Título: Diseño
apropiado. Diez años en cuatro escalas.
Autor: Guillermo
Bengoa.
Fecha: septiembre
2002
Evento:
seminario en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Centro,
Olavarría
Introducción:
el marco.
El objetivo de este trabajo es revisar los últimos
avances de la cuestión ambiental desde el punto de vista de la arquitectura, el
urbanismo y el diseño, es decir de la labor proyectual tradicional.
Si bien existen numerosas formas de considerar el
pensamiento ambiental surgido en las últimas décadas, en este escrito usaremos
simplemente el tradicional marco conceptual que toma lo ambiental como la
intersección de la sociedad con la naturaleza, en toda su amplitud. Esto nos
permite dejar afuera a los problemas meramente naturales (como inundaciones o
terremotos) y también a los estrictamente sociales (como la pobreza) que si
bien suelen tener consecuencias ambientales, no son solucionables desde el
marco de pensamiento de lo ambiental. Y sí deja adentro del esquema a todo le
referente al diseño y producción de los objetos en todas las
escalar, en cuanto a su relación con los recursos naturales y con los desperdicios del sistema.
El recorte de
las actividades de diseño a las realizadas por arquitectos y diseñadores
industriales se debe a que recientemente se han incorporado al campo de lo
proyectual las disciplinas biológicas, a través del manejo genético: aquí
también existe una prefiguración del producto (característica del trabajo
proyectual en general) y de los mecanismo para producirlo (característica del
diseño industrial en particular) pero excedería los límites de este trabajo y
sobre todo de este autor referirse a la biotecnología, aunque posiblemente sea
el campo del cual se deban esperar mayores cambios, que no nos atrevemos a
calificar como avances debido al difícil componente ético que poseen estas
investigaciones. Véase al respecto todo el debate sobre los alimentos
transgénicos
Se dice que
uno de los objetivos fundantes de la Bauhaus, la famosa escuela de diseño
alemana que floreció entre las dos guerras, fue diseñar "de la
cuchara a la ciudad". Desde la
época de ese experimento pedagógico, se
presupone que es posible proyectar todas las escalas de la intervención humana,
desde la microescala, generalmente propia del diseño industrial a la
macroescala urbanística. A la idea de "obra de arte total" que
encarnaba en su momento la arquitectura, se suma hacia fines del siglo XX la
revalorización del paisajismo como ciencia o al menos como técnica que permite
minimizar, a través del diseño la intervención del hombre sobre la escala
territorial. En todas esas dimensiones, es posible hoy día rever la relación
sociedad/naturaleza, a la luz del paradigma ambiental. Veremos en los próximos
puntos la incidencia de los conceptos ambientales en esos cuatro tamaños: la
escala de los objetos en el Diseño Industrial, la escala de los edificios en la
Arquitectura, la escala de la ciudad en el Urbanismo y la escala territorial en el Paisajismo. En
esas cuatro escalas, a su vez, verificaremos cuatro parámetros que tienen que
ver con la sustentabilidad: la imitación de los mecanismos de la naturaleza; el
Ciclo de vida del producto; el Uso de recursos naturales renovables y las
posibilidades de reciclado
1. Diseño Industrial: la forma es el mensaje.
El diseño
industrial, a diferencia de la arquitectura,
es una disciplina de reciente creación, si bien pueden rastrearse sus
orígenes desde la primitiva división del trabajo en adelante. En su forma
moderna podría decirse que empieza con las preocupaciones de William
Morris, en la Inglaterra victoriana,
donde se intenta por primera vez lograr un producto que tenga las bondades de
un diseño artesanal pero pueda a su vez llegar a una franja de consumidores
mucho más amplia, como la constituida por las masas que se incorporaban al
mercado durante el siglo XIX. Algunas de las preocupaciones de este grupo
precursor podrían ser consideradas a la distancia como
"ambientalistas", como las tres reglas que John Ruskin, el principal
ideólogo de los "Arts and Crafts", proponía:
1. No promover
la fabricación de productos innecesarios
2. No exigir
nunca un acabado perfecto
3. No alentar la imitación o copia de ninguna clase
Asimismo, William Morris buscaba "devolver la dignidad al fabricante, la integridad al producto, el
buen gusto a los consumidores y la cooperación artística al proceso de
diseño", objetivos todos coincidentes con los conceptos de ecodiseño
impulsado a partir de los últimos años del siglo XX, más de una centuria
después de que fueran formulados. Curiosamente, algunos de los más novedosos
métodos japoneses de producción personalizada a pedido, que realizan
fabricantes de autos, se parecen a la
idea de Morris de diseño artesanal, en el cual el usuario disponía de un
contacto directo con el creador del producto. La diferencia es que esto se
puede hacer ahora en base a los avanzados sistemas de computación, mantenidos
por una economía de escala, y no por la pequeñez del trabajo artesanal.
El
crecimiento del Diseño Industrial como disciplina se aceleró en el siglo XX y
especialmente a partir de la segunda posguerra. Diseñadores como Raymond Loewy
en los ´40 se transforman en estrellas que prestigian con su firma los diseños
de la industria, pero su actuación consiste básicamente en la estilización del
producto: el uso del concepto de styling,
surgido en los ´30, que consiste en agregar valor de cambio a un objeto sobre
la base de la modernización de las formas exteriores, sin modificar realmente
la operatividad del artefacto o su valor de uso. El ambiente o el uso racional
de los recursos naturales no aparecen como inquietud de los diseñadores o de
las industrias hasta la crisis del petróleo de la década del ´70. Por el
contrario, ciertas incipientes actitudes no consumistas (y como tal, tendientes
a una disminución de los problemas ambientales) -como la idea original de Henry
Ford de hacer un auto masivo, abaratando costos sobre la base de la uniformidad
y la repetición del modelo- se ven prontamente olvidadas en aras de la
competencia: el surgimiento de Crysler y su oferta de autos de todos los
colores obliga a Ford a entrar en el juego del styling y cambiar los aspectos
de sus diseños todos los años.[1]
El Diseño
Industrial también se impone en el siglo XX como una poderosa arma
colonizadora. Los países periféricos registran una invasión de artículos
producidos en el primer mundo, reproduciendo
el esquema que ya se había dado prácticamente desde el descubrimiento de
América: desde los países pobres se exportan materias primas, que vuelven
manufacturadas de los países centrales, en este caso con el valor agregado del
diseño. Y las industrias locales son destruidas, por uno u otro método[2]
Esta
situación registra un breve cambio en el período llamado de sustitución de
importaciones, es decir la Segunda Guerra Mundial, en donde nuestros países no
supieron o no pudieron aprovechar una situación externa ventajosa para
instrumentar políticas de promoción y fomento del diseño industrial, y en mucho
de ellos, ni siquiera de creación de instituciones educativas que lo
contemplen. Esta hubiera sido otra oportunidad de buscar un Diseño Industrial
más respetuoso del medio ambiente, a través de la investigación sobre la
existencia de un diseño subyacente, sobreviviente, muchas veces originado en
las necesidades primarias ante que en el consumo y haciendo gala de cierto
ingenio popular o rescatando tradiciones constructivas o de uso vernáculas o
apropiadas a las condiciones climáticas y geográficas.
Que no un
diseño sea nacional no es condición suficiente para que sea ambientalmente
respetuoso, pero posiblemente sea una
condición necesaria, ya que la cercanía entre el recurso natural, el diseñador,
y el usuario puede ayudar a la definición de objetos con características
ambientales. O dicho al revés, es menos probable que un diseño originado a
miles de kilómetros del lugar de consumo tenga en cuenta las características
propias de ese lugar, o la disposición final del residuo cuando acabe la vida
útil.
Pero los
intentos de un diseño nacional acabaron violentamente en la década del ´90, no
de manera casual, sino como consecuencia también del retroceso en
términos generales de la producción original de esta región, de la destrucción
de la industria nacional en casi todos los países de Latinoamérica Central y
del Sur (con variaciones, en el caso de Brasil, de grado y en el caso de
México, de tipo de industria, al transformarse en el patio trasero del ALCA)
fruto de los procesos denominados genéricamente "globalización"[3]
que han tendido, por lo general, a anular la producción independiente de los
grandes centros de poder, o a lo sumo a asimilarla en una situación estilística
y materialmente mimética de esos centros.[4]
La escasa aunque inteligente colección
de experiencias de "diseño del tercer mundo" -desde una cosechadora de yerba mate a un
guante para trabajos rurales hecho mediante el reciclado de un neumático- que
recopilaron autores como Gui Bonsieppe en los ´70[5]
se vieron, como dijimos antes, abortadas por la crudeza de la realidad
política, con tormentas que arrasaron mucho más que una experiencia de diseño,
como el golpe de Estado en Chile contra Salvador Allende donde trabajó
Bonsieppe (1973) o la dictadura argentina.(1976)[6]
Existen por
otro lado experiencias similares, muy
poco difundidas, en los países del sudeste asiático, en la India y China, pero
las pocos datos que llegan a nuestro país no pasan de anécdotas (como cámaras
para generar biogas u hornos que optimizan su funcionamiento térmico)[7]
Nuevamente aquí, falla la comunicación sur-sur, aunque paradójicamente el
avance de Internet, a pesar de la arrolladora preponderancia en su seno de
propuestas mercantiles, está facilitando
la comunicación también de experiencias marginales y de pequeña escala.
Sin embargo,
es desde los mismos centros de poder (y de diseño) donde surgen, en la década
del ´90 del siglo XX, el Ecodiseño, con pautas parecidas a las manejadas por el
diseño vernáculo. Y aunque a veces se manejan solamente con la idea de un
"marketing verde", es decir
transmiten un mensaje ecológico sólo a través de su forma, muchas otras veces
se ha empezado a considerar al ambiente en el diseño del objeto.
Este
ecodiseño[8]
se basa en varias puntas: imitación de los mecanismos de la naturaleza
(biónica), conciencia del ciclo de vida del producto, consumo de recursos
naturales renovables, uso de materiales reciclables. La mayoría de ellas, en
realidad, si las analizamos desde el punto de vista de la economía son
simplemente una internalización de los costos ambientales de la producción.[9]
Veamos algunas de estas divisiones.
1.1. Imitación de los mecanismos
de la naturaleza.
Ya Galileo,
en el siglo XVI, había realizado algunas investigaciones sobre las proporciones
de los huesos de los distintos animales en relación a su peso y tamaño,
llegando además a deducir los límites admisibles para el "diseño" de
esos animales. Si trabajamos en la etapa posterior a la Revolución Industrial,
desde la década del ´30 del siglo XX, cuando se pone de moda el streamline o estilo aerodinámico, el diseño industrial empieza a investigar
las ventajas y propiedades que la evolución natural había dado a las plantas y
animales. La exageración del streamline
llevó a que no solo las cosas que se movían (como autos o barcos) tuvieran
forma aerodinámica, sino también objetos cuya necesidad de vencer al viento era
nula, como planchas o licuadoras, adoptaran formas naturales de delfines o
gaviotas.
