sábado, 1 de septiembre de 2018

2012: No hay magia en el ambiente

Título: no hay magia en el ambiente
Autor: Guillermo Bengoa
Fecha: junio 2012
Evento: columna de opinión en diario La Nación, Buenos Aires, Argentina



El problema que están sufriendo millones de argentinos con la basura tiene muchos niveles de análisis. El más profundo (y posiblemente el que menos queremos ver) es que esta sociedad de consumo, plagada de envases descartables, objetos inútiles y búsqueda obsesiva de lo material no es sostenible por mucho tiempo. Sin llegar a las utopías, simplemente volver a un modo de vida más austero y más rico en otros aspectos sería un buen comienzo, aprovechando al máximo las posibilidades de la tecnología.
En un segundo nivel, un poco más arriba, se encuentra la ausencia de planificación en nuestro país, donde todo se improvisa, se redactan leyes que se sabe nadie cumplirá y se le hecha la culpa sistemáticamente al gobierno anterior, aunque sea del mismo partido en los últimos 25 años. Los problemas ambientales, por su propia esencia, tienen que ver con los tiempos de la naturaleza,  y requieren  pensar a largo plazo, trazar objetivos y metas que trasciendan las administraciones, planificar y buscar el consenso laborioso de todos los actores sociales. Esto incluye desde los cartoneros hasta las familias como unidades productoras de la mayoría de la basura urbana.
En un tercer nivel, la disputa política entre circunscripciones dificulta llegar a acuerdos que, fundamentados técnicamente por los valiosos y poco escuchados profesionales que hay en las administraciones nacionales,  provinciales  y municipales, encuentren la solución al problema de la basura.  Poner a los ciudadanos como rehenes de esa disputa electoral, o a los sectores más débiles, como las cooperativas de recolectores, como los malos de la película es un recurso bajo de la política local.
Y en el nivel más superficial, no sería raro que haya personas, funcionarios venales y empresas que busquen agudizar el conflicto para proponer una solución “mágica”, como ultramodernos y poco testeados  incineradores, que pueden funcionar en sociedades con adecuados mecanismos de control, pero no en Argentina donde nada, desde los ferrocarriles a las telecomunicaciones, tiene correcto seguimiento.  En los problemas ambientales  no existe la magia, las cosas se pagan tarde o temprano, y las soluciones milagrosas ocultan que los que pagarán, frecuentemente con su salud o con su vida, los costos de estas soluciones son los sectores menos protegidos de la sociedad, los que no tienen fácil acceso a los medios de comunicación, a la política, a la atención médica.
El problema no es sencillo, pero hay respuestas posibles en todos los niveles de profundidad señalados, probados en todo el mundo. Basta empezar.

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