en transporte, calefacción, iluminación, etc.)

Una de las maneras es encontrar la densidad adecuada para la ciudad. El modelo de urbe norteamericana, extendida en el territorio, es una enorme devoradora de combustible, principalmente por la distancia que a diario tienen que recorrer sus millones de habitantes de ida y vuelta al trabajo. La relación entre densidad y consumo de combustible se hace evidente en estos números: Houston, Texas, con 8 personas /has consume 4,5 veces más nafta por persona que Copenhague,  con 30 personas /has.

El cambio de hábitos de transporte privado a transporte colectivo es otra de las maneras de reducir el consumo de combustible, sin alterar drásticamente nuestro modo de vida. Un tren subterráneo promedio transporta una cantidad de personas equivalente  a 12 colectivos, o a 1440 autos. Esto nos lleva a plantear si queremos una ciudad para el auto o ciudad para el peatón. Algunos autores[38] han trabajado sobre una idea original, la de “ciudades para niños” con la idea de que si una ciudad es amigable para aquellos con menores capacidades, también lo será para todos.

Pero no es sólo eso: también consume suelo fértil a través de la urbanización desaforada. Debajo de  ciudad hay un terreno, en nuestro país generalmente fértil, a veces con 50 cm de humus, como en la región pampeana, suelos envidiados en todo el planeta, cuencas de arroyos semipermanentes, zonas inundables, dunas en la zona costera. Pero, ¿Qué sucede en los bordes de la ciudad, en su encuentro con el campo? La problemática de lo que se ha dado en llamar periurbano es interesante, y recién en los años recientes ha comenzado a desarrollarse adecuadamente.

Uno de los esquemas posibles para entender esta zona lo brinda Morello[39], quien habla de los servicios ecológicos que el campo le brinda a la ciudad y de los servicios urbanos que la ciudad le brinda al campo. En la interfase entre ambos, está el periurbano. Lo extraño de esta zona y lo que hace difícil su manejo es la dilución de ambos tipos de servicios, en un anillo alrededor de las ciudades que no tiene todas las ventajas del campo ni todas las de la ciudad, pero que potenciado adecuadamente puede ser una interesante fuente de información sobre el estado inicial de la ciudad y un lugar ideal para experiencias educativas, en las cuales se demuestre que las calles no siempre fueron de asfalto.

Entre los servicios urbanos que se atenúan o desaparecen están los de agua corriente, electricidad, desagües pluviales, pavimento y recolección de residuos. Y entre los servicios ambientales que presta el entorno rural y se disminuyen en esta interfase están la absorción de dióxido de carbono, la transformación de energía solar en energía química por la actividad fotosintética de la vegetación (energía que luego es aprovechada como alimentos, la descomposición de materia orgánica, el reciclado de nutrientes, la conservación del equilibrio de las poblaciones animales y vegetales, la obstaculización de la proliferación de plagas, la regulación del flujo de agua y la absorción de crecientes fluviales o de lluvias rápidas.

En cambio, mal manejado o ignorado, el periurbano es seguramente una fuente de problemas. “El conflicto por la tierra entre ciudad y campo es especialmente dramático en las dos grandes aglomeraciones de la pampa ondulada, Rosario y Buenos Aires, pues la expansión urbana no sólo avanza sobre los suelos con mejor capacidad agrícola sino, también, contribuye decisivamente a la destrucción de la relativamente alta biodiversidad originada en la confluencia de dos ecosistemas de distinto linaje”[40]

3.4. Reciclaje:

De nuevo, como cuando hablamos de arquitectura, el reciclaje puede ser entendido de dos maneras. Una de ellas es el reciclaje de productos generados o consumidos en la ciudad. El otro es el reciclaje de zonas urbanas, cambiando generalmente sus funciones.

Con respecto a la primera de las formas de considerar el reciclaje, tal vez el problema más visible de las ciudades actuales es el de la basura domiciliaria. En todo el mundo se están llevando a cabo miles de iniciativas tendientes a solucionarla. Las variantes más completas implican atacarla desde el principio a la disposición final: producir menos, separarla, disponerla diferencialmente, etc. Algunos ejemplos: la ciudad de Viena ha puesto en práctica una normativa ingeniosa: Los industriales son propietarios (y responsables) de lo que fabrican, por lo tanto los ciudadanos de Viena pueden devolver el envase usado a su fabricante por ley. Naturalmente que como no están dispuestos a llevarlos a la fábrica, el fabricante pasa a retirarlo por su casa. El municipio recoge los residuos de los ciudadanos pero no los envases comerciales utilizados por las industrias. Si la industria considera que el cliente se sentirá mejor atendido por el hecho de presentar sus productos bajo este envoltorio, está en su derecho, pero eso tiene un costo que tiene que internalizar en el precio del producto.[41]

En nuestros países, el reciclaje se produce en gran parte merced a la presencia de “cartoneros”, recogedores informales de basura que, sin protección ni medidas de seguridad e higiene, hacen un enorme trabajo que beneficia al ambiente a un costo nulo para la sociedad. Papel, cartón, hierro, cobre y aluminio son los principales materiales que vuelven al ciclo de la producción a través de ellos, evitando su extracción de la naturaleza. (extracción y purificación que en algunos casos, como por ejemplo el aluminio, tiene un altísimo costo energético) En algunas ciudades se han intentado experiencias de autorganización de los cartoneros en cooperativas, que brindan un grado mayor de protección al durísimo trabajo que realizan, además de permitirles adquirir cierta escala de acumulación de los elementos que recogen que les facilita la negociación con los intermediarios y obtener mejores precios.