Un intento
ideológicamente más sofisticado (y más perverso) fue comparar la evolución
natural, que como sabemos lleva millones de años para cada cambio favorable,
con la "evolución" anual que mostraban los modelos que salían año a
año de Detroit, la cuna del negocio automotriz en EEUU, que en realidad era un
cambio de modelos en busca de la ampliación del mercado por medio de la renovación
de modelos que estaban aún en perfecto estado de funcionamiento y uso.
Sin embargo,
en los últimos años existen también ejemplos de biónica reales: desde el diseño
de las alas del Concorde y su nariz rebatible, inspirado en las gaviotas, hasta
un martillo de alpinista hecho a semejanza de un pájaro carpintero: liviano,
usa la cola como resorte, aprovecha su centro de gravedad y la configuración de
sus huesos para absorber impactos considerables, que al transformarse en
martillo adquiere un núcleo interior de titanio, punta de aluminio ajustable,
pasando por la observación de la forma de implantarse las patas en los
crustáceos para generar un enchufe múltiple o juguetes cuyas articulaciones
están copiadas de las de distintos animales, la observación de los mecanismos y
estructuras de la naturaleza ha sido una fuente de inspiración para la
vanguardia del diseño industrial.
1.2. Ciclo de vida del producto.
Es importante
destacar que, por la presión de los consumidores primero, y luego a través de leyes cada vez más
severas[10],
el diseño industrial se vio afectado por la necesidad de incluir entre sus
pautas el control sobre el ciclo total del producto, esto es atender también a
los extremos del ciclo, no sólo a la vida útil o comercial del producto. Al
principio del ciclo, durante la fabricación en la búsqueda de procesos con
menor gasto energético (el caso paradigmático en lo negativo es la fabricación
de células fotoeléctricas, que insume mayor cantidad de energía que la que la
célula fabrica durante su vida), y al final del producto, en la disposición del
objeto, ya transformado en residuo, y el
aumento de las posibilidades de reciclado.
Con respecto
al reciclado, algunos de los esfuerzos requieren simplemente ingenio y no más
gastos: por ejemplo, la práctica denominada (ampulosamente) "marcado
ecológico", que consiste en imprimir en determinadas piezas del auto
visiblemente su composición química, de modo de facilitar el reciclado a la
misma empresa productora o a otras que lean el código. O la disminución del packaging.
Y entremedio, durante la vida útil, el esfuerzo se centró sobre todo en la
disminución del gasto energético. Así, objetos aparentemente neutros hacia el
medio ambiente como un walkman se transformaron, en la conciencia ecológica
colectiva, en máquinas nefastas de producir desperdicios, ya que consumen
ingentes cantidades de pilas, uno de los desperdicios más contaminantes y
difíciles de tratar, reciclar o neutralizar.
La
consideración del ciclo de vida del producto tiene, si se lo considera para algunos
campos, consecuencias dramáticas. Y lo que es peor, muchas veces impensadas.
Tal vez el mejor ejemplo venga del frío: Los CFC fueron introducidos por
primera vez en el mercado en 1931, por la Frigidaire Corporation. Al ser
atóxicos, no inflamables e estables parecían ideales para gases refrigerantes.
Su uso como propelente para aerosoles empezó en 1943. En 1974 se sugirió por
primera vez que los CFC podían descomponerse en la alta atmósfera y el cloro
que entra en su composición, atacar el ozono que nos protege. Casi diez años
después, en 1982 un científico japonés señaló una reducción en la capa de ozono
sobre la Antártida, pero recién en 1985 los datos tomados de otra base
antártica por científicos norteamericanos empezaron a confirmar seriamente la
tendencia. Porcentualmente, los gases utilizados en la refrigeración
constituyen el 25 % de todos los gases nocivos para el ambiente, con una vida
media que puede ir de los 120 a los 380 años.
En el área
del frío, existían en 1990 alrededor de 1 millón de toneladas de CFC
aprisionados dentro de sistemas de refrigeración,[11]
que si se considera el ciclo de vida del
producto, tarde o temprano, cuando la máquina se rompa, se van a liberar a la
atmósfera. Algunas empresas alemanas (Münster, Trapp Rohstoffe, etc) ya están
haciendo la recuperación de los cfc de los refrigeradores, y también de
contenido en las espumas poliuretánicas, pero el costo económico del proceso es
muy alto.
1.3. Uso de
recursos naturales renovables.
Es sabido que
toda actividad humana genera impacto, y que la idea de sustentabilidad
"fuerte" -es decir, el uso de un recurso asegurando que las
generaciones futuras también lo puedan utilizar -es imposible, pero es más
fácil acercarse a un concepto de sustentabilidad "débil" si los
recursos que utilizamos son renovables; y mantenemos su uso están dentro de la
tasa natural de renovación. Esta idea ha incentivado en los últimos tiempos el
diseño con materiales como bambú, maderas de bosques replantados y cestería, lo
que ha llevado a una búsqueda en las tradiciones constructivas y artesanales
de pueblos aborígenes de distintos
lugares del mundo. Aparecería así una dimensión
"ética" de la madera: es preferible diseñar con maderas blandas, de
crecimiento rápido y no con las maderas
duras, de crecimiento lento.[12]
El bambú
también ha dado en tiempos recientes muestras de sus posibilidades de
aplicación. De manera similar a la madera, industrializable en paneles
laminados o prensados, el bambú puede utilizarse para realizar aglomerados,
prensados y laminados de distinta índole, con dos ventajas adicionales:
determinadas prestaciones en lo que hace a su fibra son superiores a las de la
madera, y su asombrosa capacidad de crecimiento lo hacen un material barato y
renovable.[13]
1.4. Reciclado.
Una de las
puntas para el diseño ecológico ha sido el reciclaje en general. Esto tiene
varias vertientes: en lo que respecta al uso de materiales reciclables, por
ejemplo, Crysler hace años que viene anunciando la creación de un auto
prototipo, cuya carrocería está hecha casi íntegramente de plástico de botellas
(PET) reciclado, lo que además de tener un menor costo que el acero tradicional
de las carrocerías, permite bajar el peso del automóvil en hasta un 40 %, con
el consiguiente ahorro de combustible. Según esta empresa, el auto costaría la
mitad que un auto tradicional.
En esta
variante de usar productos de desecho, Philips Stark diseño en 1999 el
televisor “Jim Nature”, cuya carcaza está hecha de desechos de madera
aglutinados por una resina no tóxica y su aspecto general se asocia con un
elemento innovador, desmontable y reciclable. En la corriente de agregar buen
diseño al reciclado se inscriben cientos de productos y actividades (desde
lápices producidos con la combinación de plásticos reciclados y grafito hasta
certámenes internacionales o nacionales que premian la utilización de
materiales reciclados)[14]
Otra de las vertientes es el reuso de un producto (en
general, un contenedor) con distinto uso al que fue específicamente
diseñado. Entre los ejemplos más
antiguos, se encuentra el uso de ánforas para llenar muros en la Roma antigua
(recordemos que las cúpulas romanas se basaban en un anchísimo muro perimetral
para sostenerse) y más recientemente, en la década del ´70, la experiencia de
un grupo holandés de arquitectura que propuso diseñar las botellas de cerveza
de modo que el cuello de una encastre en el fondo de la otra. Si se rellenan
con arena, pueden usarse de ladrillos con un excelente comportamiento térmico.
2. Escala arquitectónica: guardando la energía.
Tal vez sea
en la escala arquitectónica donde más haya tardado en hacerse visible la
necesidad de buscar una mejor adaptación entre las construcciones y la
naturaleza. El triunfo del Estilo Internacional en arquitectura -edificios de
oficinas que eran prismas acristalados, implantados en todo el globo, de
Houston a Buenos Aires- fue tan abrumador desde 1945 en adelante que no parecía
necesario considerar al ambiente.[15]
En
algunos casos esta autonomía llegó a predicar la necesidad de fabricar casas
como automóviles, es decir independientes totalmente del lugar donde se
implantarían[16]
Pero como
muchas cosas acabaron con la crisis energética de 1974 y la multiplicación del
precio del barril de petróleo, lo que llevó a cuestionarse la construcción de
edificios solipsistas, que se creían independientes de su clima y entorno y en
realidad sólo eran habitables en base a un abrumador subsidio energético. Una
de las primeras resoluciones en EEUU de aquellos años simplemente bajó 2 grados
centígrados la temperatura de confort con la que estaban calibrados
automáticamente los edificios, logrando un millonario ahorro energético sin
pérdida real de comodidad. Sin embargo, todo el sistema estaba cuestionado y de
a poco fueron apareciendo diseños que tenían en cuenta, al menos, el clima
local.
Otro de los
problemas aparecidos a los pocos años del "triunfo" del Estilo
Internacional fue el los "edificios enfermos": se empezó a detectar
que los empleados que pasaban largas horas dentro de los edificios con aire
climatizado -cubos herméticos de acero y vidrio- se enfermaban mucho más que
antes. Se descubrió que la mala ventilación era el problema. Ese efecto fue
acentuado por la crisis del petróleo ya mencionada que, para ahorrar costos,
disminuyó, además de la temperatura, la cantidad de renovaciones diarias de
aire. Las alfombras, el polvillo y los contaminantes de las fotocopiadoras y
tal vez las radiaciones no ionizantes[17]
contribuían también a provocar enfermedades, que obligaron a enérgicas tareas
de refacción en algunos casos, luego de catalogar el caso como "un
edificio enfermo"
¿Cuáles son
los mecanismos utilizados por la arquitectura para considerar los problemas
ambientales? Se podrían sintetizar en los cuatro mismos que hemos visto para el
diseño industrial, con diferencias en los porcentajes de uso de cada uno.
Veamos como se verifican
2.1. Imitación
de los mecanismos de la naturaleza:
Las primeras
búsquedas de inspiración de los arquitectos en la naturaleza fueron meramente
formales. Sin entrar en los antecedentes clásicos -las columnas egipcias, los
órdenes griegos, etc- en el siglo XIX John Ruskin, de quien ya hemos hablado
más arriba, hizo detallados estudios de las formas de las nubes y las hojas
para influir sobre los diseños arts and crafts. y Victor Horta aplicó parte de
estos estudios a casos tan refinados como su propia casa.
Pero en lo
que excede a lo formal, los intentos más serios de imitación de los mecanismos
naturales aparecieron en los últimos años.
