sábado, 18 de diciembre de 2021

Cuento de Navidad: Asistente

 


- ¿Era necesario tanto despliegue? ¡Si tarde o temprano se iba a saber! ¡Lo que me costó conseguir un asno más o menos sano para que resople cerca del Niño, en esta época del año!

El arcángel resoplaba mientras seguía consultando la lista que le había pasado el Jefe. Tenía la túnica mugrienta y desarreglada, y la trompeta colgaba, abollada en varios lados, de su  costado.

-“Un pesebre suficientemente grande para que entren los invitados, pero no tan grande para que parezca opulento” – leyó en voz alta.

-“Tres reyes del extremos oriente, uno de cada color de tez, montados en camellos…”  ¿Dónde consigo ahora tres camellos? ¡Me van a cobrar una fortuna!

Miró el calendario luminoso que extrajo de sus ropas, una especie de pequeña bola de fuego que decía “menos 1 día, 14 horas y 30 minutos”

-¡Menos de dos  días para completar el set! Masculló el arcángel.

Si no fuera que le inspiraba mucha ternura la madre embarazada, hubiera lanzado una maldición, pero en el fondo la tarea de mensajero que además le habían encargado, le encantaba. ¡Y la mujer era tan bella!

-Por suerte, de torcer la estrella para que marque Belén durante estos días se encarga Él, dijo el Arcángel, mientras repasaba de nuevo el rollo de pergamino con los faltantes.

Un coro de pequeños y rosados angelitos cantores practicaba un aleluya en un rincón del establo, desafinando bastante aún.

– ¡Gracias a Él que van en segundo plano! Pensó. Porque el sonido no se podría arreglar luego, era en vivo, todo.

Con su vara hizo un gesto para medir el ángulo entre la cunita, aun vacía y la ventana. Daba perfecto para que el sol de la mañana iluminara la escena.  Estaba todo listo, entonces.

Cansado, el Arcángel se sentó en una piedra, cerca de una zarza. - Espero que no empiece a arder ahora, no es momento de nuevas instrucciones, pensó.

Miró hacia el cielo, recorrió con sus ojos en un paneo el escenario vacío y pensó de nuevo que no era necesario tanto despliegue, Él era exagerado, lo importante estaba hecho hace mucho. Esa extraña y precaria especie que había creado se estaba extendiendo por todo el planeta –que también había creado Él, ese sí que estaba bien, no como otros planetas desérticos o congelados- Y lo más importante, lo que mejor le había salido, era el corazón de esa especie, algo que ni el propio Arcángel entendía del todo. Desde aquel instante del big bang que no había visto algo tan prodigioso.

En fin, por algo será el despliegue, musitó por lo bajo, mientras desplegaba sus alas y levantaba vuelo. Una pluma plateada, brillante como el sol, quedó flotando en la seca mañana de Judea.

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