Con respecto al segundo modo de entender el problema del reciclaje, la transformación en la ciudad de vastas zonas urbanas, las experiencias recientes son abundantes. Durante décadas, los espacios centrales de muchas grandes ciudades, tanto de países centrales como periféricos[42], habían decaído, y se había producido un proceso de degradación urbana, (tugurización) con cambio de población de clase alta o media por población de bajos recursos y deterioro de la infraestructura.[43] En los ´80 del siglo XX para los países centrales y en lo ´90 para los periféricos, ese proceso se invierte merced a la acción conjunta del Estado y corporaciones inmobiliarias, generando un proceso que se dio en llamar  gentrificación. El problema aquí es como lograr que ese proceso termine siendo socializado para todos, y no aprovechado por una sola clase social, como sucede en Puerto Madero, Buenos Aires.

4. Gran escala: el paisaje reverdece.

La disciplina paisajística había sido generalmente relegada por el Movimiento Moderno, en la primera mitad del siglo XX. Hubo intentos interesantes de reconciliar los avances maquinistas con la escala territorial, como la idea de parkway que desarrolla Olmstead en EEUU a fines del siglo XIX, las intervenciones escultoricas de la TWA en los ´30,  pero esa vertiente estuvo incubando sus resultados bastante tiempo, hasta fines del siglo XX, momento en el cual se suceden diversas propuestas paisajísticas que, sin ser retrógradas o nostálgicas, procuran construir un paisaje híbrido naturaleza/artificio. Es que el Movimiento Moderno había considerado el espacio libre y natural como un todo continuo e indefinido, ajeno a la forma de la ciudad. La ciudad no se integraba a la naturaleza, se posaba sobre ella.[44]  Sin embargo, ante las distintas crisis ya mencionadas, empieza a evidenciarse la necesidad de tratar a la escala paisajística con otras técnicas y sobre todo, con otra mirada. Recorreremos ahora esas nuevas respuestas, bajo las mismas categorías con las cuales barrimos las anteriores escalas de diseño.

4.1. Imitación de los mecanismos de la naturaleza:

Uno de los problemas de la sociedad actual es la tremenda distancia entre la producción de los objetos y sobre todo de los productos "naturales" (los alimentos que se compran en el supermercado) y su consumo. El tetrabrick de leche en el supermercado tiene tal distancia con la vaca que es imposible reconstituir el proceso que lo llevó allí, y esa es una tendencia que se está intentando revertir desde el pensamiento ambiental. En el ámbito paisajístico, esto implica recoger de la tradición hortícola conceptos como ciclo estacional, intercambiabilidad de cultivos, combinaciones de especies.  Es el caso del edificio central de la empresa General Mills, en Minneapolis, con diseño de Michael Van Valkenburgh. Es una típica construcción suburbana norteamericana, de perímetro libre, alrededor de la cual se plantaron arbustos y flores silvestres de la zona, que no se podan ni cortan con medios mecánicos, sino que se deja que lleguen a su tamaño natural, hasta que una vez al año, al final del invierno, siguiendo las tradiciones agrícolas de la región, se queman las hierbas que volverán a crecer el año entrante, demostrando de esta manera el ciclo natural.

A veces la imitación de lo natural pasa por reconstruir los efectos, no las causas. Así, en alguna de las obras del paisajista japonés Susumo Shingu, se busca recrear sensaciones que brinda la naturaleza, a través de un paisaje artificial: por ejemplo, en el parque llamado "Reflejo de agua" (1988)  siguiendo una disposición geométrica y gracias a un sencillo mecanismo, el autor reconstruye el sonido y el leve movimiento de los juncos.

Otra de las variantes en lo que hace al paisaje es el creciente peso que poseen las infraestructuras industriales en los aspectos visuales del entorno. Por ejemplo, para intentar atenuar ese impacto a través del diseño, EDF, la compañía de electricidad francesa, organizó en 1994 un concurso internacional para redefinir la estética de las torres de alta tensión (400.000 voltios) El resultado reveló tanto una cierta tendencia a la biónica (torres como árboles) como distintas influencias de las vanguardias artísticas actuales.