Una de las respuestas buscadas por los arquitectos fue la mejora del
rendimiento de las casas, a través de lo que se dio en llamar bioclimatismo.
Esto implicó buscar no solamente ejemplos en la naturaleza -como los sistemas
de refrigeración de las colmenas- sino y sobre todo, en las construcciones de
civilizaciones "primitivas" que sin embargo hacían miles de años que
venían perfeccionando sus métodos de control climático. Viejos trucos como usar
la propia topografía para protegerse del clima,
invernaderos, muros acumuladores de calor, rejillas de ventilación
natural, patios interiores, materiales con gran inercia térmica y sobre todo un
cuidadoso relevamiento de las situaciones de asoleamiento y la disposición
geográfica son rescatados por los arquitectos que hacen del bioclimatismo su
emblema.
Se dio aquí
un proceso similar al que los ecólogos llaman "adaptación paralela":
aparecen mecanismos similares en seres sistemáticamente muy diversos, como
consecuencia de una acomodación a un mismo fin. Así como la naturaleza inventó
aletas para seres de origen tan diverso como peces y delfines, los arquitectos
que trabajan en zonas desérticas terminan desarrollando los mismo mecanismos
que habían inventado los más antiguos pobladores del lugar, desde patios
sombríos de baja presión (que generan corrientes de aire fresco) a parasoles de
alta tecnología que se regulan según la heliofanía de las estaciones del año (función que en las
viviendas primitivas cumplía... una enredadera de hojas caducas)
Tal vez el
artefacto natural que haya tenido mayor cantidad de intentos de imitación haya
sido la piel, o las membranas biológicas en general. El concepto de piel para
los edificios, con funciones ambientales
múltiples no es nuevo, ya lo había ensayado Le Corbusier (nuevamente el Corbu)
en su propuesta de muro neutralizante,
ensayado en distintos proyectos desde el Centrosoyus (Moscú, 1928) a la la
Ciudad de Refugio (París, 1933) y luego lo llamó "muro de respiración exacta"[18]que
fracasa debido a las limitaciones técnicas de la época. J. Nouvel ensayó en los
´80 un curtain wall plagado de células fotoeléctricas que se abrían y cerraban
con la luz del sol para su palacio del Mundo Arabe en París, y más
recientemente, N. Foster desarrolló una versión de alto rendimiento de este mur neutralizant para el parque científico
y Comercial en Duisburg. La idea en general de todos estos proyectos es una
piel artificial que cumpla todas las funciones de una piel natural: con la
menor materialidad posible, regular la
transmisión de calor, luz y sonido,
evitar la condensación, etc. La evolución de la tecnología del vidrio (vidrios
con cámara de vacío en 1940, vidrios coloreados en los ´60, reflectantes en los
´70, de reflexión selectiva en los ´80, vidrios sensibles electromagnéticos en
los ´90) y de los pegamentos (siliconas de enorme adherencia) hacen que en la
actualidad el concepto de piel activa, inteligente, esté mucho más cerca de su
realización, aunque siempre a un altísimo costo inicial.
2.2. Ciclo de
vida del producto:
Hasta la
crisis ambiental de los ´70 solamente se había considerado el costo de
producción de la vivienda, sin considerar, al igual que en el caso de los
productos, ambos extremos del sistema productivo. Esta
"insensibilidad" del arquitecto se veía agravada, además, por el
hecho que la vivienda, al ser de mucha más larga duración que un auto o una
heladera, no hacía tan notoria el problema del gasto de energía invertido en la
fabricación de los materiales de construcción, así como los desperdicios
ocasionados por la producción de la vivienda.
Sí se había empezado a trabajar desde hacía años en el ahorro del
consumo de energía de la vivienda y de los grandes edificios públicos.
Los eventos
más recientes en este sector se dan a través de dos puntas posibles de
investigación. Por el lado de la ciencia, los arquitectos denominados
"high tech" que durante la
década del ´60 habían avanzado en visiones futuristas de la arquitectura,
trabajan durante los ´90 en "ecoproyectos", con distinto grado de credibilidad.
N. Foster, con sus diversos proyectos de torres, incluida la del Commezbank[19]
o su edificio para el Parlamento Alemán (que genera incluso más energía que la
que consume), R. Piano con el aeropuerto de Kanzai (cuyo corte tiene un
sofisticado sistema de circulación de aire laminar, sin necesidad de forzarlo
mediante máquinas)[20]
o sus torres verdes; R. Rogers con la corte de
Burdeos, responden mediante más tecnología a las problemáticas ambientales de
fines del siglo XX. En general, muchos de estos proyectos revelan más una
"fachada verde" que un real convencimiento de la necesidad de una
arquitectura sustentable.
La otra punta
la dan arquitectos como Hassan Fathy y otros profesionales del tercer mundo,
que buscando inspiración en la arquitectura tradicional de sus países
redescubren algunos de los trucos más antiguos para mantener las viviendas
frescas o cálidas, según sea necesario. Obviamente, en estos tiempos con amplio
predominio informativo del imperio angloamericano, se conoce poco sobre la
actividad de estos investigadores.
Una variante
interesante pero poco explorada (o tal vez abortada) fue la de experiencias
argentinas como Amancio Williams o mejor, Wladimiro Acosta, quienes buscaron la
unión entre modernidad, clima y uso en muchos de sus proyectos.[21] Algunas de las ideas de Williams (quien excepto
la famosa y tristemente abandonada Casa del Puente, en Mar del Plata, no
construyó nada) reaparecieron cincuenta años después en obras de Foster, tal
vez meramente porque ante mismos problemas, se encontraron mismas respuestas.
No es la primera vez que esto sucede en la historia de la tecnología.
2.3. Uso de
recursos naturales renovables.
El tipo de
materiales utilizables para la construcción genera también polémica. Los
edificios, a diferencia de los productos, deben durar mucho tiempo, y eso puede
inhibir ciertos materiales. O puede generar un tipo diferente de respuestas.
Por ejemplo, ante el deseo de perdurar, una posibilidad es construir pirámides
de piedra, como lo hicieron los egipcios. Les dio resultado, ya que hace más de
4000 años que están en pie, record que difícilmente homologuen nuestros más
orgullosos edificios. La otra es hacer edificios de madera, cuyas partes se
vayan cambiando a medida que se pudran, como los templos sintoistas japoneses,
que en un dispositivo casi genético reemplaza las partes viejas por partes
nuevas, manteniendo el diseño original
En la
actualidad, dos de las principales acusaciones a la industria de la
construcción desde el lado del medio ambiente son el uso de recursos no
renovables y el ingente gasto energético utilizado para elaborar los materiales
de construcción. Para el primero de los temas, no existe solución: el hierro y
el aluminio se acabarán algún día[22].
Pero para el segundo de los temas, sí puede haber elección. Si se usa aluminio,
el gasto energético para producir un material de resistencia equivalente es 15
veces superior a si se usara hierro y unas 150 veces superior a si se usara
madera[23].
Algo similar sucede con el cemento: para producir una tonelada de cemento se
utilizan 900.000 kcal, normalmente logradas quemando combustibles fósiles.[24]
Otra de las
objeciones importantes que se le hace a la construcción tradicional es el uso
de tierra fértil para hacer ladrillos, lo que sería remediable haciendo
ladrillos de desechos industriales (hay, desde hace tiempo en Europa, ladrillos
hechos con desperdicios de siderúrgicas, etc) En algunos municipios de la
Provincia de Buenos Aires, que poseen los suelos más fértiles del mundo, se han
dictado en los últimos años y con el objetivo de proteger ese patrimonio,
ordenanzas que prohibirán, en un plazo relativamente breve, la extracción de
tierra fértil para fabricar ladrillos.[25]
En otras provincias, como en Río Negro, se están haciendo experimentos para
utilizar como materia prima para fabricar “ladrillos ecológicos” tierras que
han sido contaminadas por la industria petrolera[26]
¿Qué otros
materiales se están utilizando en el mundo? El bambú, como ya comentamos en la
sección de diseño industrial, tiene grandes ventajas desde el punto de vista
del ambiente. En Colombia se vienen desarrollando desde hace años proyectos
realizados en guadua (una variedad de bambú) con la cual se elaboran viviendas
bellas, económicas y lo que es mejor, adaptadas al clima local y reciclables. Sembrando
80 plántulas de guadua en un área de 1.300 m2 se puede al cabo de 4 o 5 años
"obtener de una sola vez" un guadual desarrollado, con el material
aproximado correspondiente a 130 tallos o culmos requeridos para construir los
muros y estructura de vigas superiores y columnas necesarios para una casa de
60 M2 además que el guadual como cultivo perenne sigue productivo.[27] Esta productividad es posible en muchas zonas
del planeta: de un guadual, del tipo zona cafetera, técnicamente explotado se
pueden obtener 1.300 tallos de guadua por hectárea/año; lo cual significa
obtener el material básico para construir 10 casas/año. En Costa Rica en el año
1988 no había guadua - habían otras variedades de bambú - y a solo 3 - 4 años
de sembrada se construyeron 2.000 viviendas en éste material; el "Proyecto
Nacional del Bambú" (PNB) se decidió construir 7.200 casas de bambú a bajo
costo. En Bangladesh hay 15 millones de
casas hechas de bambú.
Desde el otro
extremo, el hipertecnológico, Nicolas Grinshaw diseñó el Proyecto Edén en la
década del ´60. Pero sólo se pudo llevar a la realidad 30 años después. Aquí la
idea es recrear un medioambiente totalmente artificial, bajo una cúpula.
El punto más
crítico en cuanto al uso de recursos renovables es la energía. La mitad de
energía que se consumía en Europa en la década del ´90 se destinaba al
mantenimiento de los edificios[28].La
nueva generación de edificios se destaca por tener una serie de estratagemas
constructivas que llevan a disminuir el gasto energético en calefacción o
refrigeración. Vaya como ejemplo el City Hall de Londres, inaugurado en julio
de 2002, un edificio de gobierno con una curiosa forma oval (la pelota de
rugby, ya lo han bautizado los londinenses) diseñado por N. Foster y su equipo.
Dice uno de sus constructores "El
edificio fue diseñado de manera que no tenga ni fachada ni parte de atrás en
términos convencionales. Esta forma garantiza un máximo de ahorro en energía al
minimizar la superficie que está expuesta
a la luz del sol. Hemos analizado la actividad solar a lo largo del año,
de modo de inclinar el edifico de la manera más conveniente"[29]
El sistema de refrigeración, además, bombea agua fría desde napas subterráneas
a 140 metros bajo tierra, y el aire fresco recorre todo el edificio por una
serie de discretos agujeros colocados a la altura de los escritorios de cada
oficina. Estas y otras técnicas (células fotovoltaicas, ahorro en luz para
iluminación, etc) harán que el edificio consuma apenas una cuarta parte de la
energía que normalmente necesita una torre de ese volumen, con aire acondicionado.
