sábado, 1 de septiembre de 2018

2009: Grandezas y limitaciones de las Evaluaciones de Impacto Ambiental


Título: Grandezas y limitaciones de las
Evaluaciones de Impacto Ambiental.
Autor: Guillermo Bengoa, 
Fecha: 2009

En los últimos tiempos, cada vez que aparece un proyecto de cualquier tipo, y que por sus características posiblemente sea conflictivo para el ambiente, los medios de comunicación, la opinión pública y la gente en general piden que se haga una Evaluación de Impacto Ambiental (que de aquí en adelante llamaremos por sus siglas habituales EIA).

Vemos así que se les solicita una EIA a distintas escalas de proyectos, desde hoteles a fábricas, desde represas a hipermercados, desde apertura de calles a escolleras. Este criterio ha sido reconocido por la legislación, y –a pesar de la carencia en Argentina de una ley nacional de EIA- numerosas leyes sectoriales nacionales y provinciales reconocen esa necesidad. Por poner un solo ejemplo,  la Ley General del Ambiente de la provincia de Buenos Aires, que en su artículo 5 inciso b dice Todo emprendimiento que implique acciones u obras que sean susceptibles de producir efectos negativos sobre el ambiente y/o sus elementos debe contar con una evaluación de impacto ambiental previa.”

La EIA, entonces, parece ser reconocida por la gente, por las autoridades y por los estamentos científicos como una herramienta útil y efectiva para mejorar la faz ambiental de los proyectos. Pero, será tan buena como parece? ¿Alcanzará para hacer nuestra vida un poco mejor? Intentaremos responder a esas preguntas en los próximos párrafos.

Qué es una Evaluación de Impacto Ambiental.

La EIA es un instrumento técnico, que posee además un procedimiento administrativo (es decir, es un instrumento público que debe ser presentado en la ventanilla correcta y aprobado por la autoridad competente).

La EIA, que nace a mediados del siglo XX a raíz de los enormes impactos causados por las enormes represas de posguerra –cuyo caso emblemático fue Asuan, en Egipto-  consiste simplemente en la cruza de la descripción de un proyecto específico con un lugar determinado. Del análisis de las consecuencias de un proyecto concreto implantado en un lugar determinado, se deducen los posibles impactos sobre los distintos factores del medio, tanto físicos (agua, aire, tierra); biológicos (flora, fauna, biodiversidad) y sociales (salud de la población, empleo, economía) El anteúltimo paso de una EIA es  proponer medidas de mitigación. Y el último, un plan de monitoreo y un manual de gestión, si fuera necesario.

En otra nota veremos la importancia de la participación social en cada una de estas etapas, pero por ahora podemos sintetizar una buena EIA en estos pasos: 1) descripción del proyecto (acciones que podrían causar impactos); 2) análisis del medio (factores físicos, biológicos, sociales); 3) construcción de una matriz que detecte los impactos 4) descripción detallada de los impactos y sus consecuentes medidas de mitigación y por último 5) plan de monitoreo y de gestión ambiental

Ventajas de una EIA.

Es cierto que las EIA han significado un enorme avance. Por un lado, como método científico para determinar impactos sobre el ambiente de los proyectos que hace el hombre, profesionales de distintas ramas han perfeccionado las metodologías de prospección y monitoreo de los miles de factores del medio que pueden ser alterados.

Por otro lado, y posiblemente más importante, se han legitimado como una herramienta indispensable, previa a la aprobación de cualquier proyecto. Hoy no hay ente financiero en el mundo que preste dinero a un emprendimiento sin una buena EIA realizada por profesionales idóneos, y prácticamente las legislaciones de todos los niveles contemplan la obligatoriedad de hacerla.

Sin embargo, no son la panacea a todos los males del ambiente. Hay una serie de limitaciones importantes, que será preciso ir superando si queremos construir un ambiente más sano y permanente y mejorar nuestra calidad de vida. Veámosla en el punto siguiente.

Limitaciones de una EIA.

Cada EIA es específica para un tiempo, lugar y proyecto, por lo tanto sus conclusiones difícilmente sean  extrapolables a otras situaciones, aunque éstas a veces nos parezcan similares.

A pesar de lo que frecuentemente plantean los medios de comunicación, una EIA en general no plantea la nulidad del proyecto, solamente identifica y valora los impactos positivos y negativos y las posibles medidas de mitigación. Esto significa que la decisión final de llevar a cabo un proyecto no depende de la EIA, sino de la ponderación de todos los factores políticos, económicos, sociales y ambientales por parte del poder político.

Una EIA no es “ecología profunda”, no va a cambiar conceptos profundos sobre la vida del hombre en el planeta, más bien, legitima el actual sistema de explotación de la Tierra, si bien atenúa algunas de sus consecuencias.

Una EIA, aun cuando incorpore en su desarrollo la participación social, no resuelve conflictos entre partes involucradas. Lo más que puede hacer en ese aspecto es transformarse en un insumo para que, mediante otros instrumentos (como las audiencias públicas) se alcancen consensos.

Una EIA no soluciona problemas de diseño del proyecto, a lo sumo, los detecta tempranamente.

Una EIA no resuelve problemas de calidad de la gestión urbana, solo puede contribuir a proponer medidas parciales y sectoriales de gestión ambiental para un proyecto específico.

Y las dos limitaciones a nuestro parecer más importantes: Una EIA no da soluciones globales, ya que se analiza siempre un proyecto y éste es, por definición, acotado. Los impactos de un proyecto pueden ser mínimos, pero: ¿que pasa cuando luego aparece otro proyecto con impactos mínimos, y al lado, otro proyecto también con impactos mínimos, y así sucesivamente, en una sumatoria de impactos mínimos, ninguno de los cuales es definitorio (a veces, ni siquiera es medible) pero cuya suma (muchas veces sinérgica)  destruye el ambiente?

Y la segunda limitación importante: ¿Qué pasa cuando la EIA propone una serie de medidas de mitigación o planes de monitoreo, a cumplir a lo largo del tiempo, y luego no hay un Estado (municipal, provincial o nacional) que verifique que esas medidas se cumplan?

Para ambos problemas estructurales, hay respuestas posibles, que describiremos en sucesivos artículos. Por ahora, sigamos exigiendo al menos que todo proyecto de regular envergadura tenga una exhaustiva EIA, que es el primer paso hacia un monitoreo permanente de las condiciones ambientales de nuestro entorno


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