Cuando el hombre interviene sobre el espacio natural, sin la idea de antropizarlo totalmente o al menos con la idea de disminuir su impacto, las herramientas tradicionales de gestión y construcción de la arquitectura occidental no son suficientes. Como dice un autor español, "El principal problema es la aparente incompatibilidad entre los instrumentos de la arquitectura (el peso y la estabilidad física y temporal) y los de la arquitectura del paisaje (el continuo cambio, el fluir e interrelacionarse de los elementos que la configuran) La primera supone dominio del espacio; la segunda, necesita tiempo."[45]
Sin embargo, es posible a veces congeniar no sólo los aspectos visibilistas de la naturaleza, sino también sus mecanismos: es el caso del uso de pantanos y humedales para purificar el agua e la ciudad, efectuado en varias ciudades de Estados Unidos y Europa. Si bien a veces se objeta la posible presencia de metales pesados en este proceso, se han realizado estudios que revelan las elevadas capacidades microbiológicas y químicas del suelo para filtrar los nutrientes que serán reutilizados por las plantas, mientras devuelven agua pura al acuífero.[46]

Hay casos interesantes en los cuales el ciclo natural (o tal vez mejor, el cruce de la naturaleza con la sociedad a lo largo del tiempo) se advierte, aunque ése no haya sido la idea original. La sucesión ecológica -el proceso por el cual las especies van variando su dominancia sobre un territorio, hasta llegar al "climax"-  se da muchas veces en el terreno de la intersección entre sociedad humana y naturaleza. Así como una pradera puede virar a bosque con el transcurso del tiempo, a medida que el ecosistema "envejece", un territorio ocupado desde hace milenios por humanos puede ser reconquistado por la naturaleza, a veces sola, a veces con ayuda humana. Es el caso de toda la cuenca del Ruhr, en Alemania, que merced al proceso de desindustrialización efectuado desde la década del ´80 inició una transformación paisajística. El proyecto se llamó IBA Emscher Park y consistió en una serie de emprendimientos a lo largo de toda la cuenca del río, a veces reciclando edificios industriales, a veces curando las heridas del paisaje, rehaciendo la comarca destruida por excavaciones y antiguas escombreras, pero siempre sin ocultar su anterior uso fabril.[47]

Otro caso en el cual se procura volver a un estado natural sin perder la historia es el del Parque de la Memoria, en Kalkriese, Alemania, obra de los arquitectos Gijon y Guyer[48],  donde se efectúo en el año 30 antes de Cristo una feroz batalla entre romanos y bárbaros, de la cual, obviamente, no quedan huellas actuales, pero el proyecto paisajístico contempla recuperar de la naturaleza esos ecos de memoria a través de tres pabellones y una serie de recorridos reales pero con contenido metafórico.

4.2. Ciclo de vida del producto:

Entender el ciclo del producto implica, en el campo del paisaje,  entender de donde viene lo que estamos viendo. La historia ambiental de ese lugar. En algunos casos, las heridas causadas por la historia productiva del lugar adquieren características desmesuradas, como suele pasar en las canteras a cielo abierto, abandonadas, en donde la transformación de una antigua mina en un paseo turístico puede ser una tarea paisajística. El caso paradigmático al respecto es la restauración del Volcán Croscat, cerca de Olot, Gerona, España, realizada por Filgueras y Font en 1994[49]. Se partió de un estado inicial casi apocalíptico, con maquinaria abandonada y un corte brutal de 180 metros de profundidad y 30 de ancho, con paredes de 80 º de inclinación. Faltaba un volumen de piedra imposible de rellenar, ya que hace siglos que esta cantera era explotada. Sin embargo, una inteligente transformación, denominada "autosuficiente" por los autores, ya que no requirió el aporte de tierras extras, hizo de esta grieta un parque turístico que no olvida ni oculta su pasado, sino que por el contrario lo transforma en una experiencia pedagógica. Se recuperaron además especies de vegetación originales y se incluyeron elementos artificiales (como muros contenedores y un patio de esculturas) que complementan el trabajo, en una intersección construcción humana/construcción natural que enriquece la percepción de ambas.

Algo similar ocurre en otras experiencias, en las cuales la consideración del pasado del paisaje sirve como eje temático para su reconstrucción. Un caso es la recuperación de las antiguas trazas de huertas de ribera en Issoudum, en la región francesa de Indre, realizada por Desvigne y Dalnoky o en el Parque Sausset,   cerca de París, realizada por Michel Corajoud, 1981-1993. En este caso se  trata de un parque forestal con distintas escenas paisajísticas: bosque, parque urbano, pradera. El diseño está basado en contrastes entre los bordes y el claro del bosque, y plantea una reflexión sobre la naturaleza de los grandes espacios verdes y la necesidad de conservar su identidad agrícola, forestal y natural. No son parques naturales, ni son escenas bucólicas: son en ambos casos reconstrucciones artificiales, modernas, muchas veces casi abstractas de los procesos históricos-sociales-naturales que llevaron a que ese lugar sea así y no de otra manera.