En general,
todas estas técnicas no implican abandonar la tecnología moderna en bloque,
sino plantear construcciones mixtas, con lo mejor de ambos mundos: aparece así
una curiosa mezcla de materiales, como cañas unidas por tornillos metálicos o
edificios de hormigón con aleros de paja
2.4. Reciclado.
También aquí
aparece la doble posibilidad: usar productos de construcción reciclados o
reciclables; o reciclar los edificios con respecto a su uso, una vez hayan
cumplido su primer cometido.
En la primera
de la vertientes, existe una tradición del Movimiento Moderno que se remonta a
las propuestas de viviendas temporarias realizadas por Le Corbusier después de
la segunda Guerra Mundial, y se actualiza recientemente después del terrible
terremoto de la ciudad japonesa de Kobe, en el año 1995, donde se implementó un
sistema de viviendas en base a tubos de cartón. Shigeru Ban, un arquitecto
japonés nacido en 1957, venía investigando las nuevas posibilidades
constructivas de materiales no convencionales, como los PTS (paper tube
structure), desde la década del ´80. Estas viviendas temporales se apoyan sobre
cajas de cerveza rellenas de arena, para evitar el contacto con el suelo húmedo
y en conjunto ofrecen un curioso aspecto cruza de prolija villa con campamento,
atravesado con cierta tecnología que se evidencia en los tensores metálicos que
dan resistencia al conjunto. Fue importante en esta experiencia la eficacia, en
términos económicos y de tiempo, para solucionar el problema.
El mismo Ban
realizó para el Pabellón Japonés de Hannover 2000 una estructura híbrida de
tubos de cartón y madera laminada. El concepto de mínimo impacto permanente
sobre el ambiente –una de las variables más realzadas por algunos de los
sistematizadores de la arquitectura ecológica, como Ken Yean- se extiende hasta
los cimientos, que fueron realizados con tablones de andamiaje rellenos de
arena en vez de hormigón.
Se puede
homologar el reciclado de productos al reciclado de edificios. Si bien la
arquitectura y sobre todo la teoría de la arquitectura había trabajado hace
años con este concepto (véase todo el desarrollo de las tipologías y su
carácter invariante en Aldo Rossi y sus seguidores) hay en la última década del
siglo XX una actualización del tema. Sobre todo en las ciudades europeas, tanto
el cambio de usos de vivienda a comercio como la terciarización de la
producción[30]
y de las funciones urbanas llevaron a un cambio de funciones en los edificios.
Viejos galpones industriales convertidos en oficinas (Puerto Madero) o vivienda
(docks de Londres), fábricas transformadas en edificios culturales, usinas
transformadas en museos (Tate Gallery) fueron tema obligado en los últimos años
del siglo XX y obligaron a un reciclaje que, en muy pocos casos llevó aparejado
el uso de pautas ambientales en el diseño.
En la ciudad
de Viena se ha reciclado en el año 2001 cuatro enormes depósitos cilindricos de
gas licuado, construidos en 1896, de 72 m de altura y 64 de diámetro,
transformándolo en viviendas, con proyecto de Coop Himmelblau, Jean Nouvel y
otros.[31]
3. Ciudad y ambiente: una urbe más sana.
A partir de
la crisis del petróleo de la década del ´70, comienza a hacer crisis el modelo
de ciudad expandida, cuyo prototipo es Los Angeles. La Carta de Atenas, en la
década del ´30, proclamaba el ideal de una ciudad estrictamente zonificada,
para evitar las molestias de los usos residenciales e industriales
superpuestos. La lógica conclusión de ese tipo de ciudad fue una urbe extendida
en el territorio, con un núcleo central de comercios y suburbios cada vez más
lejanos de viviendas, que terminaron por conformar las ciudades dormitorio.
Esto implica un enorme gasto energético en transporte (un cuarto del gasto de
energía total en los ´90 en Europa era exclusivamente para transporte[32])
un uso irracional del suelo, muchas veces fértil, que se desperdicia bajo
hectáreas de pavimento, y la necesidad de repensar adonde se dirigen la enorme
cantidad de residuos y efluentes creados por la ciudad.
Hubo en esos
años de principios del siglo XX otras respuestas alternativas, que no
prosperaron, como fue la de la extensión de la ciudad a escala territorial,
proclamada por los desurbanistas rusos. Aquí, la idea era dominar una vasta
región en base a una ciudad lineal que podía, en principio, medir cientos de kilómetros.
Esto hubiera implicado ciertamente una distinta relación sociedad/naturaleza,
pero esas ideas no prosperaron y la edificación de ciudades en la esfera
soviética sufrió, a pesar de no existir la presión negativa de la especulación
inmobiliaria, una similar ignorancia de la realidad natural subyacente.[33]
Independientemente
de las utopías del siglo XX (como las megaestructuras de Iona Fridman o incluso
los bocetos de Le Corbusier para Rio, Argel o Montevideo) y de las experiencias
que no florecieron, la nueva relación sociedad/naturaleza se da actualmente
bajo el rótulo de "ciudades sustentables". Una síntesis metafórica de
estos intentos se observa en el pabellón holandes para la Feria Hannover
2000 Allí, el estudio de arquitectura
MVRDV diseño un edificio que superpone en varios niveles distintos tipos de
paisajes artificiales, estratificando en una réplica de ciudad muy densa (lo
contrario de lo expresado para Los Angeles), un artefacto que ahorra espacio,
energía, tiempo e infraestructura. Pero saliendo de las metáforas pabellonarias
¿Cómo se puede hacer más sustentable una ciudad a través de su diseño? Veamos
los cuatro parámetros que ya aplicamos al diseño y a la arquitectura, aplicados
a la escala urbana.
3.1. Imitación
de los mecanismos de la naturaleza:
La ciudad
tradicional del siglo XX pretendía ignorar en su diseño los ciclos de la
naturaleza. Parecía que la tecnología podía suplir toda deficiencia del
sustento territorial, y de hecho en la década del ´60 se estaban pensando
colonias lunares autosuficientes. Ejemplo de esta tendencia son los proyectos
de Plugin City (1969) y Walking City (1964) ambos del grupo inglés Archigram.
En el primero de los casos, una omnipresente infraestructura de abastecimiento
y de recogida de los desechos permitirìa enchufar (plug) cada unidad
habitacional en donde uno lo quisiera. En el segundo de los casos, el cambio
era más absoluto: directamente, la ciudad extraía enormes patas de sus entrañas
y caminaba (walk) cuando se agotaban las posibilidades de un lugar, o se
aburrían sus habitantes. La cúspide de la utopía tecnológica.
En cambio,
las nueva tendencias de urbanismo sustentable de la última década del siglo
XX implican el tener en cuenta el ciclo
completo del agua: el escurrimiento de la lluvia, la necesaria recarga de los
acuíferos, la previsión de menores inundaciones urbanas, etc. Ejemplo de una
ciudad diseñada exnovo con este criterio es
Woodlands, en Texas[34].
Es una zona que por razones climáticas, tiene una estación de fuertes lluvias y
suelos insuficientemente drenados, que entonces, es propicia a las
inundaciones. Sin embargo, para el diseño urbano (no sólo lo visible, sino la
infraestructura) se partió de los siguientes objetivos: conseguir la máxima
recarga de los acuiferos, frenar la erosión, proteger los suelos permeables y
proteger los habitats más salvajes de la zona. Los mecanismos de diseño
utilizados fueron sencillos, pero eficientes: Las rutas principales se
emplazaron en las partes altas, alejadas de las zonas de drenaje; las calles secundarias
se orientaron perpendiculares a la pendiente y se diseñaron como barreras para
impedir el flujo sobre terrenos muy permeables; para las áreas pavimentadas se
utilizaron pavimentos porosos, se empleó el drenaje natural de riachuelos,
cascadas y estanques y se relacionó la red de espacios públicos con el sistema
de drenaje y con la vegetación. Para eso se tuvieron en cuenta las llanuras de
inundación de las corrientes existentes desde hace 100 años. El factor de
ocupación del suelo permitido no fue un número abstracto, sino que se puso por
zonas, en función del tipo de suelo y su capacidad de absorber agua de lluvia.
A un nivel de
metáfora o analogías, en el campo del urbanismo, la naturaleza también funciona
como fuente de inspiración.[35]
El Movimiento Moderno, en las primeras décadas del siglo XX, había trabajado
bastante con la analogía de la ciudad como un organismo: la ciudad de negocios
(la cabeza), las vías de circulación (las venas y arterias), los parque urbanos
(los pulmones verdes) etc.
En la etapa
posmoderna, en cambio, las nociones de flujos (de transporte, de mercancías, de
información, de personas) se ponen de moda como la metáfora más adecuada para
organizar la ciudad de fin de milenio. En ese aspecto se puede hablar del
Eurotunel, bajo el canal de la Mancha y sus dos extremos: en Inglaterra, la
estación Waterloo, de Grinshaw, que repite un diseño anterior del propio
Grinshaw: una estructura transparente y curva que deja ver los movimientos de
los flujos de transporte que allí se realiza. En el lado francés, la ciudad de
Lille, con su rediseño en base a los flujos de transporte e información
realizado por el polémico Rem Koolhas.
3.2. Ciclo de
vida del producto:
Así como en
el diseño arquitectónico tradicional solamente se consideraba la construcción
de la vivienda, en la planificación urbana tradicional se consideraba solamente
el proyecto o el problema en sí, en general despreciando o subvalorando las
sinergias con otros problemas. Así, el transporte era considerado solamente como
un tema de distribución de pasajeros, cuando en realidad tiene implicancias
sobre la contaminación sonora, del aire, sobre el uso global de combustible en
la ciudad, sobre el congestionamiento de tránsito, etc. La consideración aquí
del ciclo del producto implica no sólo tener en cuenta el pasajero desde que
sale hasta que llega, sino toda la red o árbol de problemas que genera el
transporte y sus implicancias ambientales.
No es casual
que una de las herramientas de gestión que actualmente tienen mayor uso, las Eavluaciones
de Impacto ambiental (EIA) incluyen
todas las fases: construcción, actuación o vida útil y desactivación. Esta es
otra manera de tener en cuenta el ciclo del producto: medir que los impactos de
un emprendimiento urbano no sólo se producen durante el funcionamiento, sino
también antes, durante la crítica etapa d ela construcción, y después, cuando
se desactiva. Tampoco es casual que las EIA se estén usando cada vez más como
ayuda para el proyecto, para prever las consecuencias de éste y por
consiguiente, intentar evitar ya en la fase del diseño aquellos impactos
mayores. Las nuevas generaciones de Estudio de Impacto Ambiental, incluso, van
un paso más atrás, ya que pretenden evaluar antes que los proyectos las
políticas a llevar a cabo y sus consecuencias sobre el ambiente, en la llamada
Planificación Ambiental Estratégica.
La
consideración del ciclo de vida del producto, como se dijo, implica pensar la
totalidad del proceso, desde su fabricación hasta su disposición final. Pero:
¿Qué pasa cuando este producto es un ser vivo, o mejor dicho, miles de ellos?
Los parques y plazas públicas se diseñaban hasta hace poco tiempo con una
concepción finalista: el plantado de los árboles se hacía pensando en su tamaño
final, de adultos. El ideal era un bosque maduro, o boulevares con grandes
árboles, copiados de las mejores avenidas europeas. Esto condenaba a (por lo
menos) una generación de ciudadanos a esperar el crecimiento del árbol[36];
y además limitaba su vida útil: los árboles también mueren, y el bosque o
parque urbano envejece. La observación y el estudio de los ciclos naturales ha
llevado, en cambio la idea de sucesión
gestionada para el arbolado urbano: plantar árboles y arbustos de distintas
especies, con distintas velocidades de crecimiento, de modo de asegurar desde
un instante casi inicial características de habitabilidad y disfrute al lugar,
gestionando su futuro, raleando en los momentos adecuados, etc. Un parque
dinámico, copiando mecanismos de la sucesión ecológica natural.
3.3. Uso de
recursos naturales renovables.
Ya a
principios del siglo XX el urbanista y
filósofo Lewis Munford escribía: "La
ciudad constituye un hecho de la naturaleza, lo mismo que una cueva o un
hormiguero. Más también es una obra de arte consciente, y continua, que incluye
dentro de su armazón comunal, muchas formas de arte más simples y más
personales. La mente adquiere forma en la ciudad y a su vez las formas urbanas
condicionan la mente. El espacio, lo mismo que el tiempo, se reorganiza
artísticamente en las ciudades, en las líneas periféricas y en las siluetas de
los edificios" [37]
El principal
recurso que consume la ciudad es energía. Hasta ahora, son energías no
renovables, básicamente petróleo y gas. ¿Será posible una ciudad cuya energía
sea mayoritariamente renovable? En todo
el mundo, a partir de la crisis del petróleo de 1974, se están haciendo
experimentos para reducir el consumo global de una ciudad (esto es, no sólo la
energía más fácil de medir, la consumida por las viviendas, sino la sumatoria
de todos los gastos públicos y privados en transporte, calefacción,
iluminación, etc.)
Una de las maneras es encontrar la densidad adecuada para
la ciudad. El modelo de urbe norteamericana, extendida en el territorio, es una
enorme devoradora de combustible, principalmente por la distancia que a diario
tienen que recorrer sus millones de habitantes de ida y vuelta al trabajo. La
relación entre densidad y consumo de combustible se hace evidente en estos
números: Houston, Texas, con 8 personas /has consume 4,5 veces más nafta por
persona que Copenhague, con 30 personas
/has.
El cambio de
hábitos de transporte privado a transporte colectivo es otra de las maneras de
reducir el consumo de combustible, sin alterar drásticamente nuestro modo de
vida. Un tren subterráneo promedio transporta una cantidad de personas
equivalente a 12 colectivos, o a 1440
autos. Esto nos lleva a plantear si queremos una ciudad para el auto o ciudad
para el peatón. Algunos autores[38]
han trabajado sobre una idea original, la de “ciudades para niños” con la idea
de que si una ciudad es amigable para aquellos con menores capacidades, también
lo será para todos.
Pero no es
sólo eso: también consume suelo fértil a través de la urbanización desaforada.
Debajo de ciudad hay un terreno, en nuestro
país generalmente fértil, a veces con 50 cm de humus, como en la región pampeana,
suelos envidiados en todo el planeta, cuencas de arroyos semipermanentes, zonas
inundables, dunas en la zona costera. Pero, ¿Qué sucede en los bordes de la
ciudad, en su encuentro con el campo? La problemática de lo que se ha dado en
llamar periurbano es interesante, y recién en los años recientes ha comenzado a
desarrollarse adecuadamente.
Uno de los esquemas posibles para entender esta zona
lo brinda Morello[39],
quien habla de los servicios ecológicos que el campo le brinda a la ciudad y de
los servicios urbanos que la ciudad le brinda al campo. En la interfase entre
ambos, está el periurbano. Lo extraño de esta zona y lo que hace difícil su
manejo es la dilución de ambos tipos de servicios, en un anillo alrededor de
las ciudades que no tiene todas las ventajas del campo ni todas las de la
ciudad, pero que potenciado adecuadamente puede ser una interesante fuente de
información sobre el estado inicial de la ciudad y un lugar ideal para
experiencias educativas, en las cuales se demuestre que las calles no siempre
fueron de asfalto.
Entre los servicios urbanos que se atenúan o
desaparecen están los de agua corriente, electricidad, desagües pluviales,
pavimento y recolección de residuos. Y entre los servicios ambientales que
presta el entorno rural y se disminuyen en esta interfase están la absorción de
dióxido de carbono, la transformación de energía solar en energía química por
la actividad fotosintética de la vegetación (energía que luego es aprovechada
como alimentos, la descomposición de materia orgánica, el reciclado de
nutrientes, la conservación del equilibrio de las poblaciones animales y
vegetales, la obstaculización de la proliferación de plagas, la regulación del flujo
de agua y la absorción de crecientes fluviales o de lluvias rápidas.
En cambio, mal manejado o ignorado, el periurbano es
seguramente una fuente de problemas. “El
conflicto por la tierra entre ciudad y campo es especialmente dramático en las
dos grandes aglomeraciones de la pampa ondulada, Rosario y Buenos Aires, pues
la expansión urbana no sólo avanza sobre los suelos con mejor capacidad
agrícola sino, también, contribuye decisivamente a la destrucción de la
relativamente alta biodiversidad originada en la confluencia de dos ecosistemas
de distinto linaje”[40]
3.4. Reciclaje:
De nuevo,
como cuando hablamos de arquitectura, el reciclaje puede ser entendido de dos
maneras. Una de ellas es el reciclaje de productos generados o consumidos en la
ciudad. El otro es el reciclaje de zonas urbanas, cambiando generalmente sus
funciones.
Con respecto
a la primera de las formas de considerar el reciclaje, tal vez el problema más
visible de las ciudades actuales es el de la basura domiciliaria. En todo el
mundo se están llevando a cabo miles de iniciativas tendientes a solucionarla.
Las variantes más completas implican atacarla desde el principio a la
disposición final: producir menos, separarla, disponerla diferencialmente, etc.
Algunos ejemplos: la ciudad de Viena ha puesto en
práctica una normativa ingeniosa: Los industriales son propietarios (y
responsables) de lo que fabrican, por lo tanto los ciudadanos de Viena pueden
devolver el envase usado a su fabricante por ley. Naturalmente que como no
están dispuestos a llevarlos a la fábrica, el fabricante pasa a retirarlo por
su casa. El municipio recoge los residuos de los ciudadanos pero no los envases
comerciales utilizados por las industrias. Si la industria considera que el
cliente se sentirá mejor atendido por el hecho de presentar sus productos bajo
este envoltorio, está en su derecho, pero eso tiene un costo que tiene que
internalizar en el precio del producto.[41]
En nuestros
países, el reciclaje se produce en gran parte merced a la presencia de
“cartoneros”, recogedores informales de basura que, sin protección ni medidas
de seguridad e higiene, hacen un enorme trabajo que beneficia al ambiente a un
costo nulo para la sociedad. Papel, cartón, hierro, cobre y aluminio son los
principales materiales que vuelven al ciclo de la producción a través de ellos,
evitando su extracción de la naturaleza. (extracción y purificación que en
algunos casos, como por ejemplo el aluminio, tiene un altísimo costo
energético) En algunas ciudades se han intentado experiencias de autorganización
de los cartoneros en cooperativas, que brindan un grado mayor de protección al
durísimo trabajo que realizan, además de permitirles adquirir cierta escala de
acumulación de los elementos que recogen que les facilita la negociación con
los intermediarios y obtener mejores precios.
Con respecto
al segundo modo de entender el problema del reciclaje, la transformación en la
ciudad de vastas zonas urbanas, las experiencias recientes son abundantes.
Durante décadas, los espacios centrales de muchas grandes ciudades, tanto de
países centrales como periféricos[42],
habían decaído, y se había producido un proceso de degradación urbana,
(tugurización) con cambio de población de clase alta o media por población de
bajos recursos y deterioro de la infraestructura.[43]
En los ´80 del siglo XX para los países centrales y en lo ´90 para los
periféricos, ese proceso se invierte merced a la acción conjunta del Estado y
corporaciones inmobiliarias, generando un proceso que se dio en llamar gentrificación. El problema aquí es como
lograr que ese proceso termine siendo socializado para todos, y no aprovechado
por una sola clase social, como sucede en Puerto Madero, Buenos Aires.
4. Gran escala: el paisaje reverdece.
La disciplina
paisajística había sido generalmente relegada por el Movimiento Moderno, en la
primera mitad del siglo XX. Hubo intentos interesantes de reconciliar los
avances maquinistas con la escala territorial, como la idea de parkway que
desarrolla Olmstead en EEUU a fines del siglo XIX, las intervenciones
escultoricas de la TWA en los ´30, pero
esa vertiente estuvo incubando sus resultados bastante tiempo, hasta fines del
siglo XX, momento en el cual se suceden diversas propuestas paisajísticas que,
sin ser retrógradas o nostálgicas, procuran construir un paisaje híbrido
naturaleza/artificio. Es que el Movimiento Moderno había considerado el espacio
libre y natural como un todo continuo e indefinido, ajeno a la forma de la
ciudad. La ciudad no se integraba a la naturaleza, se posaba sobre ella.[44] Sin embargo, ante las distintas crisis ya
mencionadas, empieza a evidenciarse la necesidad de tratar a la escala
paisajística con otras técnicas y sobre todo, con otra mirada. Recorreremos
ahora esas nuevas respuestas, bajo las mismas categorías con las cuales barrimos
las anteriores escalas de diseño.