La otra manera de entender el ciclo de vida del producto en la escala del paisaje tiene que ver, como en las escalas anteriores, con el gasto energético total que requiere en su vida útil, no solamente para su construcción. Los gastos de ejecución + mantenimiento constante. En ese aspecto, un parque urbano tradicional, el típico espacio de césped cortado de la tradición norteamericana, requiere un enorme gasto energético que se traduce rápidamente en la ecuación económica: según el Instituto del Césped de Tennessee, en EEUU se gastan 30.000 millones de dólares al año en este proceso. Esos costos pueden incidir fuertemente en ciertos presupuestos, sobre todo si el responsable es el Estado, generalmente el Estado Municipal[50] En algunos lados se está trabajando con una solución natural al problema: ovejas cortadoras de césped. Una compañía petrolera en Toronto calculó que 10 ovejas mantienen el pasto de su terreno, en terraplenes  de 1,6 has de terraplenes con alta pendiente que rodean los tanques de combustible, a mucho menor precio que lo que gastaban en cortar el césped. Compran las ovejas en  primavera y las vuelven a vender en el otoño[51]

Por último, hay un tema con respecto a la relación entre diseño del paisaje y ambiente que consiste en el estudio de los distintos modos de percepción: desde la velocidad del auto, la contemplación desde el aire, etc

4.3. Uso de recursos naturales renovables.

El paisaje puede ser una fuente de gastos, un terreno en el cual se debe invertir mucho dinero (generalmente dinero estatal) o tener en cuenta el comportamiento natural del territorio y de los esquemas productivos tradicionales. Tal es el caso del Parque ecológico de Xochimilco en México,  que rescata el tradicional sistema de cultivo en chinampas, pero convirtiéndolo a su vez en un parque recreativo.

La naturaleza, a su vez, tiene sus tiempos de regeneración de los impactos que le causa el hombre. Así, hay numerosos casos en los cuales el paisaje se construye, o reconstruye, merced a un nuevo aporte de los ciclos naturales. La reconquista “natural” de terrenos que ya habían sido antropizados, se suele dar también en territorios industriales cambiados de función o en vacíos urbanos, lo que los franceses llaman “terrain vagues”. Es el caso de la Reserva Natural del Puerto de Mar del Plata, un humedal costero que se formó naturalmente entre el Puerto, el mar, el complejo turístico Punta Mogotes y la ciudad. Aunque a posteriori el valioso esfuerzo de un grupo de militantes ecologistas primero, que luego se organizaron como una ONG, fue el que salvó a la Reserva de ser avasallada, la recolonización original de especies se hizo naturalmente, con el paso del tiempo, y a pesar de ser una zona de contaminaciones frecuentes y cruces múltiples de flujos de personas, energía y materia.[52] También es el caso de la Reserva Costanera Sur de la ciudad de Buenos Aires, emplazada a minutos de los terrenos más caros de la Capital.

Esa fuerza de la naturaleza, evidente en los dos casos mencionados, también está presente en muchos episodios cotidianos de la vida urbana. Año a año, todos los otoños miles de árboles son podados. ¿Podría esa madera pasar de ser basura a recurso? El paisaje y la vida silvestre dentro de la ciudad también son recursos naturales renovables que podrían ser aprovechados, y que son mucho más numerosos de lo que generalmente se cree.

A nivel de diseño paisajístico, entonces, aparecen al menos tres formas de aprovechar los recursos naturales renovables:

Diseñar paisajes “sustentables” con poca intervención humana (que no gasten demasiado combustible en cortar pastos, por ejemplo)

Tener en cuenta las posibilidades productivas de paisajes naturales (como lo hacen las recomendaciones del programa MaB de la UNESCO con respecto a las reservas de Biosfera)

Considerar los “servicios ambientales” que presta cada paisaje a la región circundante (por ejemplo, si son zona de recarga de acuíferos)

4.4. Uso de materiales reciclables.
La naturaleza es, en sí, una gran fuerza recicladora, por lo cual construir un paisaje con materiales reciclables es casi una redundancia. Sin embargo, hay dos extremos de la cuestión que pueden resultar interesantes. Por un lado, la transformación de espacios degradados en espacios valorizados, desde al Támesis al Riachuelo, es otra vertiente del “reciclado” a nivel del paisaje, como es el caso de basureros transformados en parques. Por el otro, intentar mantener la biodiversidad como una forma de considerar al paisaje “reciclado”.

En la primera de las acepciones, relataremos dos experiencias. La primera de ellas trabaja sobre la oportunidad de aludir no solo a la naturaleza y su transformación, sino a los procesos urbanos que se han sucedido en la historia de la ciudad, como es el caso de basureros, sitios finales de disposición de residuos,  transformados en parques. Lo mismo que lo dicho sobre el tetrabrick de leche en la góndola del supermercado, pero al revés: es necesario reconstruir la distancia que hay entre la bolsita de residuos que dejamos despreocupadamente en la puerta y el sitio final donde nuestra basura impacta en la naturaleza. Y si es posible, remediarlo.

Un ejemplo extranjero: sobre un antiguo vertedero en San Francisco se intenta reconstruir el delicado ecosistema litoral y crear una zona recreativa. Como los árboles no crecerían, se plantan postes que se adaptan y acentúan a la topografía del terreno. La superficie se plantó con una hierba autóctona que cuando hay sequía es amarilla, y es una espesa alfombra verde en primavera. Unos montículos de tierra aluden a su anterior función, ya que no se desea ocultar que allí hubo un basurero, sino hacerlo usable y parte de la trayectoria vital de la urbe. El otro ejemplo es local: uno de los antiguos basureros de la ciudad de Mar del Plata fue transformado en la década del ´80 en un  parque recreativo, con piletas de natación, zona para picnics, etc.