4.1. Imitación
de los mecanismos de la naturaleza:
Uno de los
problemas de la sociedad actual es la tremenda distancia entre la producción de
los objetos y sobre todo de los productos "naturales" (los alimentos
que se compran en el supermercado) y su consumo. El tetrabrick de leche en el
supermercado tiene tal distancia con la vaca que es imposible reconstituir el
proceso que lo llevó allí, y esa es una tendencia que se está intentando
revertir desde el pensamiento ambiental. En el ámbito paisajístico, esto
implica recoger de la tradición hortícola conceptos como ciclo estacional,
intercambiabilidad de cultivos, combinaciones de especies. Es el caso
del edificio central de la empresa General Mills, en Minneapolis, con diseño de
Michael Van Valkenburgh. Es una típica construcción suburbana norteamericana,
de perímetro libre, alrededor de la cual se plantaron arbustos y flores
silvestres de la zona, que no se podan ni cortan con medios mecánicos, sino que
se deja que lleguen a su tamaño natural, hasta que una vez al año, al final del
invierno, siguiendo las tradiciones agrícolas de la región, se queman las
hierbas que volverán a crecer el año entrante, demostrando de esta manera el
ciclo natural.
A veces la
imitación de lo natural pasa por reconstruir los efectos, no las causas. Así,
en alguna de las obras del paisajista japonés Susumo Shingu, se busca recrear
sensaciones que brinda la naturaleza, a través de un paisaje artificial: por
ejemplo, en el parque llamado "Reflejo de agua" (1988) siguiendo una disposición geométrica y
gracias a un sencillo mecanismo, el autor reconstruye el sonido y el leve
movimiento de los juncos.
Otra de las
variantes en lo que hace al paisaje es el creciente peso que poseen las
infraestructuras industriales en los aspectos visuales del entorno. Por
ejemplo, para intentar atenuar ese impacto a través del diseño, EDF, la
compañía de electricidad francesa, organizó en 1994 un concurso internacional
para redefinir la estética de las torres de alta tensión (400.000 voltios) El
resultado reveló tanto una cierta tendencia a la biónica (torres como árboles)
como distintas influencias de las vanguardias artísticas actuales.
Cuando el
hombre interviene sobre el espacio natural, sin la idea de antropizarlo
totalmente o al menos con la idea de disminuir su impacto, las herramientas
tradicionales de gestión y construcción de la arquitectura occidental no son
suficientes. Como dice un autor español, "El
principal problema es la aparente incompatibilidad entre los instrumentos de la
arquitectura (el peso y la estabilidad física y temporal) y los de la
arquitectura del paisaje (el continuo cambio, el fluir e interrelacionarse de
los elementos que la configuran) La primera supone dominio del espacio; la segunda,
necesita tiempo."[45]
Sin embargo,
es posible a veces congeniar no sólo los aspectos visibilistas de la
naturaleza, sino también sus mecanismos: es el caso del uso de pantanos y
humedales para purificar el agua e la ciudad, efectuado en varias ciudades de
Estados Unidos y Europa. Si bien a veces se objeta la posible presencia de
metales pesados en este proceso, se han realizado estudios que revelan las
elevadas capacidades microbiológicas y químicas del suelo para filtrar los
nutrientes que serán reutilizados por las plantas, mientras devuelven agua pura
al acuífero.[46]
Hay casos
interesantes en los cuales el ciclo natural (o tal vez mejor, el cruce de la
naturaleza con la sociedad a lo largo del tiempo) se advierte, aunque ése no
haya sido la idea original. La sucesión ecológica -el proceso por el cual las
especies van variando su dominancia sobre un territorio, hasta llegar al
"climax"- se da muchas veces
en el terreno de la intersección entre sociedad humana y naturaleza. Así como
una pradera puede virar a bosque con el transcurso del tiempo, a medida que el
ecosistema "envejece", un territorio ocupado desde hace milenios por
humanos puede ser reconquistado por la naturaleza, a veces sola, a veces con
ayuda humana. Es el caso de toda la cuenca del Ruhr, en Alemania, que merced al
proceso de desindustrialización efectuado desde la década del ´80 inició una
transformación paisajística. El proyecto se llamó IBA Emscher Park y consistió
en una serie de emprendimientos a lo largo de toda la cuenca del río, a veces
reciclando edificios industriales, a veces curando las heridas del paisaje,
rehaciendo la comarca destruida por excavaciones y antiguas escombreras, pero
siempre sin ocultar su anterior uso fabril.[47]
Otro caso en
el cual se procura volver a un estado natural sin perder la historia es el del
Parque de la Memoria, en Kalkriese, Alemania, obra de los arquitectos Gijon y
Guyer[48], donde se efectúo en el año 30 antes de Cristo
una feroz batalla entre romanos y bárbaros, de la cual, obviamente, no quedan
huellas actuales, pero el proyecto paisajístico contempla recuperar de la
naturaleza esos ecos de memoria a través de tres pabellones y una serie de
recorridos reales pero con contenido metafórico.
4.2. Ciclo de
vida del producto:
Entender el
ciclo del producto implica, en el campo del paisaje, entender de donde viene lo que estamos
viendo. La historia ambiental de ese lugar. En algunos casos, las heridas
causadas por la historia productiva del lugar adquieren características
desmesuradas, como suele pasar en las canteras a cielo abierto, abandonadas, en
donde la transformación de una antigua mina en un paseo turístico puede ser una
tarea paisajística. El caso paradigmático al respecto es la restauración del
Volcán Croscat, cerca de Olot, Gerona, España, realizada por Filgueras y Font
en 1994[49].
Se partió de un estado inicial casi apocalíptico, con maquinaria abandonada y
un corte brutal de 180 metros de profundidad y 30 de ancho, con paredes de 80 º
de inclinación. Faltaba un volumen de piedra imposible de rellenar, ya que hace
siglos que esta cantera era explotada. Sin embargo, una inteligente
transformación, denominada "autosuficiente" por los autores, ya que
no requirió el aporte de tierras extras, hizo de esta grieta un parque
turístico que no olvida ni oculta su pasado, sino que por el contrario lo
transforma en una experiencia pedagógica. Se recuperaron además especies de
vegetación originales y se incluyeron elementos artificiales (como muros
contenedores y un patio de esculturas) que complementan el trabajo, en una
intersección construcción humana/construcción natural que enriquece la
percepción de ambas.
Algo similar
ocurre en otras experiencias, en las cuales la consideración del pasado del
paisaje sirve como eje temático para su reconstrucción. Un caso es la
recuperación de las antiguas trazas de huertas de ribera en Issoudum, en la región francesa de Indre, realizada por
Desvigne y Dalnoky o en el Parque Sausset, cerca de París, realizada por Michel Corajoud,
1981-1993. En este caso se trata de un
parque forestal con distintas escenas paisajísticas: bosque, parque urbano,
pradera. El diseño está basado en contrastes entre los bordes y el claro del
bosque, y plantea una reflexión sobre la naturaleza de los grandes espacios
verdes y la necesidad de conservar su identidad agrícola, forestal y natural.
No son parques naturales, ni son escenas bucólicas: son en ambos casos
reconstrucciones artificiales, modernas, muchas veces casi abstractas de los
procesos históricos-sociales-naturales que llevaron a que ese lugar sea así y
no de otra manera.
La otra
manera de entender el ciclo de vida del producto en la escala del paisaje tiene
que ver, como en las escalas anteriores, con el gasto energético total que
requiere en su vida útil, no solamente para su construcción. Los gastos de
ejecución + mantenimiento constante. En ese aspecto, un parque urbano
tradicional, el típico espacio de césped cortado de la tradición norteamericana,
requiere un enorme gasto energético que se traduce rápidamente en la ecuación
económica: según el Instituto del Césped de Tennessee, en EEUU se gastan 30.000
millones de dólares al año en este proceso. Esos costos pueden incidir
fuertemente en ciertos presupuestos, sobre todo si el responsable es el Estado,
generalmente el Estado Municipal[50]
En algunos lados se está trabajando con una solución natural al problema:
ovejas cortadoras de césped. Una compañía petrolera en Toronto calculó que 10
ovejas mantienen el pasto de su terreno, en terraplenes de 1,6 has de terraplenes con alta pendiente
que rodean los tanques de combustible, a mucho menor precio que lo que gastaban
en cortar el césped. Compran las ovejas en
primavera y las vuelven a vender en el otoño[51]
Por último,
hay un tema con respecto a la relación entre diseño del paisaje y ambiente que
consiste en el estudio de los distintos modos de percepción: desde la velocidad
del auto, la contemplación desde el aire, etc
4.3. Uso de
recursos naturales renovables.
El paisaje
puede ser una fuente de gastos, un terreno en el cual se debe invertir mucho
dinero (generalmente dinero estatal) o tener en cuenta el comportamiento
natural del territorio y de los esquemas productivos tradicionales. Tal es el
caso del Parque ecológico de Xochimilco en
México, que rescata el tradicional sistema de cultivo
en chinampas, pero convirtiéndolo a su vez en un parque recreativo.
La
naturaleza, a su vez, tiene sus tiempos de regeneración de los impactos que le
causa el hombre. Así, hay numerosos casos en los cuales el paisaje se
construye, o reconstruye, merced a un nuevo aporte de los ciclos naturales. La
reconquista “natural” de terrenos que ya habían sido antropizados, se suele dar
también en territorios industriales cambiados de función o en vacíos urbanos,
lo que los franceses llaman “terrain vagues”. Es el caso de la Reserva Natural
del Puerto de Mar del Plata, un humedal costero que se formó naturalmente entre
el Puerto, el mar, el complejo turístico Punta Mogotes y la ciudad. Aunque a
posteriori el valioso esfuerzo de un grupo de militantes ecologistas primero,
que luego se organizaron como una ONG, fue el que salvó a la Reserva de ser
avasallada, la recolonización original de especies se hizo naturalmente, con el
paso del tiempo, y a pesar de ser una zona de contaminaciones frecuentes y
cruces múltiples de flujos de personas, energía y materia.[52] También es el
caso de la Reserva Costanera Sur de la ciudad de Buenos Aires, emplazada a
minutos de los terrenos más caros de la Capital.
Esa fuerza de
la naturaleza, evidente en los dos casos mencionados, también está presente en
muchos episodios cotidianos de la vida urbana. Año a año, todos los otoños
miles de árboles son podados. ¿Podría esa madera pasar de ser basura a recurso?
El paisaje y la vida silvestre dentro de la ciudad también son recursos
naturales renovables que podrían ser aprovechados, y que son mucho más
numerosos de lo que generalmente se cree.
A nivel de
diseño paisajístico, entonces, aparecen al menos tres formas de aprovechar los
recursos naturales renovables:
Diseñar
paisajes “sustentables” con poca intervención humana (que no gasten demasiado
combustible en cortar pastos, por ejemplo)
Tener en
cuenta las posibilidades productivas de paisajes naturales (como lo hacen las
recomendaciones del programa MaB de la UNESCO con respecto a las reservas de
Biosfera)
Considerar
los “servicios ambientales” que presta cada paisaje a la región circundante
(por ejemplo, si son zona de recarga de acuíferos)
4.4. Uso de
materiales reciclables.
La naturaleza
es, en sí, una gran fuerza recicladora, por lo cual construir un paisaje con
materiales reciclables es casi una redundancia. Sin embargo, hay dos extremos
de la cuestión que pueden resultar interesantes. Por un lado, la transformación
de espacios degradados en espacios valorizados, desde al Támesis al Riachuelo,
es otra vertiente del “reciclado” a nivel del paisaje, como es el caso de
basureros transformados en parques. Por el otro, intentar mantener la
biodiversidad como una forma de considerar al paisaje “reciclado”.
En la primera de las
acepciones, relataremos dos experiencias. La primera de ellas trabaja sobre la
oportunidad de aludir no solo a la naturaleza y su transformación, sino a los
procesos urbanos que se han sucedido en la historia de la ciudad, como es el
caso de basureros, sitios finales de disposición de residuos, transformados en parques. Lo mismo que lo
dicho sobre el tetrabrick de leche en la góndola del supermercado, pero al
revés: es necesario reconstruir la distancia que hay entre la bolsita de
residuos que dejamos despreocupadamente en la puerta y el sitio final donde
nuestra basura impacta en la naturaleza. Y si es posible, remediarlo.
Un ejemplo extranjero: sobre un antiguo vertedero en
San Francisco se intenta reconstruir el delicado ecosistema litoral y crear una
zona recreativa. Como los árboles no crecerían, se plantan postes que se
adaptan y acentúan a la topografía del terreno. La superficie se plantó con una
hierba autóctona que cuando hay sequía es amarilla, y es una espesa alfombra
verde en primavera. Unos montículos de tierra aluden a su anterior función, ya
que no se desea ocultar que allí hubo un basurero, sino hacerlo usable y parte
de la trayectoria vital de la urbe. El otro
ejemplo es local: uno de los antiguos basureros de la ciudad de Mar del Plata
fue transformado en la década del ´80 en un
parque recreativo, con piletas de natación, zona para picnics, etc.
Desgraciadamente, una incorrecta realización técnica
del proceso de ventilación para los gases producidos por la descomposición de
la basura, sumado a problemas empresariales, determinaron su cierre, pero la
idea sigue vigente: es posible y necesario recuperar para la gente los espacios
degradados por la misma actividad humana, sin ocultar su anterior uso, ya que
es parte de su historia y del propio mecanismo de funcionamiento de las
sociedades urbanas.
Una última
forma de “reciclar” el paisaje es a través de las influencias mutuas del arte
sobre el paisaje, ya que algunas vanguardias artísticas del siglo XX han
trabajado sobre esta escala: tal es el caso del arte povera o del land art.
Epílogo:
El resumen de
esta breve recorrida por cuatro escalas de actuación del diseño da un resultado
desparejo. Por un lado, no parece emerger de los ejemplos encontrados el
surgimiento de un nuevo paradigma de relación sociedad humana/naturaleza, como
pretenden los impulsores de la ecología
profunda[53].
Ni siquiera una metodología general que, a la manera del marxismo o el
estructuralismo, permita analizar todos los problemas en sus variables escalas
de manera científicamente coherente. Se siente la tentación de pensar que falta
aún el personaje que cumpla el rol que cubrió Freud en el psicoanálisis, de
Saussure en la lingüística o Darwin en la biología. Los intentos más integrales
pasan posiblemente por las Evaluaciones de Impacto Ambiental, y su
internalización en el proceso de diseño, o a un nivel artístico, por las
instalaciones y proyectos (por ejemplo, el llamado "Land Art") que
reivindican la relación hombre/paisaje como una dupla inseparable.[54]
De todos modos, tampoco se está en el nivel de ignorancia
de la cuestión ambiental que existía hace 20 años. Sea por la presión del
público (que deberíamos calificar en esta instancia más como consumidor que
como ciudadano), por la progresiva existencia de leyes o (en escaso grado) por
un convencimiento real de la finitud de los recursos naturales, la cuestión
ambiental ha pasado de ser un tema de científicos expertos o hippies de diverso
cuño, a ocupar un lugar efectivo en el esquema de toma de decisiones de las grandes empresas y estados, y a través
de ellos, en las demandas a los diseñadores, arquitectos, urbanistas y
paisajistas de todo el mundo. Incluso transversalmente a las clases sociales o
a la diferencia entre países ricos y pobres, la preocupación por evitar la
contaminación del planeta o el agotamiento de los recursos del globo se
presenta, en diversos grados, en las pautas de diseño. Como diría Gropius y
volviendo al principio de este trabajo, desde una cuchara reusable a un paisaje
sustentable.
Lamentablemente,
mientras la distribución de la riqueza en el globo terráqueo siga siendo tan
injusta, será imposible evitar la catástrofe ambiental. Tanto por la
desertificación de la extrema pobreza o por el ahogamiento de basura de la
extrema riqueza, no hay posibilidad desde el campo solamente de lo proyectual
de salvar esta situación, sin caer en el idealismo que planteaba Le Corbusier
cuando en 1923 planteaba "arquitectura o revolución". Lo que no quita que desde nuestro lugar de
trabajo, el área de diseño, debamos prepararnos técnicamente para un futuro en
el cual, como decía Morris hace dos siglos, se pueda "devolver la dignidad al fabricante, la integridad al producto,
el buen gusto a los consumidores y la
cooperación artística al proceso de
diseño"
BIBLIOGRAFÍA:
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Revistas citadas:
"DOMUS", número 818,
dedicado a la naturaleza y el diseño
"EXPERIMENTA", número 31
dedicado a la naturaleza
"MEDIO AMBIENTE Y
EMPRESA", años 1998/2002
[1] Se cuenta que
Henry Ford decía, dirigiéndose al cliente: "puede elegir cualquier color,
siempre que sea negro"
[2] Es
paradigmático en este sentido la destrucción de la industria hilandera hindú
por Inglaterra durante el siglo XIX, véase al respecto Hobsbawn, Eric:
"La era de la revolución
1789/1848", ed. Crítica, Barcelona, 1998
[3] Que debería
llamarse con mayor propiedad "globalización neoliberal" o
"globalización de los capitales"
[4] Véase al
respecto el diseño de los llamados "tigres asiáticos", estrellas del
neoliberalismo en los años ´80
[5] Bonsiepe, Gui: “El diseño de la
periferia”, México, GG ,1985.
[6] Extrañamente,
la dictadura militar argentina del 76 al 83 tuvo algunos gestos tendientes a lo
ambiental, algunos serios, otros ridículos. Entre los primeros se encuentran
distintos intentos de planificación territorial o la creación del Cinturón
Ecológico. Entre los segundos cabe destacarse un enorme cartel anular luminoso
que era ensartado por el Obelisco, en Buenos Aires y rezaba la frase "El
silencio es salud", con macabras connotaciones en el marco de la represión
existente
[7] Los libros de
tecnologías alternativas estuvieron muy de moda en la década del ´70, y algunos
todavía se consiguen. El más famoso fue "Lo
pequeño es hermoso" de Schumaker, al que continuaron una seguidilla de
otros libros, como "Tecnología Alternativa", de David Dickson o "
Energía y Equidad" de Iván Illich.
[8] Esta búsqueda
de un "ecodiseño" genera múltiples preguntas, entre ellas ¿Qué
relación existe entre tecnologías apropiadas y ecotecnologías? ¿Hay un hilo
conductor entre las búsquedas de independencia tecnológica de los 70 en los
países del Tercer Mundo y el ecodiseño de los 90? ¿Qué relación existe entre
procesos industriales, diseño industrial y medio ambiente? ¿Porqué desaparece
la contradicción "lo propio y lo ajeno" en los 90? ¿Existe una
relación entre biónica y diseño apropiado?.¿Hay una singularidad en (o una
posibilidad de) un diseño industrial latinoamericano? ¿Qué relación se puede
encontrar entre arte y diseño industrial latinoamericano? ¿Porqué los
diseñadores, críticos y teóricos inmigrantes plantearon más claramente una
opción tercermundista del Diseño Industrial? (de Lina Bo Bardi a Gui Bonsieppe)
¿Se puede rastrear una singularidad latinoamericana en los objetos, así como
hay una singularidad espacial, como por ejemplo el tamaño de las plazas
americanas?
[9] No entraremos
aquí en la discusión desde el punto de vista de la economía de si se pueden
realmente internalizar los costos del medio ambiente, ya que hay aún una ardua
discusión al respecto. ¿Ponerle precio a la naturaleza no es ceder al sistema
mercantilista la valuación de cosas que no deberían tener precio? Aún en ese
esquema: ¿cómo se puede saber el precio que le pondrían las generaciones
futuras a un recurso? Véase al respecto los escritos de Sejenovich, Héctor: "Manual de cuentas patrimoniales"
PNUMA/Fundación Bariloche, México, 1996 y "Economía
y Medio Ambiente", Ediciones GADU, Mar del Plata, 2002 y Martinez Aller, Joan "De la economía
ecológica al ecologismo popular" Icaria, Barcelona, 1994.
[10] Alguna muy
estrictas, como la japonesa, obliga a los fabricantes de electrodomésticos a
hacerse cargo del producto una vez finalizada su vida útil, con lo cual se ve
obligado, para abaratar costos, a aumentar su duración o a garantizar
materiales fácilmente reciclables
[11] Según datos
de A. Makhijani et al, 1988, citados por Maldonado en “Hacia una racionalidad ecológica”, pág 61
[12] Un bosque de
quebracho tarda 30 años en crecer. En los bosques de eucalipto, se puede hacer
un primer corte alrededor de los 7 años, y luego “cosechas” cada x años. Hay
variedades de pinos que crecen más rápido aún.
Existe un árbol, que en el norte argentino llaman “pino de los
políticos” que en 4 años ya tiene una altura visible, como para que el
gobernante muestre que algo hizo. Uno de los pocos casos de coincidencia entre
los tiempos de la política y los de la naturaleza.
[13] Enrique Martínez,
un Profesor de Diseño Industrial en Rhode Island School of Design, ha desarrollado
como trabajo de curso de sus alumnos la tecnología del bambú en sus diversas
formas. Trabajó con tres tipos de bambu (Moso, Tonkin y Guadua, pero hay más de
4000 variedades de esta planta. Fuente: Revista Experimenta Nº34, Barcelona,
2000.
[14] El Design
Council, de Inglaterra, instituyó un premio que tiene tres categorías:
Regeneración, Consumo y Comunicación, lo que demuestra la importancia de la
idea de regenerar o reciclar agregándole valor de diseño. Fuente: revista
Experimenta Nº 34, Barcelona, 2000. También hay información en
www.designcouncil|.org.uk
[15] Desarrollos
precursores como el "brise-soleil" (parasol) de Le Corbusier, que
aparece por primera vez para sus edificios en Río de Janeiro y Argel (1933),
son tomados como un mero modismo formal, sin las consideraciones climáticas que
había hecho el maestro.