Desgraciadamente, una incorrecta realización técnica del proceso de ventilación para los gases producidos por la descomposición de la basura, sumado a problemas empresariales, determinaron su cierre, pero la idea sigue vigente: es posible y necesario recuperar para la gente los espacios degradados por la misma actividad humana, sin ocultar su anterior uso, ya que es parte de su historia y del propio mecanismo de funcionamiento de las sociedades urbanas.

Una última forma de “reciclar” el paisaje es a través de las influencias mutuas del arte sobre el paisaje, ya que algunas vanguardias artísticas del siglo XX han trabajado sobre esta escala: tal es el caso del arte povera o del land art.

Epílogo:

El resumen de esta breve recorrida por cuatro escalas de actuación del diseño da un resultado desparejo. Por un lado, no parece emerger de los ejemplos encontrados el surgimiento de un nuevo paradigma de relación sociedad humana/naturaleza, como pretenden los impulsores de la ecología profunda[53]. Ni siquiera una metodología general que, a la manera del marxismo o el estructuralismo, permita analizar todos los problemas en sus variables escalas de manera científicamente coherente. Se siente la tentación de pensar que falta aún el personaje que cumpla el rol que cubrió Freud en el psicoanálisis, de Saussure en la lingüística o Darwin en la biología. Los intentos más integrales pasan posiblemente por las Evaluaciones de Impacto Ambiental, y su internalización en el proceso de diseño, o a un nivel artístico, por las instalaciones y proyectos (por ejemplo, el llamado "Land Art") que reivindican la relación hombre/paisaje como una dupla inseparable.[54]

De todos modos, tampoco se está en el nivel de ignorancia de la cuestión ambiental que existía hace 20 años. Sea por la presión del público (que deberíamos calificar en esta instancia más como consumidor que como ciudadano), por la progresiva existencia de leyes o (en escaso grado) por un convencimiento real de la finitud de los recursos naturales, la cuestión ambiental ha pasado de ser un tema de científicos expertos o hippies de diverso cuño, a ocupar un lugar efectivo en el esquema de toma de decisiones  de las grandes empresas y estados, y a través de ellos, en las demandas a los diseñadores, arquitectos, urbanistas y paisajistas de todo el mundo. Incluso transversalmente a las clases sociales o a la diferencia entre países ricos y pobres, la preocupación por evitar la contaminación del planeta o el agotamiento de los recursos del globo se presenta, en diversos grados, en las pautas de diseño. Como diría Gropius y volviendo al principio de este trabajo, desde una cuchara reusable a un paisaje sustentable.

Lamentablemente, mientras la distribución de la riqueza en el globo terráqueo siga siendo tan injusta, será imposible evitar la catástrofe ambiental. Tanto por la desertificación de la extrema pobreza o por el ahogamiento de basura de la extrema riqueza, no hay posibilidad desde el campo solamente de lo proyectual de salvar esta situación, sin caer en el idealismo que planteaba Le Corbusier cuando en 1923 planteaba "arquitectura o revolución".  Lo que no quita que desde nuestro lugar de trabajo, el área de diseño, debamos prepararnos técnicamente para un futuro en el cual, como decía Morris hace dos siglos, se pueda "devolver la dignidad al fabricante, la integridad al producto, el buen gusto a los consumidores y la cooperación artística al proceso de diseño"

BIBLIOGRAFÍA:

Libros citados:

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Capelli, R. y Pronsato, G.  "Las 7+1 lámparas de la arquitectura moderna" ed. Capro, La Plata,
Carrión, Fernando: "Lugares o flujos centrales: los centros históricos urbanos", CEPAL, serie Medio Ambiente y Desarrollo, diciembre de 2000
D´Arcy Thompson, "Sobre el crecimiento y la forma", H Blume ed, Barcelona, 1980 (edit. orig. 1917)
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Morris, D y Hess, K. "El poder del vecindario. El nuevo localismo" Ed. G. Gili, colección Tecnología y Sociedad, Barcelona, 1978
Munford, Lewis “La cultura de las ciudades”, Emecé, Buenos Aires,
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Sejenovich, Héctor: "Manual de cuentas patrimoniales" PNUMA/Fundación Bariloche, México, 1996 y "Economía y Medio Ambiente", Ediciones GADU, Mar del Plata, 2002  
Slessor, Catherine "Eco-Tech: Arquitectura High Tech y sostenibilidad", GG ed. Barcelona, 1997
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Tonucci, Francesco, “La ciudad de los niños”

Revistas citadas:
A/mbiente, números varios
"DOMUS", número 818, dedicado a la naturaleza y el diseño
"EXPERIMENTA", número 31 dedicado a la naturaleza
"MEDIO AMBIENTE Y EMPRESA", años 1998/2002
 Arquitectura Viva N 79/80/, julio/octubre 2001, pág 7
Arquitectura Viva N 79/80/, julio/octubre 2001, dedicado al paisaje pág 7
Herreros, Juan y Abalos, Iñaki "De la ventana corrida al brise-soleil. Los límites de una idea", artículo en A y V nº 10, 1987.



[1] Se cuenta que Henry Ford decía, dirigiéndose al cliente: "puede elegir cualquier color, siempre que sea negro"
[2] Es paradigmático en este sentido la destrucción de la industria hilandera hindú por Inglaterra durante el siglo XIX, véase al respecto  Hobsbawn, Eric: "La era de la revolución 1789/1848", ed. Crítica, Barcelona, 1998
[3] Que debería llamarse con mayor propiedad "globalización neoliberal" o "globalización de los capitales"
[4] Véase al respecto el diseño de los llamados "tigres asiáticos", estrellas del neoliberalismo en los años ´80
[5] Bonsiepe, Gui: “El diseño de la periferia”, México, GG ,1985.
[6] Extrañamente, la dictadura militar argentina del 76 al 83 tuvo algunos gestos tendientes a lo ambiental, algunos serios, otros ridículos. Entre los primeros se encuentran distintos intentos de planificación territorial o la creación del Cinturón Ecológico. Entre los segundos cabe destacarse un enorme cartel anular luminoso que era ensartado por el Obelisco, en Buenos Aires y rezaba la frase "El silencio es salud", con macabras connotaciones en el marco de la represión existente
[7] Los libros de tecnologías alternativas estuvieron muy de moda en la década del ´70, y algunos todavía se consiguen. El más famoso fue "Lo pequeño es hermoso" de Schumaker, al que continuaron una seguidilla de otros libros, como  "Tecnología Alternativa", de David Dickson o " Energía y Equidad" de Iván Illich.
[8] Esta búsqueda de un "ecodiseño" genera múltiples preguntas, entre ellas ¿Qué relación existe entre tecnologías apropiadas y ecotecnologías? ¿Hay un hilo conductor entre las búsquedas de independencia tecnológica de los 70 en los países del Tercer Mundo y el ecodiseño de los 90? ¿Qué relación existe entre procesos industriales, diseño industrial y medio ambiente? ¿Porqué desaparece la contradicción "lo propio y lo ajeno" en los 90? ¿Existe una relación entre biónica y diseño apropiado?.¿Hay una singularidad en (o una posibilidad de) un diseño industrial latinoamericano? ¿Qué relación se puede encontrar entre arte y diseño industrial latinoamericano? ¿Porqué los diseñadores, críticos y teóricos inmigrantes plantearon más claramente una opción tercermundista del Diseño Industrial? (de Lina Bo Bardi a Gui Bonsieppe) ¿Se puede rastrear una singularidad latinoamericana en los objetos, así como hay una singularidad espacial, como por ejemplo el tamaño de las plazas americanas?
[9] No entraremos aquí en la discusión desde el punto de vista de la economía de si se pueden realmente internalizar los costos del medio ambiente, ya que hay aún una ardua discusión al respecto. ¿Ponerle precio a la naturaleza no es ceder al sistema mercantilista la valuación de cosas que no deberían tener precio? Aún en ese esquema: ¿cómo se puede saber el precio que le pondrían las generaciones futuras a un recurso? Véase al respecto los escritos de Sejenovich, Héctor: "Manual de cuentas patrimoniales" PNUMA/Fundación Bariloche, México, 1996 y "Economía y Medio Ambiente", Ediciones GADU, Mar del Plata, 2002  y Martinez Aller, Joan "De la economía ecológica al ecologismo popular" Icaria, Barcelona, 1994.
[10] Alguna muy estrictas, como la japonesa, obliga a los fabricantes de electrodomésticos a hacerse cargo del producto una vez finalizada su vida útil, con lo cual se ve obligado, para abaratar costos, a aumentar su duración o a garantizar materiales fácilmente reciclables
[11] Según datos de A. Makhijani et al, 1988, citados por Maldonado en “Hacia una racionalidad ecológica”, pág 61
[12] Un bosque de quebracho tarda 30 años en crecer. En los bosques de eucalipto, se puede hacer un primer corte alrededor de los 7 años, y luego “cosechas” cada x años. Hay variedades de pinos que crecen más rápido aún.  Existe un árbol, que en el norte argentino llaman “pino de los políticos” que en 4 años ya tiene una altura visible, como para que el gobernante muestre que algo hizo. Uno de los pocos casos de coincidencia entre los tiempos de la política y los de la naturaleza.
[13] Enrique Martínez, un Profesor de Diseño Industrial en Rhode Island School of Design, ha desarrollado como trabajo de curso de sus alumnos la tecnología del bambú en sus diversas formas. Trabajó con tres tipos de bambu (Moso, Tonkin y Guadua, pero hay más de 4000 variedades de esta planta. Fuente: Revista Experimenta Nº34, Barcelona, 2000.
[14] El Design Council, de Inglaterra, instituyó un premio que tiene tres categorías: Regeneración, Consumo y Comunicación, lo que demuestra la importancia de la idea de regenerar o reciclar agregándole valor de diseño. Fuente: revista Experimenta Nº 34, Barcelona, 2000. También hay información en www.designcouncil|.org.uk
[15] Desarrollos precursores como el "brise-soleil" (parasol) de Le Corbusier, que aparece por primera vez para sus edificios en Río de Janeiro y Argel (1933), son tomados como un mero modismo formal, sin las consideraciones climáticas que había hecho el maestro.