[16] Es curioso
que el norteamericano Buckminster Fuller, diseñador de la Dimaxion House en los
´30, se haya convertido luego, en los ´70, en uno de los precursores de las
tecnologías apropiadas
[17] El tema de
las radiaciones no ionizantes (desde las antenas de teléfonos celulares a las
torres de alta tensión) todavía se encuentra en estado de debate. De todos
modos, y por el principio de precaución, deberían tomarse medidas preventivas
en tanto avancen las investigaciones. En teoría de las decisiones hay todo un
campo de debate sobre la necesidad de intervenir preventivamente, véase
Maldonado, op. cit pág 58.
[18] "¿Y si
pudiéramos con un gesto, repudiar la ventana pero dando al mismo tiempo iluminación
a los pisos?" Dice Le Corbusier en 1928. Un buen estudio de estos
experimentos de Le Corbusier puede encontrarse en el artículo "De la ventana corrida al brise-soleil.
Los límites de una idea", de Juan Herreros e Iñaki abalos, en A y V nº
10, 1987.
[19] ¿Puede
considerarse “ecológica” una torre de oficinas que es actualmente la más alta de Europa? El estigma de la Torre
de Babel flota sobre estos emprendimientos.
[20] Aunque
construir este aeropuerto sobre una enorme isla artificial parece un
despropósito, desde el lado del
ambiente, homologable a la célebre aunque posiblemente desconocida por Piano
Ciudad Deportiva de Boca Juniors, en Buenos Aires
[21] El más
conocido libro de Acosta, un emigrado centroeuropeo, se llama justamente "Vivienda y clima" y ya en la
década del ´30 plantea interesantes aportes a la cuestión bioclimática. También
pueden citarse en ese campo las experiencias construidas y los proyectos de
Soto y Rivarola, de los años ´50.
[22] Aunque las
reservas de bauxita, el mineral del cual se extrae el aluminio, son hoy día
cuantiosas y no parece cercano su fin.
[23] B. Comomer,
B., "The closing circle, confronting the environemental crisis",
Londres, 1971.citado por D. Dickson en "Tecnología Alternativa", pág
5.
[24] En la fábrica
Corcemar, Córdoba, Argentina, se está experimentando usar como combustible
desechos industriales. Algo parecido se
está haciendo en la nueva planta L´Amali, de Loma Negra, en Olavarría
[25] El municipio
pionero al respecto fue Mar del Plata, con una Ordenanza en el año 1998, al que
siguió La Plata y luego se estableció una ley provincial que regula esta
actividad.
[26] En la
localidad de Catriel, Río Negro, se pondrá en marcha una planta para fabricar
estos ladrillos. La firma responsables es Servic, y el predio pertenece a la
empresa Repsol YPF. Aunque ya cuenta con autorización del Consejo de Ecología y
Medio Ambiente de la Provincia, aún no se utilizarán estos ladrillos para
vivienda. Fuente: Diario La Nación, agosto 2002
[27]Fuente:
Alvarez Ureña, Mario: "Plantemos bambú guadua para cosechar casas",
artículo en www. arquitectura.com, diciembre 2001
[28] Fuente: Catherine Slessor, "Eco-Tech: Arquitectura High Tech y sostenibilidad", GG
ed. Barcelona, 1997
[29] Fuente:
suplemento de Arquitectura Diario La Nación, 17 de julio 2002.
[30] Algunos
autores (E. Leff, entre ellos) hablan incluso de una “desmaterialización” de la producción, concepto que suena
exagerado. Creemos que lo que hay es un traslado de las industrias sucias del
Primer Mundo a los países pobres, con el efecto aparente de que allá, la
producción se desmaterializa.
[31] Fuente:
Arquitectura Viva N 79/80/, julio/octubre 2001, pág 7
[32] Fuente: Catherine
Slessor, op cit.
[33] En este tema,
es difícil ser justo, ya que hasta 1989 el material que se podía consultar era
más bien propagandístico, a favor o en
contra. Ver Miljutin, "El problema
de la construcción de la ciudad soviética" capítulo del libro "Orígenes y desarrollo de la ciudad
moderna" compilado por M. Tafuri, G. Gili ed, y también Goldzamt, Edmund: "El urbanismo en la Europa
socialista" G.Gili ed, Barcelona, 1980.
[34] Ver la
descripción de este caso en Hough, Michael
"Naturaleza y Ciudad. Planificación urbana y proyectos ecológicos"
[35] En el debate
sobre diseño y naturaleza y mucho antes de que las preocupaciones ambientales
existieran en su actual dimensión, se escribieron varios libros interesantes.
El más conocido, y posiblemente el más completo
es el D´Arcy Thompson, "Sobre
el crecimiento y la forma", editado originalmente en 1917. También es
bueno, por el rastreo que realiza sobre distintas formas de utilizar la
analogía (la analogía funcionalista, la analogía estructural, la analogía
ecológica, etc) el libro "Arquitectura
y Naturaleza" de Philip Steadman, Ed. H. Blume, Barcelona, 1980.
[36] Hay casos
casi patéticos de la creación de "plazas instantáneas", como la
"plaza del milenio", en Mar del Plata, a fines de los ´90, con el
oneroso traslado de palmeras centenarias de 30 m. de altura para crear una
plaza de la nada. Muchas de esas plantas murieron en el intento.
[37] L.
Munford, La cultura de las ciudades, Emecé, Buenos Aires,
[38] Ver Tonucci,
Francesco, “ La ciudad de los niños” ,
“Cuando los niños dicen basta” y otros escritos
[39] Morello, J.: “Manejo de agrosistemas periurbanos”,
módulo de la Maestría en Gestión Ambiental del Desarrollo Urbano, FAUD/UNMdP,
Mar del Plata, 2000
[40] Morello,
Buzai y otros: “Urbanización y consumo de
tierra fértil”, artículo en revista CienciaHoy N° 55, marzo 2000, pág 51
[41] Folch, M, en
revista a/mbiente ediciòn digital, agosto 2002.
[42] La CEPAL ha
trabajado recientemente en la regeneración de zonas centrales de ciudades
latinoamericas, puede consultarse al respecto Carrión, Fernando: "Lugares o flujos centrales: los
centros históricos urbanos", CEPAL, serie Medio Ambiente y Desarrollo,
diciembre de 2000, y Barba, Jaime y
Córdoba, Alma: "Gestión urbana: recuperación del Centro de San Salvador,
El Salvador, CEPAL, mayo 2001. Ambos textos también están disponibles en la
página de internet de CEPAL; www.eclac.org
[43] Es
interesante cuando, desde abajo y no desde el Estado, se produce el proceso
inverso, es decir el mejoramiento de la calidad urbana por la propia gente. Ver
la descripción de algunos de estos procesos en el célebre libro de Morris, D y
Hess, K. "El poder del vecindario. El nuevo localismo" Ed. G. Gili,
colección Tecnología y Sociedad, Barcelona, 1978
[44] El libro de
Nagel, Paulina y Pereira, Fernando;
"El paisaje natural. Bajo las calles de Buenos Aires" explora
desde este punto de vista lo que subyace debajo de la gran metrópolis. Algunos
estudios precursores en este sentido había realizado Nora Prudkin en la década
de los ´80, e inspirados en estos, hay
intentos de realizarlos para Mar del Plata por el autor de este artículo.
[45] Maldonado,
Luis: "España cultivada. Plazas y parques, de Barcelona a Cádiz",
artículo en Arquitectura Viva Nº 53, 1997.
[46] Hough,
Michael, op. cit. pág 71 y siguientes
[47] Algunos datos
más sobre IBA Emscher Park que dan cuenta de la magnitud del emprendimiento: se
invirtieron a la fecha cerca de 2000 millones de dólares, trabajan 17
municipios en forma mancomunada, se ha puesto como prioridad la purificación
ecológica del Río Emscher, son alrededor de 300 km2 de extensión total
parquizada. Fuente: revista Summa+ Nº 34, pág 97.
[48] Fuente:
revista A y V Nº 89, may/jun 2001
[49] Una completa
exposición de este trabajo puede encontrarse en revista a/mbiente número 68
[50] Aunque los
números están distorsionados por la realidad macroeconómica argentina, en Mar
del Plata se gastaban hasta diciembre de 2001 20.000 U$S mensuales solamente en
cortar el césped de los espacios públicos. Y a nivel nacional, la Secretaría de
Turismo de la Nación estuvo estudiando, durante los años 2000/2001, cómo
terciarizar, privatizar, concesionar o lograr de alguna manera más barata
cortar el pasto de las más de 300 has que posee el Complejo Turístico
Chapadmalal
[51] Esta como
otras interesantes experiencias de la relación entre urbanismo y naturaleza se
pueden encontrar en el libro de Hough, Michael: "Naturaleza y Ciudad.
Planificación urbana y procesos ecológicos", G.Gili ed, Barcelona, 1998.
[52] Más datos
sobre la Reserva Natural del Puerto en su página web, www.info@reserva.com.ar
[53] Arne Naes,
un noruego, es uno de los principales
filósofos de esta corriente, que pretende crear una visión holística, una
verdadera y real filosofía sistémica del medio ambiente. Hay poco en español de
este pensador, pero se pueden encontrar
buenos resúmenes y críticas a su pensamiento en Maldonado, Tomás, "Hacia
una racionalidad ecológica" y en Fernández, Roberto "La ciudad
verde", además de variados sitios de internet que hablan sobre la
"deep ecology".
[54] Para poner un
solo caso: Izaskun Chinchilla, una alumna de la facultad de Arquitectura
de Madrid, realizó como tesis la revitalización
del Parque el Retiro. Su propuesta considera el lugar como un valioso
patrimonio urbano natural y social, cuyo uso puede optimizarse mediante una
estrategia de repoblación con especies
no naturales: 70 piezas artificiales esparcidas por el parque
contribuyen a su regeneración medioambiental. Muchas acumulan energía; se
desmontan fácilmente y son reciclables; transmiten mensajes sobre el estado del
medio e inducen acciones beneficiosas: variación de la intensidad del viento,
del índice de humedad y de las variaciones lumínicas, fijación de la
contaminación y atenuación del ruido. A nivel artístico, su propuesta es
también una apología de lo efímero: puesto que la vida de cada “árbol” es de 24
años, la arquitectura deja de ser para siempre, en una reelaboración de la
proclama de los futuristas de las primeras décadas del siglo XX cuando
aseguraban que “cada artista debe ser enterrado con su obra".