[16] Es curioso que el norteamericano Buckminster Fuller, diseñador de la Dimaxion House en los ´30, se haya convertido luego, en los ´70, en uno de los precursores de las tecnologías apropiadas
[17] El tema de las radiaciones no ionizantes (desde las antenas de teléfonos celulares a las torres de alta tensión) todavía se encuentra en estado de debate. De todos modos, y por el principio de precaución, deberían tomarse medidas preventivas en tanto avancen las investigaciones. En teoría de las decisiones hay todo un campo de debate sobre la necesidad de intervenir preventivamente, véase Maldonado, op. cit pág 58.
[18] "¿Y si pudiéramos con un gesto, repudiar la ventana pero dando al mismo tiempo iluminación a los pisos?" Dice Le Corbusier en 1928. Un buen estudio de estos experimentos de Le Corbusier puede encontrarse en el artículo "De la ventana corrida al brise-soleil. Los límites de una idea", de Juan Herreros e Iñaki abalos, en A y V nº 10, 1987.
[19] ¿Puede considerarse “ecológica” una torre de oficinas que es actualmente  la más alta de Europa? El estigma de la Torre de Babel flota sobre estos emprendimientos.
[20] Aunque construir este aeropuerto sobre una enorme isla artificial parece un despropósito, desde  el lado del ambiente, homologable a la célebre aunque posiblemente desconocida por Piano Ciudad Deportiva de Boca Juniors, en Buenos Aires
[21] El más conocido libro de Acosta, un emigrado centroeuropeo, se llama justamente "Vivienda y clima" y ya en la década del ´30 plantea interesantes aportes a la cuestión bioclimática. También pueden citarse en ese campo las experiencias construidas y los proyectos de Soto y Rivarola, de los años ´50.
[22] Aunque las reservas de bauxita, el mineral del cual se extrae el aluminio, son hoy día cuantiosas y no parece cercano su fin.
[23] B. Comomer, B., "The closing circle, confronting the environemental crisis", Londres, 1971.citado por D. Dickson en "Tecnología Alternativa", pág 5.
[24] En la fábrica Corcemar, Córdoba, Argentina, se está experimentando usar como combustible desechos industriales.  Algo parecido se está haciendo en la nueva planta L´Amali, de Loma Negra, en Olavarría
[25] El municipio pionero al respecto fue Mar del Plata, con una Ordenanza en el año 1998, al que siguió La Plata y luego se estableció una ley provincial que regula esta actividad.
[26] En la localidad de Catriel, Río Negro, se pondrá en marcha una planta para fabricar estos ladrillos. La firma responsables es Servic, y el predio pertenece a la empresa Repsol YPF. Aunque ya cuenta con autorización del Consejo de Ecología y Medio Ambiente de la Provincia, aún no se utilizarán estos ladrillos para vivienda. Fuente: Diario La Nación, agosto 2002
[27]Fuente: Alvarez Ureña, Mario: "Plantemos bambú guadua para cosechar casas", artículo en www. arquitectura.com, diciembre 2001
[28] Fuente:  Catherine Slessor, "Eco-Tech: Arquitectura High Tech y sostenibilidad", GG ed. Barcelona, 1997
[29] Fuente: suplemento de Arquitectura Diario La Nación, 17 de julio 2002.
[30] Algunos autores (E. Leff, entre ellos) hablan incluso de una “desmaterialización”  de la producción, concepto que suena exagerado. Creemos que lo que hay es un traslado de las industrias sucias del Primer Mundo a los países pobres, con el efecto aparente de que allá, la producción se desmaterializa.
[31] Fuente: Arquitectura Viva N 79/80/, julio/octubre 2001, pág 7
[32] Fuente: Catherine Slessor, op cit.
[33] En este tema, es difícil ser justo, ya que hasta 1989 el material que se podía consultar era más bien propagandístico, a favor o  en contra. Ver Miljutin, "El problema de la construcción de la ciudad soviética" capítulo del libro "Orígenes y desarrollo de la ciudad moderna" compilado por M. Tafuri, G. Gili ed,  y también Goldzamt, Edmund: "El urbanismo en la Europa socialista" G.Gili ed, Barcelona, 1980.
[34] Ver la descripción de este caso en Hough, Michael "Naturaleza y Ciudad. Planificación urbana y proyectos ecológicos"
[35] En el debate sobre diseño y naturaleza y mucho antes de que las preocupaciones ambientales existieran en su actual dimensión, se escribieron varios libros interesantes. El más conocido, y posiblemente el más completo  es el D´Arcy Thompson, "Sobre el crecimiento y la forma", editado originalmente en 1917. También es bueno, por el rastreo que realiza sobre distintas formas de utilizar la analogía (la analogía funcionalista, la analogía estructural, la analogía ecológica, etc) el libro "Arquitectura y Naturaleza" de Philip Steadman, Ed. H. Blume, Barcelona, 1980.
[36] Hay casos casi patéticos de la creación de "plazas instantáneas", como la "plaza del milenio", en Mar del Plata, a fines de los ´90, con el oneroso traslado de palmeras centenarias de 30 m. de altura para crear una plaza de la nada. Muchas de esas plantas murieron en el intento.
[37] L. Munford, La cultura de las ciudades, Emecé, Buenos Aires,
[38] Ver Tonucci, Francesco, “ La ciudad de los niños” , “Cuando los niños dicen basta” y otros escritos
[39] Morello, J.: “Manejo de agrosistemas periurbanos”, módulo de la Maestría en Gestión Ambiental del Desarrollo Urbano, FAUD/UNMdP, Mar del Plata, 2000
[40] Morello, Buzai y otros: “Urbanización y consumo de tierra fértil”, artículo en revista CienciaHoy N° 55, marzo 2000, pág 51
[41] Folch, M, en revista a/mbiente ediciòn digital, agosto 2002.
[42] La CEPAL ha trabajado recientemente en la regeneración de zonas centrales de ciudades latinoamericas, puede consultarse al respecto Carrión, Fernando: "Lugares o flujos centrales: los centros históricos urbanos", CEPAL, serie Medio Ambiente y Desarrollo, diciembre de 2000,  y Barba, Jaime y Córdoba, Alma: "Gestión urbana: recuperación del Centro de San Salvador, El Salvador, CEPAL, mayo 2001. Ambos textos también están disponibles en la página de internet de CEPAL; www.eclac.org
[43] Es interesante cuando, desde abajo y no desde el Estado, se produce el proceso inverso, es decir el mejoramiento de la calidad urbana por la propia gente. Ver la descripción de algunos de estos procesos en el célebre libro de Morris, D y Hess, K. "El poder del vecindario. El nuevo localismo" Ed. G. Gili, colección Tecnología y Sociedad, Barcelona, 1978
[44] El libro de Nagel, Paulina y Pereira, Fernando;  "El paisaje natural. Bajo las calles de Buenos Aires" explora desde este punto de vista lo que subyace debajo de la gran metrópolis. Algunos estudios precursores en este sentido había realizado Nora Prudkin en la década de  los ´80, e inspirados en estos, hay intentos de realizarlos para Mar del Plata por el autor de este artículo.
[45] Maldonado, Luis: "España cultivada. Plazas y parques, de Barcelona a Cádiz", artículo en Arquitectura Viva Nº 53, 1997.
[46] Hough, Michael, op. cit. pág 71 y siguientes
[47] Algunos datos más sobre IBA Emscher Park que dan cuenta de la magnitud del emprendimiento: se invirtieron a la fecha cerca de 2000 millones de dólares, trabajan 17 municipios en forma mancomunada, se ha puesto como prioridad la purificación ecológica del Río Emscher, son alrededor de 300 km2 de extensión total parquizada. Fuente: revista Summa+ Nº 34, pág 97.
[48] Fuente: revista A y V Nº 89, may/jun 2001
[49] Una completa exposición de este trabajo puede encontrarse en revista a/mbiente número 68
[50] Aunque los números están distorsionados por la realidad macroeconómica argentina, en Mar del Plata se gastaban hasta diciembre de 2001 20.000 U$S mensuales solamente en cortar el césped de los espacios públicos. Y a nivel nacional, la Secretaría de Turismo de la Nación estuvo estudiando, durante los años 2000/2001, cómo terciarizar, privatizar, concesionar o lograr de alguna manera más barata cortar el pasto de las más de 300 has que posee el Complejo Turístico Chapadmalal
[51] Esta como otras interesantes experiencias de la relación entre urbanismo y naturaleza se pueden encontrar en el libro de Hough, Michael: "Naturaleza y Ciudad. Planificación urbana y procesos ecológicos", G.Gili ed, Barcelona, 1998.
[52] Más datos sobre la Reserva Natural del Puerto en su página web, www.info@reserva.com.ar
[53] Arne Naes, un  noruego, es uno de los principales filósofos de esta corriente, que pretende crear una visión holística, una verdadera y real filosofía sistémica del medio ambiente. Hay poco en español de este pensador,  pero se pueden encontrar buenos resúmenes y críticas a su pensamiento en Maldonado, Tomás, "Hacia una racionalidad ecológica" y en Fernández, Roberto "La ciudad verde", además de variados sitios de internet que hablan sobre la "deep ecology".
[54] Para poner un solo caso: Izaskun Chinchilla, una alumna de la facultad de Arquitectura de Madrid,  realizó como tesis la revitalización del Parque el Retiro. Su propuesta considera el lugar como un valioso patrimonio urbano natural y social, cuyo uso puede optimizarse mediante una estrategia de repoblación con especies  no naturales: 70 piezas artificiales esparcidas por el parque contribuyen a su regeneración medioambiental. Muchas acumulan energía; se desmontan fácilmente y son reciclables; transmiten mensajes sobre el estado del medio e inducen acciones beneficiosas: variación de la intensidad del viento, del índice de humedad y de las variaciones lumínicas, fijación de la contaminación y atenuación del ruido. A nivel artístico, su propuesta es también una apología de lo efímero: puesto que la vida de cada “árbol” es de 24 años, la arquitectura deja de ser para siempre, en una reelaboración de la proclama de los futuristas de las primeras décadas del siglo XX cuando aseguraban que “cada artista debe ser enterrado con su obra".